Dom
7
Jul
2013

Homilía XIV Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2012 - 2013 - (Ciclo C)

Los envió por delante a todas las ciudades

Pautas para la homilía

  • El Reino de Dios: profecía y promesa

En el final del libro de Isaías, culmen del libro de la consolación, la Jerusalén celestial, que resplandece por la gloria de Dios, será el lugar de la morada definitiva de la humanidad. Dios promete consolarla en su presencia como una madre a sus hijos, pero sobre todo promete la paz, como don escatológico de reconciliación de la humanidad con Dios, consigo misma y con todo lo creado. 

  • Asociados a la obra de salvación

Como cristianos, reconocemos que en Jesús se hace presente el Reino de Dios, pero al mismo tiempo sabemos que su consumación está en proceso. La invitación de Dios a la plenitud de su gloria incluye primero la invitación a colaborar en su plan salvador: Dios nos hace sujetos portadores de su presencia y de su promesa. En la carta a los Gálatas, Pablo reconoce que su vida misma es expresión de la salvación ofrecida por Cristo: “llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús”. Ser discípulo es también ser apóstol (enviado).

  •  Simbolismo del Evangelio

El evangelio narrado por Lucas nos habla del apostolado cristiano: la misión es la predicación. La misión de los setenta y dos discípulos es un universo simbólico de la misión cristiana. La cifra 72, que se opone a los 12, hace referencia a que el mensaje de salvación traspasa las fronteras de las tribus de Israel. Debe ser llevado a todas la gentes de dos en dos, es decir, de manera dialogada, compartida y tendente a la comunión. No es un envío para imponer una doctrina, sino para compartir lo que en Cristo se vive. Por esto, Jesús les envía por delante, para que al ser sus testigos él se haga presente. La predicación del Reino utiliza de plataforma toda la realidad humana y su eficacia está en la sencillez de la vida compartida.

  • Contexto de la predicación

Lucas, además de presentar cómo es la misión del cristiano, explicita los elementos a tener en cuenta: la oración es indispensable para el diálogo con el que envía, hay mucha necesidad de Dios (la mies es abundante) y hay pocos que hacen del Reino su proyecto, muchas veces el mensaje no será acogido, habrá muchas dificultades (como corderos en medio de lobos), es menester no precisar seguridades (bolsa, alforja, sandalias) ni distraerse en el camino (no saludéis a nadie), la eficacia dependerá de la cercanía y la convivencia (permaneced en la misma casa, comed y bebed lo que tengan), la paz constatará la acogida de la palabra de Dios (de la que el enviado es portador), y la alegría del enviado es fruto de ya estar gozando de la cercanía el Reino, realidad que le impulsa a compartirlo con todas las gentes, siendo el compartir su anuncio.