Lun
13
Ago
2018
Al Hijo del hombre lo van a entregar

Primera lectura

Lectura de la profecia de Ezequíel 1,2-5.24–2,1a:

El año quinto de la deportación del rey Joaquín, el día cinco del mes cuarto, vino la palabra del Señor a Ezequíel, hijo de Buzi, sacerdote, en tierra de los caldeos, a orillas del río Quebar.
Entonces se apoyó sobre mí la mano del Señor, y vi que venia del norte un viento huracanado, una gran nube y un zigzagueo de relámpagos. Nube nimbada de resplandor, y, entre el relampagueo, como el brillo del electro. En medio de éstos aparecia la figura de cuatro seres vivientes; tenían forma humana. Y oí el rumor de sus alas, como estruendo de aguas caudalosas, como la voz del Todopoderoso, cuando caminaban; griterío de multitudes, como estruendo de tropas; cuando se detenían, abatían las alas. También se oyó un estruendo sobre la plataforma que estaba encima de sus cabezas; cuando se detenían, abatían las alas. Y por encima de la plataforma, que estaba sobre sus cabezas, había una especie de zafiro en forma de trono; sobre esta especie de trono sobresalía una figura que parecia un hombre. Y vi un brillo como de electro (algo así como fuego lo enmarcaba) de lo que parecía su cintura para arriba, y de lo que parecía su cintura para abajo vi algo así como fuego. Estaba nimbado de resplandor. El resplandor que lo nimbaba era como el arco que aparece en las nubes cuando llueve. Era la apariencia visible de la gloria del Señor. Al contemplarla, caí rostro en tierra.

Salmo

Sal 148,1-2.11-12.13.14 R/. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria

Alabad al Señor en el cielo,
alabad al Señor en lo alto.
Alabadlo, todos sus ángeles;
alabadlo, todos sus ejércitos. R/.

Reyes y pueblos del orbe,
príncipes y jefes del mundo,
los jóvenes y también las doncellas,
los viejos junto con los niños. R/.

Alaben el nombre del Señor,
el único nombre sublime.
Su majestad sobre el cielo y la tierra. R/.

Él acrece el vigor de su pueblo.
Alabanza de todos sus fieles,
de Israel, su pueblo escogido. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 17,22-27

En aquel tiempo, mientras Jesús y los discípulos recorrían juntos Galilea, les dijo Jesús: «Al Hijo del hombre lo van a entregar en manos de los hombres, lo matarán, pero resucitará al tercer día.» Ellos se pusieron muy tristes.
Cuando llegaron a Cafarnaún, los que cobraban el impuesto de las dos dracmas se acercaron a Pedro y le preguntaron: «¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?»
Contestó: «Sí.»
Cuando llegó a casa, Jesús se adelantó a preguntarle: «¿Qué te parece, Simón? Los reyes del mundo, ¿a quién le cobran impuestos y tasas, a sus hijos o a los extraños?»
Contestó: «A los extraños.»
Jesús le dijo: «Entonces, los hijos están exentos. Sin embargo, para no escandalizarlos, ve al lago, echa el anzuelo, coge el primer pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda de plata. Cógela y págales por mí y por ti.»

Reflexión del Evangelio de hoy

Se apoyó sobre mí la mano del Señor

Nos encontramos en el comienzo del libro del profeta Ezequiel, que antes de su ministerio profético era sacerdote en el Templo de Jerusalén. Su personalidad y su oficio no fueron lo más adecuado para prepararle a su ministerio profético. Un sacerdote, especialista del culto y responsable de la enseñanza sobre lo sagrado y lo profano, no es precisamente el hombre de la creatividad y la apertura. Sin embargo, el Señor va a convertirlo en su portavoz en un tiempo de crisis profunda, el destierro, y en tierra extranjera, Babilonia. Ezequiel formó parte del primer grupo de exiliados que abandonó Judá en el año 597 a.C.

El profeta señala en esta visión divina, posterior a su introducción autobiográfica, que la mano del Señor le dirige en su misión profética. El norte representa aquí el lugar dónde reside Dios y su manifestación adquiere la forma de tormenta, cómo otras descripciones del AT: Ex 19 y 24 o Jue 5. La nube acapara la mirada del profeta y sus reflejos revelan una presencia, hasta vislumbrar cuatro seres con figura humana. El autor orquesta un estruendo dónde la voz de Dios es el trueno y tiene que sonar por encima de la plataforma. El profeta distingue sobre la plataforma de cristal, soportada por las alas de los vivientes, una piedra de zafiro, que hace de trono, y sobre él una figura semejante a un hombre resplandeciente. Es el Señor en toda su majestad y gloria. Ante tal manifestación divina, Ezequiel cae de rodillas en un sentimiento de adoración y de reconocimiento de su propia indignidad. Toda la visión ha transcurrido en silencio, nuestro profeta no ha escuchado voz alguna, hasta que el Señor le hable en el capítulo siguiente.

El simbolismo de esta visión deslumbradora parece girar en torno a la idea de la presencia del Señor entre los exilados en Babilonia. Dios no los ha abandonado, y por eso los visita en toda su majestad. El pueblo de Israel en el destierro se creía alejado de la providencia de su Dios. El castigo del cautiverio era para ellos como un velo que se interponía en las relaciones con el Dios de sus padres, y de ahí el desaliento y la desesperación. Por eso, esta visión del profeta del exilio quiere hacer ver que el Señor está también al lado de los desterrados, que su presencia en medio de ellos es firme y fortalece cualquier tipo de desánimo. El destierro, la crisis, el desaliento o la muerte no tienen la última palabra, la fe en Dios es lo que nos ayudará a mantener viva la esperanza.

¿Qué te parece, Simón?

Estamos ante el segundo anuncio de la muerte y resurrección de Jesús al que van a seguir en el relato de Mateo, una serie de enseñanzas de carácter comunitario. El primer anuncio tuvo lugar en el norte, cerca de Cesarea de Filipo, el grupo ahora camina por Galilea cerca de Cafarnaúm. La reacción de los discípulos en este momento no es tan fuerte como en el anterior. Mateo dice que se entristecieron mucho. Ellos parece que han comprendido qué el camino de Jesús no está exento de dificultades, que su proyecto trae consigo el dolor, la muerte, pero también la esperanza de una nueva vida. Aun así, la tristeza ensombrece sus expectativas.

A continuación, y ya en Cafarnaúm el evangelista aprovecha el contexto para introducir la respuesta a un problema que tenía su comunidad procedente en su mayoría del judaísmo. Todo judío mayor de 20 años debía pagar dos dracmas al año para las necesidades del culto. Este impuesto tenía, además, como finalidad, expresar el sentido de pertenencia. Después de la destrucción del Templo, en el año 70 d.C, los miembros de las nuevas escuelas judías, revindicaban para ellos dicho tributo, pero no todos los judíos estaban de acuerdo con su pago. ¿Qué te parece Simón? El papel de Pedro al lado de Jesús muestra cómo es pilar fundamental y a quién se dirigen las miradas dentro del cristianismo primitivo. ¿Debe la comunidad judeocristiana pagar el tributo? Parece claro que no está obligada, pero hay que evitar escándalos innecesarios. El escándalo perjudica y lleva a la confusión a los débiles, a los pequeños y a los que no entienden el mensaje de Jesús. Hacer bien las cosas cotidianas y legales va a ser el punto de partida para el discurso comunitario que vendrá a continuación. Sólo así podremos hacernos hijos, optar por ser pequeños, evitar cualquier escándalo y poder acercarnos a la cruz de Jesús para poder resucitar. ¿Estamos dispuestos a dar a Dios lo que es de Dios?