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Un gobierno al servicio de la comunión y de la misión universal de la Orden

30 de marzo de 2017

Un gobierno al servicio de la comunión y de la misión universal de la Orden

Comentario al párrafo VII de la Constitución Fundamental de la Orden (1977)

Los especialistas del derecho constitucional han reconocido la alta calidad, no sólo en la formulación jurídica, sino en los valores de vida, de las Constituciones por las que Santo Domingo y sus primeros discípulos expresaron la novedad y las estructuras de la nueva Orden'. Ha dicho honrosamente el P. M.-D. Chenu: «Domingo y sus primeros hermanos fueron, por instinto, verdaderos maestros en institución evangélica» (CHENU, M: D., L'Ordre de saint Dominique a-t-il encore sa chance?, en Cahier du huitiéme centenaire de la naissance de saint Dominique, Fanjeaux, 1970 (policopiado), p. 28.).

Las precedentes aportaciones de este libro han desarrollado las intenciones y los elementos o valores que han hecho posible que el carisma dominicano tuviera vida: la palabra de Dios vivida, celebrada y contemplada en la comunión de una vida fraternal; y esa misma palabra, en cuanto es capaz de discernir los signos de los tiempos y de llegar, en un lenguaje accesible, a los hombres a los que la misión de la Orden nos envió. Comunión y misión: estas dos realidades marchan indisolublemente unidas en nuestra vida y definen nuestra manera típica de «seguir a Cristo». Por contraste con los demás Institutos, que destacan uno u otro aspecto concreto, la Orden quiere, en un balance justo, poner en pie de igualdad, a semejanza de la misma Iglesia, la comunión y la misión. ¿Cómo asombrarnos pues, de que este binomio configure nuestro estilo de gobierno?

Si, con diversa fortuna, la Orden ha mantenido en el curso de la historia el propositum de Santo Domingo y ha cumplido su función de servicio al Evangelio, ello se debe, en gran parte, a la fuerza misteriosa de la presencia del mismo Santo Domingo en la conciencia de sus frailes (Célebre frase de Bernanos: «...si está a nuestro alcance lanzar una mirada limpia sobre las obras de Dios, la Orden de Predicadores se nos ofrecerá como la caridad viva de santo Domingo realizada en el tiempo y en el espacio, como su visible oración», BERNANOS, G., Saint Dominique, 2.' ed., Paris, 1939, p. 11.); pero es indudable que, desde un punto de vista humano, el hecho se explica también por la naturaleza de las instituciones que le respaldan, como lo dice la Constitución fundamental respecto de «un gobierno comunitario, particularmente apto para promover la Oden y renovarla periódiacamente» (LCO, n. 1, VII).

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