¿No sois obligados a amarlos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis? ¿Esto no sentís?
Fr. Antonio de Montesinos

Homilías

Ciclo
C
II Domingo del tiempo ordinario
17/01/2010

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Introducción Lecturas Comentario bíblico Pautas Infantil

“Alegres, irrepetibles, tremendamente humanos”.


Está viendo el comentario bíblico de: Fr. Gerardo Sánchez Mielgo
También puede ver el de: Fray Miguel de Burgos Núñez

Primera lectura: (Isaías 62,1-5)

Marco: El tema general del Tercer Isaías es la restauración de la comunidad de Israel a la vuelta del exilio de Babilonia. El capítulo 62 trata del tema, tan entrañable para Oseas, de Jerusalén como esposa de Yahvé.

Reflexiones

1ª) ¡Exaltación y reconocimiento del amor de Dios por su pueblo!

Por amor de Sión no callaré, por amor de Jerusalén no descansaré... En los difíciles momentos de la vuelta de exilio de Babilonia levanta la voz el profeta para alentar la esperanza presentando las relaciones de Dios con su pueblo a través de las imágenes de un matrimonio vivido en fidelidad e intensidad. El profeta presenta ante los ojos del pueblo, postrado por la difícil situación, la fidelidad inquebrantable de Dios. Él mantiene su palabra de fidelidad y su primer y apasionado amor. Israel sólo tiene que corresponder ante esta oferta gratuita y generosa. Es posible el futuro, porque el Dios providente que ha dirigido el pasado mantiene su compromiso. Él no rompe nunca su alianza con su pueblo. Dios no conoce el descanso en su empeño de llevar a su pueblo al cumplimiento de su misión. El clima de consuelo y esperanza que producen estas palabras es innegable. Y tratan de responder a una situación real y descarnada. Hoy como ayer es necesario anunciar que sigue vigente el compromiso de fidelidad por parte de Dios.

Segunda lectura: (1Cor 12,4-11)

Marco: En la comunidad de Corinto hay divisiones internas a causa del abuso de los carismas. En la lectura que proclamamos hoy responde Pablo a este último problema.

Reflexiones

1ª) ¡Unidad en la pluralidad!

Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu... Una comunidad compuesta por gentes marginadas, pobres y trabajadores del puerto, el Espíritu desbordó en dones de fe y carismas. Pero la historia de la comunidad muestra que esta generosidad se convirtió, por su mal uso, en autosuficiencia y desprecio de unos contra otros. La rivalidad entre ellos, a causa de los dones, hacía muy difícil la convivencia tranquila y sosegada. Pablo tiene muy presente esta realidad cuando les escribe estas páginas. El Espíritu mismo ha decidido distribuir sus dones abundantes entre todos pero para la construcción de una sola comunidad. La pluralidad de dones tiene la misión de realizar una armoniosa y rica convergencia. Los corintios no lo entendían así, de tal manera que lo que recibieron gratuitamente para construir se convirtió en una fuente de división. El origen de los dones es uno sólo, en consecuencia una sola comunidad ha de ser el resultado del ejercicio de los mismos. Hoy como ayer la Iglesia, comunidad viva de los discípulos de Jesús, ha sido llamada a cultivar comunión como punto de referencia para los hombres de nuestro tiempo. Jesús mismo lo había pedido en su oración por la unidad en la Última Cena (Jn 17, 20-21)

Evangelio: (Juan 2,1-12)

Marco: El redactor del evangelio joánico se apoyó en dos elementos para presentar la persona y el mensaje de Jesús: signos y discursos. Los signos (así los llama él) tienen la función de manifestar y expresar la gloria de Jesús (su verdadera identidad) a través de realidades milagrosas o no, consistentes en sí mismas. Toda su función es orientar la mirada hacia Jesús mismo. Los discursos tratan de desarrollar el tema iniciado y esbozado en el signo. El fragmento que proclamamos hoy es el primer signo obrado por Jesús que constituye, con los capítulos 3 y 4, la primera sección con el tema: con Jesús todo comienza de nuevo. El agua convertida en vino simboliza los tiempos nuevos, la alianza nueva, la salvación definitiva aportada por Cristo.

Reflexiones

1ª) ¡La definitiva salvación presentada como un banquete de bodas!

Había una boda en Caná de Galilea y la madre de Jesús estaba allí; Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Sabemos que la primera lectura, habitualmente del Antiguo Testamento (promesa) y la tercera lectura que siempre es del Evangelio (realidad), están íntimamente relacionadas entre sí cada una en su nivel. El Tercer Isaías nos remitía a la experiencia del amor matrimonial para expresar el amor que Dios tiene por su pueblo. Un amor vivido en fidelidad inquebrantable por parte de Dios. Sabemos también, por el relato de los evangelistas, que a Jesús le gustaba presentar el reino de Dios como una fiesta de bodas. El evangelista Juan ha elegido el marco de una boda para revelar que lo nuevo comienza por medio de Jesús. El agua que Jesús convierte en un vino de excelente calidad simbolizaba las antiguas prácticas judías, es decir, la ley y el ritual antiguo. Jesús viene a sustituirlo por algo totalmente nuevo, simbolizado por el vino excelente. Este vino, como ya lo entendían los Padres de la Iglesia, representa la nueva y definitiva alianza de Dios con los hombres. El hombre es invitado a vivir la experiencia del amor de un Dios fiel a sus promesas y a su palabra. Jesús es el encargado de dar comienzo a esta nueva realidad que culminará en el reino definitivo de Dios o en la vida eterna sin fin, como le gusta llamarla al evangelista Juan.

2ª) ¡Tarea del Hijo y de la madre!

La madre de Jesús le dijo: no les queda vino. Jesús le contestó: Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora. La madre dijo a los sirvientes: Haced lo que él diga. Este diálogo de la madre con el Hijo ha suscitado no pocas dificultades ya desde antiguo. Para comenzar nótese que cuando se dirige Jesús a su madre no la llama madre sino «mujer». Este mismo recurso utilizará en la cruz cuando la encomienda a su mejor discípulo. Esta expresión nos remite espontáneamente al comienzo de la creación donde se llama a Eva «mujer y madre de todos los vivientes». El evangelista quiere indicar a sus lectores que María tiene una misión amplia que se apoya en su calidad de madre de Jesús, pero que se extiende hasta abarcar a toda la humanidad, especialmente a los discípulos de Jesús. La tarea de María es llevar a los hombres a Jesús: haced lo que él os diga. Jesús tiene la verdadera palabra de vida. Así lo ha expresado en el prólogo de su evangelio. Y así lo afirmará Pedro: Tú solo tienes palabras de vida eterna. Es necesario dirigir la atención hacia Jesús y ponerse en camino formando parte de su discipulado. En la Iglesia de hoy siguen teniendo plena validez estas palabras del relato evangélico. La mirada de la Iglesia y de los creyentes ha de abrirse hasta abarcar a todos los hombres que son invitados, hoy también, a escuchar la palabra de Jesús y seguir sus pasos para conseguir el verdadero sentido de la vida humana.

Fr. Gerardo Sánchez Mielgo
Convento de Santo Domingo. Torrent (Valencia)
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San Esteban Editorial Este comentario está incluido en el libro: La Palabra fuente de vida. Ciclo A. Editorial San Esteban, Salamanca 2004.



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