Lun
9
Mar
2020

Evangelio del día

Segunda semana de Cuaresma

Sed misericordiosos

Primera lectura

Lectura de la profecía de Daniel 9, 4b-10

¡Ay, mi Señor, Dios grande y terrible, que guarda la alianza y es leal con los que lo aman y cumplen sus mandamientos!
Hemos pecado, hemos cometido crímenes y delitos, nos hemos rebelado apartándonos de tus mandatos y preceptos. No hicimos caso a tus siervos los profetas, que hablaban en tu nombre a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra.
Tú, mi Señor, tienes razón y a nosotros nos abruma la vergüenza, tal como sucede hoy a los hombres de Judá, a los habitantes de Jerusalén y a todo Israel, a los de cerca y a los de lejos, en todos los países por donde los dispersaste a causa de los delitos que cometieron contra ti.
Señor, nos abruma la vergüenza: a nuestros reyes, príncipes y padres, porque hemos pecado contra ti.
Pero, mi Señor, nuestro Dios, es compasivo y perdona, aunque nos hemos rebelado contra él. No obedecimos la voz del Señor, nuestro Dios, siguiendo las normas que nos daba por medio de sus siervos, los profetas.

Salmo

Sal 78, 8. 9. 11. 13 R/. Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados

No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres;
que tu compasión nos alcance pronto,
pues estamos agotados. R/.

Socórrenos, Dios, Salvador nuestro,
por el honor de tu nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados
a causa de tu nombre. R/.

Llegue a tu presencia el gemido del cautivo:
con tu brazo poderoso, salva a los condenados a muerte. R/.

Nosotros, pueblo, ovejas de tu rebaño,
te daremos gracias siempre,
cantaremos tus alabanzas de generación en generación. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 36-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».

Reflexión del Evangelio de hoy

El profeta Daniel en un momento de oración reconoce la grandeza del Señor y confiesa el amor que Dios nos tiene; este reconocimiento es hoy para nosotros una invitación por parte de las lecturas que nos propone la Liturgia. Este texto hace un recorrido por las actitudes que hemos de tener en la oración: reconociendo que Dios nos ama y guarda su alianza con nosotros, reconociendo que somos pecadores y nos apartamos de los mandamientos de Dios, reconociendo que no escuchamos atentamente la Palabra de Dios.

Cuando reconocemos que el Señor es grande, descubrimos que nosotros somos pequeños. Al orar es preciso reconocer nuestra pequeñez, nuestra condición de pecadores; así el Profeta Daniel va descubriendo el pecado, la iniquidad, la maldad, la condición humana y en nuestra oración también nosotros por “ser pequeños” reconocemos que somos pecadores.

La súplica del salmista la hacemos nuestra y recordamos la compasión y el perdón que Dios nos otorga. La acción de gracias es nuestra respuesta.

Hijos de Dios Padre

Ubicado este pasaje evangélico después del discurso de la Bienaventuranzas, somos invitados como hijos de Dios Padre a ser misericordiosos como Él. Al comenzar la segunda semana de Cuaresma, el Evangelio nos recuerda la actitud que hemos de tener con el prójimo, invitándonos a través de las palabras de Jesús a ser compasivos y misericordiosos, a no juzgar y no condenar, a perdonar y a dar.

Luego añade el término “medida” para ayudarnos a entender que esa compasión, misericordia, juicio, condena o perdón que practiquemos con los demás es igual que la que recibiremos del Padre hacia nosotros. A pesar de afirmar que la medida que usemos será la que usen con nosotros, el juicio de Dios no es condenatorio sino que es un juez que nos justifica, y su misericordia nunca nos trata como merecen nuestros pecados, de hecho Jesús afirma que Dios es así: misericordioso y compasivo y su medida es generosa, colmada, remecida, rebosante.

Nuestra invitación para hoy es a ser buenos cristianos: perdonando, no condenando, siendo compasivos, no juzgando, siendo misericordiosos. Somos seguidores de Jesucristo, y sus palabras nos interpelan a preguntarnos por nuestra vida cristiana y nuestro seguimiento a Jesús.