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"Benedicto XVI, amigo de la razón": mensaje del Prior Provincial de la Provincia de Hispania

31 de diciembre de 2022

Joseph Aloisius Ratzinger fue, ante todo, un pensador comprometido con el tiempo que le tocó vivir

  Hoy hemos conocido la noticia de la muerte de Benedicto XVI. Una de las personalidades más influyentes del siglo XX. Un pensador de nuestro tiempo. «Amigo de la razón», según Jürgen Habermas. Pudo debatir cara a cara, según Francisco Umbral, “con los iconos del ateísmo sin apearse de sus zapatos rojos”. Referente indiscutible no sólo para la Iglesia Católica, sino también para el mundo del pensamiento en general. Teólogo especialmente dotado e inteligente. Uno de los grandes por su capacidad espiritual y teológica, como bien nos recuerda uno de sus mejores discípulos y actual Arzobispo de Viena, el dominico Mons. Christoph Schönborn.

  Con tristeza y agradecimiento despedimos al joven profesor, pensador y teólogo; al incansable investigador y escritor; al Arzobispo de Múnich y Frisinga, nombrado unos meses más tarde Cardenal por Pablo VI; al Prefecto de la Congregación, hoy Dicasterio, para la Doctrina de la Fe; al anciano Papa -emérito- de la Iglesia Católica. Muchas serán las referencias que se publicarán estos días, con motivo de su fallecimiento, sobre su personalidad y aportación al pensamiento teológico. También sobre su quehacer como Prefecto de la Congregación y sobre su Pontificado desde el 19 de abril de 2005 hasta su renuncia el 11 de febrero de 2013. Su legado adquiere varias dimensiones y facetas. No deja indiferente a nadie. Ni a los católicos y miembros de la Iglesia, ni a los diversos grupos y sectores de la sociedad en general. Es una personalidad a considerar en nuestra historia más reciente.

  Joseph Aloisius Ratzinger fue, ante todo, un pensador comprometido con el tiempo que le tocó vivir. Su configuración de la existencia viene marcada desde la infancia por la experiencia de la fe vivida en su entorno familiar tradicional bávaro. Las celebraciones litúrgicas de la fe, gozosamente vividas en las parroquias que conoció de niño, le configuraron como persona y creyente de tal manera que se convirtieron en fuente permanente de su pensamiento y de su teología. Esta experiencia cristiana, que se va consolidando en el curso de su vida, es la base de su pensamiento teológico. El anclaje de la celebración litúrgica en el acto fundante de la fe hace que tenga un lugar en el conjunto de nuestra existencia. La fe se puede y se debe pensar para entenderla, explicarla y defenderla, pero sobre todo se ha de vivir y celebrar. De aquí podemos deducir fácilmente cuál ha de ser el papel del creyente, del teólogo y el suyo propio.

  Para Benedicto XVI creer es tomar postura ante los grandes interrogantes existenciales y sobre nuestro destino. Dos preguntas le acompañan en la evolución de su pensamiento teológico: ¿Por qué creemos? y ¿Cómo debemos encontrarnos con Dios? Ambas cuestiones ayudan al hombre, según su parecer, a comprenderse correctamente. Jesucristo, presente en la Escritura y en la Liturgia y en su relación con la Iglesia y con María, será el núcleo de su reflexión teológica. Cuatro palabras configuran el rostro de su teología: Amor, Verdad, Belleza y Esperanza. Entre los pilares teológicos y ontológicos de su pensamiento, se encuentra la persona y el significado que para ella tienen lo que los vocablos mencionados expresan. No debemos olvidar que la especulación teológica se alimenta de las fuentes bíblicas y patrísticas, pero sin olvidar la historia del pensamiento y de la cultura.

  Para el anuncio del mensaje cristiano, Ratzinger insiste tanto en la fe como en la razón y de la relación entre ambas se deduce su idea sobre la teología, la catequesis y la predicación. Finalmente, en lo que se refiere a la misión, resultan interesantes sus afirmaciones sobre el ministerio y la Eucaristía, con importantes consecuencias para la teología ecuménica, la creación, las religiones y la relación de la Iglesia con el mundo.    

benedict XVI luz y cruz

  Los Predicadores podemos aprender mucho de la reflexión teológica del Papa emérito. Sus reflexiones filosóficas y teológicas, escritas en miles de páginas, permanecerán en el tiempo. Más fiel a la tradición de san Agustín y de san Buenaventura apreció bien a santo Tomás. Su alta estima por el Doctor Angélico se basó especialmente en su modo dialogal de encarar la verdad y en su magistral armonización de la fe y de la razón. Agradeceremos siempre sus preciosas y clarividentes catequesis sobre santo Domingo de Guzmán; sobre san Alberto Magno; sobre santo Tomás de Aquino, en su triple vertiente: como filósofo, como teólogo y como educador; y, finalmente, sobre santa Catalina de Siena. Su claridad de lenguaje y la singular pedagogía con la que expone la aportación de estas grandes figuras de la Orden dominicana fomenta el conocimiento de nuestra tradición, promueve sus valores e ilumina nuestro presente para toda la Iglesia.

  Los principales temas de su reflexión filosófica y teológica siguen siendo la fuente fundamental de nuestra predicación. Así las denomina Giancarlo Castillo:

  • El amor a la verdad, presente en todas sus obras. Para Benedicto XVI la finalidad última del hombre es conocer a la Verdad, aquella misma Razón creadora que, en el amor, ha llamado a los hombres a la existencia.
  • Sus razonamientos contra el relativismo, haciendo ver al mundo que la última medida de todas las cosas no es el yo ni su devenir caprichoso.
  • El concepto de razón abierta. En sus obras podemos sumergirnos en los bellos argumentos que nos llevan a una razón que se abre a la totalidad, que se ensancha y es capaz de valorar todo lo que de verdadero y bueno tiene el mundo y la realidad.
  • La racionalidad de la fe. Su defensa a ultranza de una fe que puede ser expresada, cómo no, en el debate público. La fe puede ser parte de un diálogo propositivo y racional en cualquier ámbito del conocimiento, ya que la fe, “puede ser explicada, porque es racional”.
  • La belleza de la fe. El Papa emérito nos mostró en no pocas de sus intervenciones públicas, en sus homilías y catequesis, la belleza de la fe. Su sensibilidad musical le ayudó, sin duda alguna, a ello.

 

Jesús Diaz Sariego, OP.

Prior Provincial