Fray Angélico y la predicación con el arte
Fray Julián de Cos presenta a Fray Angélico como un predicador con pinceles: un fraile cuya pintura nace de la oración y conduce a la contemplación. Desde sus primeras obras hasta las grandes series de San Marcos, subraya que “pinta lo contemplado”: la belleza no es decorado, sino vehículo de verdad y camino de salvación. En sus vírgenes, crucifixiones y anunciaciones no busca la perfección externa del Renacimiento, sino la perfección interior que enciende la devoción.
El recorrido histórico sitúa a Fray Angélico en la reforma dominicana: de Fiesole a San Marcos (Florencia), donde sus frescos catequizan a los frailes en cada celda y en la gran biblioteca—símbolo del estudio al servicio de la predicación. Luego aborda los encargos en Roma y Orvieto, y cómo la salud del artista se resiente pintando techos y muros, sin perder nunca su tono luminoso y esperanzado.
La parte final sintetiza “cinco vías” de contemplación en Angélico—luz, color, perfección interior, historia/narración, alegría—con el Juicio Final como ejemplo: el cielo bañado de luz frente a la sombra del pecado. El coloquio conecta esta herencia con el hoy: en tiempos de crisis, el arte cristiano sostiene la esperanza y ayuda a “dar lo contemplado”.