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Radcliffe anima al colegio cardenalicio a remar unido con el Papa León XIV

9 de enero de 2026

El cardenal dominico abrió el primer consistorio extraordinario del Pontífice con una meditación sobre la barca de Pedro, la paz entre los cardenales y las “tormentas” del mundo y de la Iglesia

Ocho meses después de su elección, el papa León XIV reunió al colegio cardenalicio en su primer consistorio extraordinario, un encuentro a puerta cerrada convocado para la reflexión y el discernimiento ante los desafíos de la Iglesia y del mundo.

En el arranque de las sesiones, el Pontífice —religioso agustino— confió la meditación inicial al dominico Fr. Timothy Radcliffe, recientemente incorporado al colegio cardenalicio y con una amplia trayectoria como predicador y acompañante espiritual.

Radcliffe situó su intervención en el pasaje de Marcos sobre Jesús caminando sobre las aguas, convirtiendo la barca de Pedro en imagen del ministerio del Papa y de la tarea de los cardenales: permanecer a su lado y no dejarle afrontar solo el viento contrario.

«No podemos quedarnos en la playa diciendo:
‘Hoy no me haría a la mar’ o ‘Preferiría otra barca’».

Desde esa clave, insistió en que la primera ayuda al Santo Padre pasa por cuidar la paz entre los miembros del colegio: si la barca se llena de discusiones estériles, advirtió, la Iglesia pierde capacidad de sostener al sucesor de Pedro en su servicio a la comunión.

El cardenal británico amplió después la mirada hacia el contexto internacional, marcado —dijo— por la violencia creciente, el aumento de la desigualdad y un orden global que “se está desmoronando”, al tiempo que reconoció la incertidumbre ante el impacto real de la Inteligencia Artificial.

Con igual franqueza, abordó las “tormentas” internas de la Iglesia: los abusos y la división ideológica. Y formuló una llamada a no esconderse “en la orilla”, sino a navegar en medio de esas dificultades con verdad y valentía.

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En el horizonte del consistorio, Radcliffe propuso un estilo de conversación eclesial donde tradición y novedad se abracen sin competencia: custodiar la memoria de la fe y, a la vez, mantenerse abiertos a la acción siempre nueva del Espíritu.

La meditación concluyó con una invitación a no endurecer el corazón y a confiar en que Dios multiplica lo poco que ofrecemos, especialmente cuando se comparte en comunión, escuchando y caminando juntos al servicio de la misión.