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Santuario de Nuestra Señora de las Gracias, ramo de flores a la Virgen y canto de la Salve

  El domingo por la mañana los capitulares fuimos de peregrinación al Santuario de Nuestra Señora de las Gracias. Está al lado del mar, a dos horas de Saigón. Por el camino pudimos ver que los templos budistas y las iglesias cristianas están cerca unos de otros. Normalmente el gobierno autoriza su construcción al mismo tiempo, guardando así un equilibro político-religioso.

  El santuario está construido sobre unos terrenos donados por la sociedad de “Misiones extranjeras de París”. A su vez, las misiones extranjeras de París recibieron esos terrenos del gobierno de Vietnam, con la intención de que allí plantaran árboles que dieran seda y, de paso, trabajo. Por este motivo la bahía sobre la que da el santuario se llama Bahía de los árboles de seda. La verdad es que tales árboles no dan seda.

El Maestro depositó a los pies de la Virgen un ramo de flores y todos los capitulares cantamos la Salve en latín

  El santuario fue construido en 1962, para conmemorar el inicio del Concilio Vaticano II. En 1965, el Obispo lo declaró centro mariano de la diócesis. La gran imagen de la Virgen, que está al lado del santuario y que domina la bahía, tiene 20 metros de altura; la Virgen sostiene en sus brazos a un niño Jesús de pie. La Virgen y el niño están mirando al mar. La imagen está a 60 metros sobre el nivel mar. La actual es de 2005, y sustituye a la primera que se colocó en 1962. La actual imagen está relacionada con los dominicos, pues se construyó en el convento de San Martín de Porres, donde vamos a celebrar la eucaristía de clausura del capítulo. El Maestro depositó a los pies de la Virgen un ramo de flores y todos los capitulares cantamos la Salve en latín.

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  La iglesia tiene algunos detalles sorprendentes. Está presidida por tres grandes esculturas. En el centro, encima del sagrario, una imagen de Cristo en la cruz. Lo llamativo es cómo va vestido: con alba, casulla y estola. Es una clara representación de Jesucristo, sumo y eterno sacerdote, en el altar de la cruz. A un lado San José con el niño adolescente. En el otro, la Virgen con el niño pequeño en brazos; ambos sostienen un inmenso rosario.

  Llama la atención la presencia de los mártires dominicos. Tanto en la catedral de la ciudad en la que estamos, como en el santuario de Ntra. Sra. de las Gracias, se encuentran sendos monumentos a los mártires.

  Cuando dejamos el santuario, para ir a comer a un complejo al lado de la playa, con una espléndida recepción de la Familia Dominicana que también preparó la comida, pasamos por un edificio que hasta 1975 fue noviciado de la Provincia de Vietnam. En este año, el gobierno comunista expropió el convento y sacó de allí a los novicios, so pretexto de que en el convento había un fraile traidor.

Para ser buenos discípulos del Señor es necesario poner a Cristo como centro de nuestra vida

  El lunes, fiesta de San Buenaventura, reemprendimos los trabajos del Capítulo. En la eucaristía predicó el Provincial de la India. Nos recordó que para ser buenos discípulos del Señor es necesario poner a Cristo como centro de nuestra vida. Eso implica ir más allá de nuestros impulsos y deseos; y vencer la tentación de ser nosotros, nuestra misión y nuestros proyectos, el centro de la vida.

capitulo general vietnam 15 julio

  A la nueve de la mañana tuvimos sesión plenaria presidida por primera vez por el nuevo Maestro. Dirigió unas breves palabras a los capitulares, aludiendo a la estupenda playa en la que nos sirvieron ayer la comida. Esta playa, dijo el Maestro, me recordó otra playa, aquella en la que Jesús le dijo a Pedro: ¿me amas? Y después: alimenta a mis corderos. Nuestro trabajo, dijo fray Gerard, es alimentar a los corderos del Señor. A continuación, los siete presidentes de las comisiones informaron del punto en el que están los trabajos de cada comisión. E inmediatamente después, cada comisión se reunió para ir elaborando el documento correspondiente. Por la tarde, y hasta la hora de Vísperas, prosiguieron su trabajo las comisiones.

Fr. Martín Gelabert O.P.