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El Papa rezará ante los tres grandes santos peruanos

  Los santos dominicos tendrán mucho protagonismo durante la visita papal. Sus reliquias, junto con las de Santo Toribio de Mogrovejo y San Francisco Solano, se llevarán a la Catedral y ante ellas el Santo Padre tendrá un momento de oración. Pero además el Papa ha pedido expresamente parar ante la iglesia de Santo Domingo de la capital donde los dominicos custodian las reliquias y las imágenes de los tres santos dominicos en el Altar de los Santos Peruanos.

‎  Las imágenes de Santa Rosa, San Martín de Porres y San Juan Macías esperarán al Santo Padre en el pórtico de la iglesia donde se parará la comitiva Pontificia y donde el Papa Francisco tendrá un momento de oración y probablemente una ofrenda floral.

  “Ustedes tienen tantos y grandes santos, y los santos trabajan por la unidad”, son palabras del Santo Padre dirigidas a los peruanos antes de su viaje. De ahí el interés por orar ante estos santos
cuyas vidas son testimonio de una fe que se transforma en compasión por las personas más necesitadas.

  Santa Rosa de Lima fue una laica dominica que vivió en el siglo XVII, conocida por su intensa vida de oración que la llevó a construirse una pequeña celda en el patio de su casa en la que pasaba largos tiempos de contemplación. Salía para acudir a la Eucaristía en el cercano templo dominico de Nuestra Señora del Rosario y atender las necesidades espirituales de los indígenas y los negros de la ciudad. Cuidaba también de los enfermos que se acercaban a su casa buscando ayuda y atención. Fue canonizada por Clemente X el 12 de abril de 1671 convirtiéndose en la primera santa de América, considerada desde entonces patrona de toda América Meridional y de Filipinas. Suele ser representada con el Niño Jesús en brazos y en Perú con un ancla, recordando su intervención ante la invasión de la ciudad por los holandeses.

  San Martín de Porres, el santo mulato, que fue hermano cooperador en el convento de Santo Domingo de Lima donde atenderá la portería. Solía repetir: “No hay gusto mayor que dar a los pobres”. Martín de la Caridad, como le llamó Juan XXIII, se dedicó a la caridad día y noche, curando enfermos, dando limosna a españoles, indios y negros, a todos quería, amaba y curaba con singular amor. Es patrono de la Justicia Social, patrón universal de La Paz, de los enfermos y los pobres (junto a San Vicente de Paúl y San Camilo de Lelis), de los barberos y los barrenderos, patrón de la intercesión de los animales y Patrón de Caritas (junto con la santa Teresa de Calcuta y el beato Óscar Romero). Es representado habitualmente con una escoba, símbolo de su humildad.

  San Juan Macías nació en Badajoz y se embarcó a América, entrando al convento de Santa María Magdalena cómo hermano cooperador. Fue portero del convento durante veinticinco años. Desde ese puesto ejercita una increíble obra de beneficencia material y espiritual con limosnas y con el rosario ofrecido por los pecados propios por los demás. Tuvo también mucho influjo en la ciudad con sus consejos. San Juan Macías murió en 1645 y su cuerpo se venera en la basílica del Rosario. Fue canonizado por Pablo VI el 28 de septiembre de 1975. Es representado con un cesto con panes recordando su caridad dando de comer a los pobres.