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Mons. Luis Ángel de las Heras: “Tenéis un quehacer esencial: la renovación jubilar de la vida fraterna”

26 de mayo de 2021

  El día 23 de mayo, coincidiendo con la Festividad de Pentecostés, la Familia Dominicana de León se reunía en la Basílica-Santuario de Ntra. Sra. del Camino, para celebrar el acto central de nuestro Jubileo dominicano, en el año en que se cumple el octavo centenario de la muerte de nuestro Padre Domingo: Una eucaristía concelebrada, que fue retransmitida en directo por vídeo por el canal  YouTube  de la Basílica.

  Estuvo presidida por el obispo titular de la diócesis, Mons. Luis Ángel de las Heras Berzal, quien asistía por vez primera, en visita oficial, a nuestro Santuario. Le acompañaban como concelebrantes el prior provincial, fray Jesús Antonio Díaz Sariego, Fr. José Luis Ruiz, su socio, y  el prior y rector del Santuario, fray Manuel Gutiérrez Bandera, junto con los frailes de la comunidad del Convento de La Virgen del Camino, a quienes se unieron varios hermanos de la enfermería de la Provincia. Y por idéntica y singular paradoja jubilar  del “dies natalis”,también estaban con nosotros, en la memoria del corazón, los siete hermanos nacidos de la COVID-19,como en hurto.

  Entre los fieles, se hallaban presentes miembros de las distintas ramas de la Familia Dominicana: Dominicas de la Anunciata, Dominicas del Rosario, Dominicas Misioneras de Sto. Domingo, así como representantes de la fraternidad laical y feligreses del lugar, beneficiarios de la actividad pastoral del Santuario y de la parroquia que regentamos.

  Confieso que resultó difícil dar cabida a tantos, a causa de la reducción del aforo, impuesto por las vigentes medidas sanitarias. Tal vez fuera esto lo único que pudo empañar tan solemne celebración jubilar. Tal vez -digo-, porque, en algún sentido, este hecho ayudó a contextualizar el evento, que unía de este modo, por analogía con lo que celebrábamos en el jubileo, los binomios contrapuestos de pandemia-muertey eucaristía-resurrección

  Antes de iniciar la ceremonia, el Rector de la Basílica saludaba a todos los asistentes y agradecía de modo especial al Sr. Obispo su presencia,  como también a nuestro P. Provincial y a su Socio. Y a todos, nos manifestaba su deseo “de que este jubileo fuese para la Familia Dominicana un nuevo Pentecostés, que nos impulsase a servir a la Iglesia con nuestro carisma fundacional,  expresado en  el `contemplar y dar lo contemplado a los demás’; y que los dones del Espíritu Santo, vividos desde el carisma dominicano, nos ayudasen a trabajar siempre unidos, con el único propósito de implantar el Reino de Dios en esta Iglesia local  de León, ya que -recordó- “los sueños se construyen juntos”.

  Por su parte, el Sr. Obispo agradecía la bienvenida de nuestro Superior y, a su vez, saludaba a todos los presentes e invocaba para ellos la protección de la Virgen, para que aconteciera sobre todos y cada uno una nueva venida del Espíritu.

  Después, en su homilía, insistiría en la idea de Pentecostés como “explosión del Espíritu Santo, que nos concede entender a todos el lenguaje del amor de Dios, lengua nativa común para todas las gentes, ya que toda la Humanidad es objeto del amor divino; y, también, acompañados siempre por la Virgen María, la Madre, quien nos invita a vivir la revolución de la ternura materna”.

  Y a modo de catequesis, siguió desgranando el significado teológico de la festividad, en la que “el Espíritu Santo es el protagonista de la unidad dentro de la diversidad, propiciando la tarea de “soñar juntos los sueños de Dios”. Hermosa metáfora para expresar, en el quehacer misionero de la Iglesia, la unión de voluntades con la voluntad de Dios.

  “Y cuando en toda la Iglesia -continuó diciendo- anhelamos que acaezca un nuevo Pentecostés, este año jubilar es motivo e impulso para vivirlo, vosotros hermanos y toda la Familia Dominicana, de un modo el más semejante a como aconteció el primero”.

  Y más adelante añadía: Vosotros, hermanos y hermanas de la Familia Dominicana, tenéis este año el horizonte de la gratitud y la renovación, por el don del Espíritu Santo que os llega hasta nuestros días a través de Domingo de Guzmán, y, entre otras cosas, tenéis un quehacer esencial: la renovación jubilar de la vida fraterna.

  Y en este punto recordaba las palabras de nuestro P. Provincial: “Construís la vida fraterna con vuestras propias manos, pisando la realidad –sea cual sea- en las relaciones horizontales, mirando siempre a lo alto. Tenéis la gracia de seguir sentándoos a la mesa con Sto. Domingo, que continúa multiplicando los panes de vuestras mayores necesidades, para el milagro de vuestra vida fraterna, anticipo de la fraternidad universal que llegará, sin duda, por obra del espíritu Santo con vuestra libre y activa colaboración. En este contexto histórico convulso, tenemos la misión de anunciar la esperanza fundada en Jesucristo. Y añadió: “También, en este lugar de Dios, tenemos el gozo y el aliento de la Virgen Madre, de  La Virgen del Camino que nos acompaña, que va con nosotros y nos ayuda a colaborar libremente con el Espíritu Santo”.

  Hermanos y hermanas, -terminaba diciendo- pidamos al Espíritu Santo que reavive su fuego en nosotros. Y hagamos hoy una oración, especialmente intensa, por toda la Familia Dominicana para que experimenten un nuevo Pentecostés, profundizando en la figura y santidad de nuestro padre Domingo de Guzmán, que será un bien para toda la Iglesia y para todo el Mundo. Que el  Espíritu Santo nos libre a todos de todas las parálisis, pero especialmente de las parálisis del egoísmo y del aislamiento; que nos ilumine para servir y hacer el bien con las palabras y los gestos del evangelio de Jesús.

  Y concluyó con la siguiente invocación: “Espíritu Santo, Paráclito, tú que eres armonía, haznos artífices de paz y de reconciliación. Tú que te entregas, concédenos salir de nosotros mismos, amar y construir una sola familia universal de hermanos y hermanas, una gran familia humana que sueñe unida los sueños de Dios”.

  Después, la liturgia sagrada continuó de la forma acostumbrada, solemnizada con los cantos dirigidos e interpretados por Fray Pedro Rey, religioso de nuestra Comunidad, acompañado al órgano por Dn. Pedro Andrés Antonio, organista habitual de nuestra Basílica, desde hace veintitrés años.

  Al concluir la eucaristía, y tras la solemne bendición, el Sr. Obispo, sorpresivamente, suplicó a la asamblea -como suele hacer con los jóvenes, según confesó, en los días de confirmación- diese un fuerte aplauso, no sólo al Espíritu Santo sino también a Sto. Domingo de Guzmán, que, en escultura exenta, ocupaba lugar preferente dentro del presbiterio.

 

  Y como colofón, cumpliendo con el fervor popular, se cantó el himno de Ntra. Sra. la Virgen del Camino.

  Permítasenos concluir esta crónica uniéndonos al deseo expresado por el papa Francisco: “Que la celebración del Año Jubilar derrame abundantes gracias sobre los Frailes Predicadores y toda la familia dominicana, y dé paso a una nueva primavera del Evangelio”.      (Carta del Papa Francisco en el Jubileo de Santo Domingo, 24 de mayo de 2021).

*** Post scriptum:EN LA MESA CON DOMINGO

Pues sí, así lo hago constar. Al día siguiente, 24 de mayo, fecha en que se celebra la translación de los restos de Nuestro Padre a la Iglesia de San Nicolás de Bolonia -según el propio de la Orden-, la Comunidad tuvo el honor de compartir el pan -bueno, y para ser del todo sinceros, alguna cosa más- nada menos que con dos obispos: el de nuestra Diócesis de León y el titular de la Diócesis de Astorga, Mons. Jesús Fernández González. Un grato momento para sentirlos tan cercanos como humanos, lejos de cualquier distancia que muy a pesar suyo, a veces, generan los protocolos oficiales. En fin, muy buena gente.

La Virgen del Camino, 23/24 de mayo del 2021