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La Orden de Predicadores recibe un premio en Sanlúcar de Barrameda

10 de septiembre de 2016

La Orden de Predicadores recibe el premio “Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano a la cultura y a la historia 2016” que otorga el Círculo de Artesanos en colaboración del Ayuntamiento de Sanlúcar de Barrameda.

El premio se otorga en conmemoración de la llegada de la Nao Victoria capitaneada por Juan Sebastián Elcano a las playas de Sanlúcar de Barrameda hace 494 años con 18 marineros a bordo, tras haber completado la Primera Vuelta al Mundo, el día 6 de septiembre 1522.

En años anteriores han sido reconocidos con este premio los pueblos de Guetaria, Sabrosa y Sanlúcar, Filipinas y Chile, la Armada y el Instituto Social de la Marina, y el pueblo de China y la Asociación Española Americanistas, la fundación Casa Medina Sidonia, la República de Cano Verde y la ciudad de Sevilla. Este año, junto con la Orden de Predicadores, recibió también el premio el Archivo General de Indias.

A lo largo del día los representantes de las instituciones premiadas firmaron en el libro de Honor del Ayuntamiento y descubrieron un azulejo conmemorativo en la calle Isaac Peral. En la tarde, tras un desfile recreando la llegada de Juan Sebastián Elcano, depositaron una corona de laurel en recuerdo de los navegantes en el monumento conmemorativo situado en la calle Escuelas.

Fray Juan Carlos Cordero de la Hera, en representación del Prior Provincial, recogió el premio de manos de Enrique Román en un acto que tuvo lugar en el auditorio de La Merced. Fr. Juan Carlos agradeció el premio vinculando la Primera Vuelta al Mundo con los 800 años de fundación de la Orden de Predicadores. La labor evangelizadora de los dominicos en América de tantos hermanos comprometidos en la causa de la dignidad de la persona y los derechos de todos, procurando una mayor protección para los nativos y siempre pacífica, fue la aportación que ellos hicieron a los hombres de hoy. “Sanlúcar de Barrameda, esta bellísima y acogedora ciudad, como muy bien he experimentado hoy, por primera vez, es un lugar genuinamente dominicano con su monasterio de Madre de Dios y la Iglesia, casi catedral, de Santo Domingo de Guzmán, y el recuerdo de tantos hermanos y hermanas dominicos que antes, ayer y hoy mismo, construyeron puentes a otros mundos y que han aportado y aportan el aire fresco del evangelio permanentemente. Estar aquí, con todos ustedes, me hace especialmente feliz y verdaderamente agradecido. Muchas gracias.”

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