El dominico fray Hernán Benítez es ordenado diácono en Montevideo
El cardenal Daniel Fernando Sturla presidió la celebración en la parroquia de la Santísima Trinidad en un clima de alegría y acción de gracias
El sábado 11 de abril, dentro de la octava de Pascua y vísperas del Domingo de la Divina Misericordia, fue ordenado diácono fray Hernán Benítez en la parroquia de la Santísima Trinidad, por el cardenal Daniel Fernando Sturla, arzobispo de Montevideo (Uruguay).
En una ceremonia preparada con mucha ilusión por el grupo de jóvenes que acompaña fray Hernán, el equipo de liturgia y el coro de la parroquia, se vivió una verdadera fiesta de acción de gracias a Dios por el ministerio que asumía. Se sumó la presencia de muchos feligreses de ambas parroquias en las que estamos presentes los frailes en Montevideo y de la familia dominicana de Uruguay que con su cariño expresaron la alegría de compartir este momento importante de su vida.
Unos días antes fueron llegando al convento los frailes de Paraguay, el vicario, fray Leoncio Vallejo, fray Fernando Solá y fray Francisco Rodríguez Fassio. También sus padres y dos amigos con los que fray Hernan había compartido su pastoral en el Bañado Tacumbú de Asunción. Para la comunidad, recién inaugurado el convento, acoger a los hermanos y familiares significó un momento gozoso más allá de la misma celebración, la oportunidad de hacerles partícipes de cuanto fray Hernán vive y lleva a cabo con su entrega apostólica.

Con sencillez y en un tono muy cercano a la gente, en consonancia con lo que fue toda la ceremonia, el cardenal Daniel Sturla fue señalando en su homilía el significado de ordenarse diácono en la fiesta de la Divina Misericordia. Como a los discípulos, también a fray Hernán, Jesús resucitado le envía para anunciar la Palabra misericordiosa de Dios a toda la gente que necesita acoger en su vida el amor y el abrazo misericordioso de Dios que les perdona y restituye su dignidad. Igual que los primeros diáconos instituidos para la atención de las viudas necesitadas, le señalaba la importancia de entregarse a los más pobres, como una característica del ministerio que ahora asumía y que debía marcar toda su vida. A su vez, lo invitó a asumir el servicio al altar con la misma actitud con que Jesús lo hizo en la última cena, poniéndose a lavar los pies de los discípulos.
Por último, el cardenal Sturla invitó a todos los presentes a sumarse a la oración por la paz en Medio Oriente que el Papa León XIV pedía a toda la Iglesia, recordando muy en especial a la comunidad maronita del Líbano residente de Montevideo.
Al finalizar la ordenación, en un ambiente fraterno y alegre, se reunieron todos los que participaron en la celebración en uno de los salones parroquiales para festejar con el nuevo diacono su ministerio y entrega.
