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Revista CR: Honestidad. “No amemos de palabra y con la boca, sino con obras y de verdad” (1Jn 3,18)

2 de enero de 2023
Etiquetas: Estudio / Revista CR
Revista CR: Honestidad. “No amemos de palabra y con la boca, sino con obras y de verdad” (1Jn 3,18)

La honestidad está configurada por diversos componentes psicológicos, la suma de todo ellos en la persona la determinan como honesta. Un sinónimo de honestidad podría ser rectitud. A rectitud, le acompaña la coherencia y ésta invita a la confianza, que es motivo de estima y aprecio… ¿Porque, dónde vamos con la mentira, la hipocresía, el engaño…?

         La persona honesta se comporta y expresa con sinceridad y coherencia, respeta los valores como la verdad y la justicia, no antepone al bien de los demás a sus propias necesidades o intereses. Su conducta es definida por la rectitud y la honradez. “No amemos de palabra y con la boca, sino con obras y de verdad” (1Jn 3,18), la honestidad es un valor que contiene en sí respeto por uno mismo y por los demás.

         La verdad, la sinceridad, no cansan. La mentira cansa. Mentir agota y desfigura la realidad, lo que hace preciso un plus mayor de atención, un estado de alerta, mayor tensión para no ser pillado, no se descubra la falsedad. Puede ser una buena fórmula que ante la duda no precipitarse, darse tiempo, pensar, este proceso ya es respuesta que puede ser interpretado…, es expresión de honestidad.

         Hoy, afirmamos, porque es cierto, que la pluralidad se da en todas partes, en todos los mundos en los que nos movemos y participamos: política, religión, economía, sociedad, cultura, moral, costumbres, y las miles de expresiones de que somos capaces los humanos, etc. La pluralidad no tiene por qué limitar ni impedir la honestidad. Ser honesto en cada uno de esos mundos que se hace referencia, aceptando la pluralidad, pues la Verdad no está ni es poder de nadie de nosotros, denota capacidad de respeto, escucha, es dignificar la relación entre la diferencia y propósito de búsqueda común, del bien para todos.  Sin embargo, algo está fallando, la manipulación, el engaño, la hipocresía, la traición, la corrupción, son el pan nuestro de cada día que aparecen, se descubren, se conocen, pues son muchos lo medios de los que se dispone para estar enterados, para ser informados, para, desde la deshonestidad,  calumniar, derribar, ocultar… como si aquel que no piensa como yo no tuviera derecho a la vida. Honestamente, afirmar que las diferencias existen es una verdad con la que hemos de trabajar, no eliminar, crecer juntos, enriquecernos…

         ¿Qué razones se pueden argüir para abundar en lo negativo o, por el contrario, para abundar  en lo positivo de la pluralidad? Señalamos una de tantas: Cuando sólo se piensa en uno mismo, olvidándose del que está al lado, de los demás, es una razón para usar cualquier estrategia, sin considerar su honestidad o deshonestidad que proporcione el deseo individual.  A nivel colectivo, una iglesia, un partido político, un sistema económico, un medio de comunicación, etc., cuando persiguen el poder por el poder todo es válido para alcanzar ese objetivo, sin considerar su honestidad o deshonestidad. La honestidad se  cultiva en la toma de conciencia de los demás, en el respeto, la coherencia, la veracidad,  la justicia…

 

Número 546 (noviembre-diciembre 2022)

         ¡Confía en mí! ¿Por qué no confías en mí? ¡Necesito de tu confianza! ¡Si no confías en mí, no tengo razón alguna para seguir a tu lado! ¿Qué debo hacer para que confíes en mí?... Todos sentimos la necesidad de la confianza de los otros, en la familia, en el trabajo, entre los amigos, vecinos, en el mundo donde vamos desarrollando nuestra actividad, donde vamos desarrollando nuestra personalidad, donde hacemos la vida.

         Ante la falta de confianza nos preguntamos el ¿por qué? y ¿qué nos respondemos? desde un “¡no sé!”, “¡no entiendo nada!”, hasta echar la culpa a los otros; los demás no son honestos. Sin embargo,  tomamos un buen camino si la respuesta la buscamos en nosotros mismos, nos preguntamos sobre “cómo y cuál es mi comportamiento que no se traduce en confianza por parte de los demás” 

         Lo mismo que afirmamos que la honestidad precisa de la verdad, de la sinceridad, de la coherencia; afirmamos que la honestidad no existe donde se da la mentira, la hipocresía, el engaño, la corrupción, el disimulo… No se es honesto creerse más que nadie, no se es honesto pretender dar lecciones a todo el mundo, no es honesto pretender vivir de la imagen, de una imagen que se crea para sacar ventajas, fama, poder, beneficios del tipo que sea.

         “Entre tanto, miles de personas se agolpaban pisándose unos a otros. Él se dirigió primero a los discípulos: -Guardaos de la levadura –o sea, de la hipocresía- de los fariseos. Nada hay encubierto que no se descubra, nada oculto que no se divulgue. Pues lo que digáis de noche se escuchará en pleno día; lo que digáis al oído en la bodega se proclamará desde las azoteas” (Lc 12,1-3)

         “La levadura” de los fariseos es peligrosa, representar lo que se es. El término representar tiene que ver más con dar una imagen que ser lo que somos. 

         “¡Hay que dar ejemplo!” es algo así como una consigna que los cristianos debíamos tener presente y que se traducía, sin embargo, en ir dando lecciones de cómo actuar, cómo ser (fariseísmo). “Entonces Jesús, dirigiéndose a la multitud y a sus discípulos, dijo: -En la cátedra de Moisés se han sentado los letrados y los fariseos. Lo que os digan ponedlo por obra, pero no los imitéis; pues dicen y no hacen.  […] Vosotros no os hagáis llamar maestros, pues uno solo es vuestro maestro, mientras que todos vosotros sois hermanos. En la tierra a nadie llaméis padre,  pues uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os llaméis instructores, pues vuestro instructor es uno sólo, el Mesías. El mayor de vosotros sea vuestro servidor. Quien se ensalza será humillado, quien se humilla será ensalzado”. (Mt 23, 1-3. 8-12)

         Esto pasa porque todo aquel que se sitúa a un nivel de “dignidad” sobre los demás, se ve obligado a vivir en la hipocresía pues ha de mantener esa imagen que, a su vez, es una exigencia a los otros para que le traten como lo que representa, es una exigencia a la hipocresía, un trato ficticio.

         La honestidad  es un valor moral que nos permite entablar relaciones interpersonales basadas en la confianza, la sinceridad y el respeto mutuo. Una persona honesta se apoya en la verdad, la justica y, por tanto, sabe poner en segundo plano, no es lo primero, sus necesidades e intereses. Definimos la honestidad, por tanto, como una cualidad humana que consiste en comportarse y expresarse con sinceridad y coherencia, respetando los valores de la justica y la verdad, teniendo presente a los demás. La honestidad no puede basarse en los deseos propios, es un valor humano que no solo significa respeto a la propia dignidad sino también a la de los demás; es imprescindible en las relaciones y es una realidad cuando sus características fundamentales son la franqueza y la verdad, actuar y hablar conforme a lo que se siente y se piensa; coherencia entre pensamiento y acción…

         El psicólogo Paul Ekman concluye en su investigación que, en general, las mujeres mienten para proteger a otra persona, los hombres para mejorar su imagen y los niño, para evitar un castigo.

         Hoy se miente, entre otras cosas, para aparentar lo que no se es y no se tiene. Hoy se abusa del postureo. Se habla de postureo cuando el comportamiento de una persona es poco natural, nada espontaneo, domina el esfuerzo por dar una imagen de cara a los demás para conseguir su aprobación.  Significa adoptar una actitud hacia el exterior que trata de convencer a los demás de que se pertenece, se está, se es, de una clase, posición, categoría, superior a lo que realmente se es, que la vida es una fiesta, quieren hacer creer. El postureo es más un deseo que una realidad.

         La honestidad es negarse a falsear la realidad y hay algunos deseos que pueden quedar objetivados en un “lo que me gustaría…” o en “lo que debería ser…”, que cierran los ojos a la realidad y se empeñan en vivir desde lo irreal. La realidad se convierte en un obstáculo, en la enemiga y, consecuentemente, la realidad pierde toda consideración. Qué difícil se hace desenvolverse, caminar  sobre un camino en el que no se cree, no te fías, y que vaya a dónde vaya nunca será el lugar que se espera, que se busca. Una vida hecha de desilusiones. Pongámonos serios, quiere decir, dejémonos de fantasías y “no dejemos para mañana lo que podemos hacer hoy”. Confiar en uno mismos, darse la oportunidad. Lo mismo que se niega la realidad, no se es consciente de la propia realidad. Por tanto despertad, dejar los miedos, la obsesión por la seguridad, no empequeñecer nuestro mundo.

         El cuento “La tienda de la verdad” de Anthony de Mello, no termina bien…

         No podía dar crédito a mis ojos cuando vi el nombre de la tienda:
LA TIENDA DE LA VERDAD. Así que allí vendían verdad. La correctísima dependienta me preguntó qué clase de verdad deseaba yo comprar: verdad parcial o verdad plena. Respondí que por supuesto, verdad plena. No quería fraudes, ni apologías, ni racionalizaciones. Lo que deseaba era mi verdad desnuda, clara y absoluta. La dependienta me condujo a otra sección del establecimiento en la que se vendía la verdad plena. El vendedor que trabajaba en aquella sección me miró compasivamente y me señaló la etiqueta en la que figuraba el precio. "El precio es muy elevado señor", me dijo. "¿Cual es?" le pregunté yo, decidido a adquirir la verdad plena a cualquier precio. "Si usted se la lleva", me dijo, "el precio consiste en no tener descanso durante el resto de su vida. Salí de la tienda entristecido. Había pensado que podía adquirir la verdad plena a bajo precio. Aún no estoy listo para la Verdad. De vez en cuando ansío la paz y el descanso. Todavía necesito engañarme un poco a mi mismo con mis justificaciones y mis racionalizaciones. Sigo buscando aún el refugio de mis creencias incontestables.
(“El canto del pájaro”. Sal Terrae)

         Vamos a pensar que el hombre del cuento no estaba preparado para aceptar, asumir, la verdad; dicho de otra manera, para cambiar, para caminar con sinceridad, veracidad, honradez, honestidad… Dos lecciones: una, las posibilidades de caer en la mentira, el engaño, está asegurada en aquel que la mentira se ajusta a sus deseos; otra, para darse la posibilidad de otra mirada, otro comportamiento, cambiar, necesito abandonar lo que ya tengo. Si damos el paso de cambiar, el cambio asegura, permite, por tanto,  otra visión de nuestra realidad y facilita la realización de lo nuevo.       

           “Ahora pues, despojados de toda maldad, fraude e hipocresía, toda envidia y difamación, apeteced, como niños recién nacidos, la leche espiritual, no adulterada, para crecer sanos; si es que habéis gustado qué bueno es el Señor” (1Pedro 2, 1-3)

         Un deseo que puede ser verdad, que de hecho en muchas personas son verdad y queda reflejada en su honestidad, en esa presencia que, como dice un poema del argentino Hamlet Lima Quintana…

        

Hay gente que con sólo decir una palabra 

enciende la ilusión y los rosales,

que con sólo sonreír entre los ojos

nos invita a viajar por otras zonas,

nos hace recorrer toda la magia.

 

Hay gente que con sólo dar la mano

rompe la soledad, pone la mesa,

sirve el puchero, coloca las guirnaldas,

que con sólo empuñar una guitarra

hace una sinfonía de entre casa.  

 

Hay gente que con sólo abrir la boca

llega hasta todos los límites del alma,

alimenta una flor, inventa un sueño,

hace cantar el vino en las tinajas

y se queda después… como si nada.

 

Y uno… uno se va, de novio con la vida,

desterrando la muerte solitaria,

porque sabe que a la vuelta de la esquina

hay gente que es así, como vos, tan necesaria.

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