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Iglesias pentecostales: ¿qué nos diferencia? ¿en qué nos desafían?

3 de septiembre de 2007

Este fue el título de la "lectio prima" del Centro de Teología "Santo Domingo de Guzmán". Dicha lectio fue impartida por fr. José Antonio Fernández de Quevedo con motivo del inicio del año escolar en este centro de estudios.

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Iglesias pentecostales: ¿qué nos diferencia? ¿en qué nos desafían?

 

En el entorno caribeño y latinoamericano, un 75% de las iglesias cristianas no católicas son pentecostales. Su matriz más activa y beligerante es el fundamentalismo, fenómeno que, en su origen fue parte en un conflicto teológico, pero evolucionó hasta ser parte muy activa en un proyecto político-religioso.

El pentecostalismo procede de la misma época que el fundamentalismo y se convirtió pronto en el principal propagador de sus principios doctrinales. En el año 2000 se calculaban en el mundo unos doscientos cincuenta millones de pentecostales.

Un examen detenido de las convergencias y divergencias entre el pentecostalismo y la Iglesia católica, tanto en lo doctrinal como en la práctica iniciática, recorriendo aspectos eclesiológicos, cristológicos, bíblicos, antropológicos, cosmológicos, escatológicos, así como las concepciones celebrativas, morales y de corresponsabilidad eclesial y compromiso social, conduce a apreciar que el terreno donde el pentecostalismo presenta sus mayores desafíos no es el de los contenidos doctrinales o los modelos de iniciación, sino el de las experiencias, los sentimientos y las emociones.

Aprovechando debilidades de la primera evangelización americana, ha remarcado los énfasis cristocéntrico y bíblico, ha ofrecido formas de organización muy participativas y ha resaltado la conversión y el sentido de pertenencia. Acentúa la subjetividad y el individualismo como núcleo de su oferta de salvación. Ha llegado a ser una nueva forma de religiosidad popular, compuesta de sincretismo religioso y experiencia emocional. Lo más exacto es decir que hablamos de un movimiento cuyos elementos religiosos, conservadores en extremo, son fuerza impulsora de un programa político.

Es, entonces, en el terreno de la experiencia donde la expansión pentecostal supone una llamada de atención para la Iglesia católica y para otras iglesias que intelectualizan mucho lo religioso, clericalizan las responsabilidades eclesiales y la evangelización, y dejan muy poco espacio a la creatividad en la celebración.