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Santo Tomás, la Mística de la Teología

6 de Octubre de 2016
Santo Tomás, la Mística de la Teología

Reflexión sobre la mística de Santo Tomás, que fue una verdadera pasión por la verdad del ser, del ser de Dios y del ser humano. Fr. Juan José de León Lastra O.P.

Quiero marcar desde el principio las ideas que pretendo exponer en esta intervención: La Teología no es sólo ni fundamentalmente una materia académica, que reserva su presencia a la escuela. Tampoco tiene como objetivo único ser instrumento para ejercer diversas funciones o ministerios en la Iglesia. La Teología es un modo, el más auténtico, de enfrentarse a la vida, de responder a las grandes preguntas que todo hombre y mujer se hace sobre su vida, su ser, sobre lo que realmente es. Sí, la Teología versa sobre Dios, pero sobre un Dios que se revela al ser humano, no simplemente para descubrir los secretos de su divinidad, sino para ofrecer el plan de salvación de ese ser humano. La Teología no pretende saciar curiosidades sobre Dios, sino conocerse a sí mismo. Es en el conocimiento de Dios, tal como Él se nos revela donde el ser humano descubre su auténtico ser y los procesos de su salvación. La Teología, por eso, es preocupación de todos, no de un reducido número de “profesionales”, como la salud es cuestión de todos, no sólo de los médicos. A la Teología hemos de acercarnos a buscar luz para avanzar en la respuesta a las grandes preguntas de nuestra existencia, que el filósofo Kant fijaba en qué podemos conocer, que debemos hacer, que nos cabe esperar y en definitiva, qué es el ser humano, sabiendo que la respuesta está en conocer el plan de Dios que Él nos ha revelado.

La mística de la teología consiste, pues, en el irrenunciable interés que ha de quemarnos por dentro de saber quiénes somos, cómo presentarnos ante la vida y la muerte, ante nosotros mismos y los demás, ante lo creado y ante Dios. Es un fuego interior que no puede ser extinguido o domesticado por conocimientos puramente académicos. Éstos son imprescindibles, pero no tienen valor en sí mismos,  ni se cierran sobre sí mismos como si el fin único de su estudio fuera capacitarse para enseñarlos luego a otra generación de estudiantes y así sucesivamente. Están ordenados, no a la escuela, sino a la vida. Como el que estudia medicina no estudia para enseñar en la universidad medicina, sino para ayudar a prevenir y recobrar la salud.

Esta reflexión la presento a la luz de la vida y la obra del patrono de los centros escolares santo Tomás de Aquino. Su mística fue una pasión por la verdad del ser, del ser de Dios y del ser humano...

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