Dom
12
Jul
2009

Homilía Decimoquinto Domingo del Tiempo Ordinario

Año litúrgico 2008 - 2009 - (Ciclo B)

Llamó a los doce y los fue enviando de dos en dos.

Pautas para la homilía

  • El anuncio surge de un llamado...

El anuncio de la palabra de Dios (y de la vida de Dios) nace de la vida, se hace en la vida, con la vida y para la vida… Como nos dice el Salmo 84 es: “verdad, amor, justicia y paz” (Sal. 84, 11). El salmo nos expresa una relación sombiótica, amorosa, inseparable, entre estas palabras que son carne y experiencia. No se puede hablar de una sin hacer referencia, explicita o implícitamente, a la otra… Este anuncio surge de un llamado que no tiene que ver con títulos, cargos, lugares o familias de nacimientos. Pensemos en personajes bíblicos, en María, en los discípulos, en tantos santas y santos (María Magdalena, Santa Bernardette de Lourdes, Don Bosco, San Martín de Porres), en tantos hombres, mujeres, niños a quienes Dios llamó de entre los más sencillos para ser servidores del pueblo… Pensemos en Amós, recolector de sicómoros, pastor de ovejas, a quien llamó para profetizar (Am. 7,14) para anunciar la salvación a todos los hombres y denunciar el pecado y la injusticia. Todos y cada uno de los bautizados somos sacerdotes, profetas y reyes desde el día de nuestro bautismo. A la luz de la palabra de este día nos preguntamos:

  • Cómo anunciamos

¿Cuán profetas somos en este mundo? ¿Qué rol jugamos y tenemos en esta coyuntura social? ¿Qué palabra expresamos, qué acciones ejercemos a favor de la construcción de la civilización del amor? ¿Cuál es la conexión entre nuestra vida, las palabras que decimos y escuchamos y lo que hacemos? Es inseparable la relación anuncio-llamado-vida-testimonio. Nos resulta entonces bien gráfico y elocuente una cita del papa Pablo VI cuando afirma: “el hombre contemporáneo escucha más al que da testimonio que al que enseña y si escucha al que enseña es porque da testimonio” (EN, 42). En tiempos en que parece ser que la norma es que la fe queda relegada al ámbito privado, que puede existir un hacer diferente al decir y no ser cuestionado para nada ni por nadie; estamos llamados a vivir la unidad, a expresar con nuestra vida la integridad de nuestro pensar y sentir, la orientación hacia la construcción de un mundo que es aquí y ahora y es futuro y más allá desde el presente y desde cada uno.   

Dios nos ha llamado para anunciar la buena nueva, y nos ha elegido desde siempre, por amor para que seamos santos (Ef. 1, 4). Esta elección es porque sí, porque se le antojó, simplemente porque quiso. Aquí hay una verdad y un tesoro que si bien no se transmite si se puede anunciar: Dios nos ama porque quiere y porque somos sus hijos, gratuitamente. ¿Cómo no dar gracias, cómo no anunciarlo? ¡El amor es gratuidad!  

  • La fe se vive y se anuncia en comunidad…  

Un cura amigo nuestro utilizaba siempre la expresión de que al cielo se va en ómnibus. ¿Qué quería decir? Que la fe tiene, necesaria e indisolublemente una doble dimensión: personal y comunitaria. Jesús mandó a sus discípulos de dos en dos y les indicó no llevar nada, ni preocuparse por lo que van a comer, ni por lo que deben ponerse para vestirse. Indica un mensaje de confianza y de abandono en la providencia: vayan y anuncien la buena nueva. También es un mandato de confianza en el hermano: “No lleven oro ni plata…” Pero: “vayan de dos en dos” (Mc. 6, 7). Una sola cosa era importante que llevaran los que habían de anunciarlo: al hermano. También Santo Domingo, al enviar a los primeros frailes predicadores, los envía de dos en dos.

Jesús los mandó de dos en dos a cumplir una misión. Ese mandato indica que la fe es en comunidad, es con otros,  con un compañero, con una compañera. Esto puede unirse con ese otro pasaje que dice que “donde dos o más estén reunidos en mi nombre allí estoy yo”. El compañero (que puede ser un catequista, un animador, un laico que desarrolla un trabajo en una parroquia, un compañero de trabajo, un hermano de comunidad religiosa, mi esposo, un militante, etc.) nos sostiene, auxilia, interpela, cuestiona, demuestra que hay testigos que nos sostienen. Es quien está convencido de que la vida de Dios es que el hombre viva, que la vida de Dios y la de Jesús nos hacen y harán felices, que la fe es sostén y alegría…

  • El otro como mediación

Fue por medio de esos hombres y mujeres que la fe, don de Dios, llegó a otros y a nosotros. Puede resultar emocionante hacer el ejercicio de recorrer nuestra historia hacia atrás y descubrir aquellas personas con quienes hemos conocido la experiencia de la fe (abuelos, hermanos, padres, amigos, conocidos… apóstoles). Recordemos entonces un aspecto central de nuestra fe: su expresión y vivencia es en comunidad, es comunitaria, es don y tarea, es regalo y esfuerzo, es individual y colectiva, es anuncio y conversión, es testimonio y entrega, es abandono y sencillez, es de a muchos y para muchos. A la luz de la resonancia del Evangelio de Marcos nos preguntamos:         

¿Qué lugar tiene el otro en mi vida apostólica? ¿Qué lugar ocupa esta dimensión comunitaria en nuestra acción pastoral? ¿Es la fe algo que se reduce meramente al plano personal, íntimo, individual o es algo que compartimos, difundimos, expresamos, anunciamos?

¿Damos testimonio de la  sencillez de la vida y el abandono en Dios o estamos buscando tener más y más a costa de cualquier precio? ¿Por qué nos preocupan tanto lo que vamos a comer o con qué nos vamos a vestir? ¿Qué hay detrás de esas búsquedas y preocupaciones?

Así como los poblados a los que Jesús envió a los 72, muchos esperan el anuncio de la Palabra. En medio de las injusticias que hoy padecen tantos hombres y mujeres, ¿Cómo anunciarla solos? El primer anuncio es la solidaridad del que camina al lado de otro, sencillo y pobre, compartiendo lo poco que tiene.  

La riqueza de esta lectura nos hace meditar profundamente acerca del misterio de la comunión, de una dimensión esencial de la fe, la dimensión comunitaria. Esto nos recuerda  y refiere a algunas hermosas frases de Don Helder Cámara: “Caminar a solas es posible pero solo el buen andariego sabe que el camino de la vida requiere compañeros… Cuando sueño solo es nada mas que un sueño, cuando soñamos juntos es el comienzo de una realidad” .