Dom
25
Jul
2021

Homilía Santiago Apóstol

Año litúrgico 2020 - 2021 - (Ciclo B)

El Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir

Pautas para la homilía

La Palabra de Dios que ha sido proclamada en nuestras celebraciones eucarísticas en esta fiesta de Santiago, que este año ha caído en el domingo, el día del Señor, nos ofrece a las comunidades cristianas de España una luz para reflexionar en nuestra vivencia de la fe que recibimos de los apóstoles.

La historia evoluciona y los hombres y mujeres de cada época hemos de saber vivir nuestra fe, que no cambia, de una manera inculturizada. La fe siempre ayuda a ver la mano del Señor en los acontecimientos que necesitan ser iluminados por la luz que nos viene por la vivencia del evangelio.

Esta vivencia del Evangelio nos ha sido trasmitida por la predicación apostólica, que no hemos de confundir con algunos datos que nos ha trasmitido la tradición, aunque sea secular, o la imaginería heredada, un tanto discutible, sino la vivencia hemos de fundamentarla en los textos de esta celebración.

Sabemos que Santiago fue uno de los tres apóstoles íntimos del Señor. El evangelio los ha dejado claro la evolución de los dos hermanos, Santiago y Juan, “hijos del trueno”, apelativo que hace referencia a su manera de ser, impetuosos y presuntuosos. Jesús les fue puliendo y después de la Resurrección demostraron que “podían beber del cáliz”. De echo Santiago fue el primero de los apóstoles que entregó su vida.

La primera Lectura de hoy está tomada de los Hechos de los Apóstoles y nos dice claramente que “los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor con mucho valor”. Tanto es así que se enfrentaron a grandes dificultades, incluso con las autoridades, tanto religiosas como políticas de su tiempo. Ellos consecuentes con la trasformación que habían experimentado en sus vidas, fueron capaces de proclamar: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”. Y se presentaban como testigos de “Jesús a quien vosotros matasteis…” Por eso “el rey Herodes hizo decapitar a Santiago, hermano de Juan”.  Esta es la verdadera tradición que nos viene directamente de la Palabra revelada y que hoy hemos proclamado. Se nos presenta como una oportunidad para ayudar a vigorizar las raíces apostólicas de nuestra Iglesia que peregrina en España y en los pueblos hermanos de América. Las frases que hemos escuchado no son frases retóricas, sino expresiones de una convicción profunda. ¿Es así la vivencia de nuestra Fe?

Es verdad que como escuchamos en la segunda lectura los apóstoles eran personas de carne y hueso, igual que nosotros, con sus grandezas y debilidades. San Pablo nos ayuda a poner los pies en el suelo. A los Corintios les advierte: “Este tesoro (la fe apostólica) lo llevamos en vasijas de barro…”. Somos limitados y por eso hemos de reconocer: “…que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros.” Esto es lo que ha de mover a toda persona creyente a actuar “por causa de Jesús”. Así venceremos los intereses egoístas, dejando que el amor y la gracia de Dios irradien a través de la propia persona. La conciencia de la propia debilidad y limitaciones, ayuda a hacer visible la acción de Dios.

"El Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir"

Es muy consolador ver como San Mateo nos cuenta cómo los intereses humanos por ocupar los primeros lugares de honor, el interés personal por ser distintos y por encima de los otros, también anidaban en los que habían querido seguir a Jesús. Ver como se trasforma sus vidas con el paso del tiempo y con su cercanía al Maestro, tiene que crear en nosotros una esperanza de que nuestras vidas también pueden ser trasformadas. Ellos aceptaron “beber el cáliz” y nosotros somos hijos de esa experiencia. La fiesta de Santiago, nuestro Patrono, es una gran invitación para que en nuestras comunidades cristianas prevalezca el servicio y que nuestras vidas las pongamos a disposición de los demás.

Esa sería la mejor manera de hacer un verdadero camino hacia la tumba del Apóstol en Santiago. Seriamos de verdad una “Iglesia en salida”, no instalada en si misma. El seguimiento de Cristo nos impulsa al servicio de los hermanos. Agradezcamos el don de la fe que hemos recibido y procuremos ser cristianos de nuestro tiempo que buscan los medios adecuados para que nuestro testimonio y nuestra palabra sean comprensibles y cautivadores para la sociedad de hoy.