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Revista CR: La belleza, el despertar estético.

6 de marzo de 2020
Etiquetas: Estudio
Revista CR: La belleza, el despertar estético.

Fue antes de las Navidades 2019, cuando el Papa Francisco recibió a los organizadores y artistas del 27º concierto de Navidad en el Vaticano.

“El mundo necesita belleza para no hundirse en la desesperación”, dijo el Papa al recordar palabras de Pablo VI: “Es lo que infunde alegría en el corazón de los hombres; es ese fruto precioso que resiste el desgaste del tiempo, que une a las generaciones y las hace comunicar en la admiración”. Y el Papa Francisco subrayó: “Todas estas expresiones de la creatividad humana pueden ser “canales” de fraternidad y de paz entre los pueblos de la familia humana, así como de diálogo entre religiones”. 

            En el mundo hay belleza y, tristemente, hay fealdad, pero todo no es fealdad… estar atentos para dejarse atrapar por la belleza, acogerla y albergarla en el alma y en el corazón, y así asomarse a un mundo de experiencias en el que también caben otros conceptos o valores que iluminan la vida, incluso a través de las rendijas de la ordinariez y el sufrimiento, como son:  armonía, equilibrio, unidad, bondad, verdad… Es conectar en nuestro interior con una cierta sed de bien, un hambre de todo lo bueno que el ser humano posee.  Se podría afirmar que lo estético nos conecta así con lo superior. Nos remite, en último término, de algún modo a Dios mismo.

            La pregunta, la reflexión sobre la belleza es necesaria en toda experiencia humana y espiritual, no es una cuestión de imagen, de formas, sino de la realidad luminosa que se puede intuir, captar, que atrapa y confirma en la verdad. Belleza es verdad y verdad es belleza. Hacer verdad, decir verdad, que en la vida de cada cual aparezcan lugares de belleza.

            Despertar y enamorarse de la belleza como Jesucristo que la contemplaba en la enfermedad, en la pobreza, en el necesitado, en los pequeños, y atrapado por ella respondía con amor, el reflejo de su verdad. Este amor que desprendía y manifestaba era el causante de que todos recobraran su propia dignidad, tomaran conciencia de su belleza, su vida cambiaba. La propia belleza había sido desenterrada por un amor tan decisivo que significaba un antes y un después, una nueva vida. Y la belleza de cada ser creado, según el libro de la Sabiduría:”…pues, partiendo de la grandeza y belleza de las criaturas, se puede reflexionar y llegar a conocer al que les dio el ser.” (13,5). El amor es belleza y la belleza es amor.

            Despertar estético, aprender a mirar más allá de los propios deseos, de los límites de nuestra mente, del propio yo, y descubrir que no alcanzaremos los límites de la Realidad de la que formamos parte y que se revela plena de Vida… Adoptando una actitud interna de serenidad para captar de manera adecuada la figura que se contempla y que nos permite “ver hondo”, ver en verdad y establecer una cierta relación que se experimenta en la admiración, el respeto, el amor. Todo encuentro, toda relación, según avanza, crece en profundidad e intensidad, es cada vez más bello, más bella. 

Número Nº 532 (enero-febrero 2020)

LA BELLEZA. El despertar estático

            Estética es la disciplina que estudia la naturaleza de la belleza y la percepción de la misma por parte de los individuos. La Estética, lógicamente, se relaciona con el arte. El término Estética se traduce, desde su etimología, como “percepción o sensación, sensibilidad” a través de los sentidos. Percepción de lo bello. También se denomina estética a la rama de la filosofía que se encarga de la experiencia de la belleza en el ser humano.

            La estética surgió en el siglo XVIII, en el contexto de la Ilustración. Fue en el año 1735 que Alexander Gottlieb Baumgarten (filósofo alemán) describiría a la estética como “la ciencia de la sensibilidad y de las relaciones del arte con la belleza”. Immanuel Kant (1724-1804) diría de la estética que es “la rama de la filosofía que estudia e investiga el origen del sentimiento puro y su manifestación como arte”. Sin embargo, para hablar de la naturaleza de lo bello hemos de remontarnos a la Antigua Grecia (Platón y Aristóteles).  

            Y todo evoluciona… En el siglo XX se llega a describir el arte moderno como “antiestético” (Hal Foster) que también puede ser bello. El arte contemporáneo no buscó principalmente la belleza serena, le interesaba provocar y saber de la reacción emocional, de las sensaciones de los receptores, y estas pueden ser de angustia y de temor.

            Podemos hablar de la belleza, pero otra cosa es utilizar este calificativo con aquello que percibimos. “Para gustos los colores”. Cuando calificamos algo como bello, admitimos su subjetividad, y reconocemos su objetividad cuando responde a una serie de principios, cánones, preestablecidos y aceptados. Belleza, se entiende como el orden que posee dentro de sí un objeto, pero también algo que genera orden al exterior de sí mismo. “El orden es la forma de la que la belleza depende” (Pearl S. Buck).

            Remontándonos a la Antigua Grecia para hablar de la belleza, tenemos presente a Paltón que dice que la belleza es aquella idea que al relacionarse con las cosas sensibles hace aparecer a la idea en cuestión como deseable. Su característica fundamental es la luminosidad, y su función la de despertar el amor, así se convierte por este despertar del amor en la vía que lleva al conocimiento del “bien” mismo. La belleza por comunicar el amor lleva al bien. Con lo cual relaciona las ideas de belleza, amor y bien como parte de una misma cosa. Su discípulo Aristóteles, define la belleza como “armonía”, la debida proporción de las partes con el todo, la unidad en la diversidad.  Las características de la belleza serían, según Aristóteles, el orden, la proporción, la luminosidad, el ritmo.

             En el Nuevo Testamento, lo” bello” no es otra cosa que lo “bueno”, el “bien”, la destreza, la legitimidad o también la utilidad como “el buen fruto, la buena semilla, perla, pescado, árbol”. Podemos afirmar que aquí “belleza” tiene un significado más “moral” que estético.  Y Jesucristo cuando habla de los lirios del campo o de los pájaros (Mt 6,26ss) lo hace para conducir a quién los está contemplando hacia otras metas. De ahí que las parábolas se inician frecuentemente así: “El Reino de los cielos es semejante a…”. La estética es funcional al anuncio, la belleza y verdad se entrecruzan, la armonía es otro rostro del bien.

            ” Y vio Dios que era bello” (Gn 1, 4.10.12.18.21.25.31) En este caso, la cualidad estética “no es algo añadido a la creación, sino que pertenece a su mismo estatuto y a su estructura” según el exégeta Claus Westermann. Y, la satisfacción que provoca la visión de la obra terminada, la imagen del Creador induce a expresar esa frase: “Dios vio que era bueno” o “Dios vio: ¡era bello!”.

            “Creador del cielo y de la tierra (…) que prescinde de cualquier causa exterior (…) tú has sacado todas las cosas de un modelo celestial; y tú, que eres la belleza misma, llevas en tu espíritu la belleza del mundo, formado a tu semejanza” (Boecio).

            ¿Qué impide ver, darse cuenta, de la belleza? ¿Qué nos aporta el sentido estético, la sensibilidad estética? ¿Tienen algo que ver con “la belleza interior”?

            El texto de la Editorial, la página anterior, se inicia haciendo mención de la Navidad, el contexto de las palabras del Papa Francisco sobre la belleza. Retomamos esta fiesta, ya celebrada, dónde la estética ha jugado un papel importante para crear espacios bellos, acogedores, para celebrar y compartir, movidos por un deseo de agradar y expresar los sentimientos más sinceros y veraces de amor, de familiaridad, de amistad. Y, también, hacer presente en nuestra vida la realidad de “Dios con nosotros”, el Nacimiento del Hijo de Dios, en la sencillez y vulnerabilidad de lo humano, y no por eso, menos profundo, menos trascendente. Es la” luz” (Jn 8,12) que ilumina y permite que podamos ver la belleza de lo creado, todo lo que “existe”, “está” y “es”.  Pero llegó el momento de recoger y guardar todos esos elementos, que adornaban la casa, símbolos de alegría, de fiesta, belleza. Todo vuelve a como estaba… ¡La vida normal! Se acabaron los festejos, las reuniones y comidas, los dulces… y hay que guardar los adornos navideños. “La normalidad”, no hagamos una interpretación fatalista, no apaguemos nuestra capacidad creativa; no guardemos, ni olvidemos, otros gestos, sentimientos, emociones, actitudes, realidades humanas que pueden hacerse presente todo el año: la mirada limpia, la sonrisa, la mano extendida que acoge, la palabra sincera, el respeto, la gratuidad y la gratitud…Todo esto es belleza y expresión de la belleza interior, de coherencia, equilibrio, espiritualidad, sencillez, espontaneidad, que hace posible encontrarse con la belleza, salir de uno para percibir y crecer interiormente y escribir una biografía bella.

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