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Entendido

Espiritualidad de las monjas contemplativas

Fundamentos de la clausura contemplativa dominicana

Monjas Dominicas. Monasterio de Santa Catalina. Santorini (Grecia)
Fray Julián de Cos, O.P. Convento de San Esteban. Salamanca (España)

En la Familia Dominicana se habla de tres tipos de clausura: la del convento, la de la celda y la del corazón. Todos estamos llamados a vivir estas tres clausuras, cada uno según nuestra forma de vida y nuestras circunstancias. Los laicos dominicos viven la clausura conventual en su hogar, junto a su familia. Asimismo, hay laicos más dados a encontrarse con Dios en su habitación y otros que lo hallan sobre todo en su corazón.

Pero, dada la importancia que tiene la vida comunitaria en nuestra espiritualidad, la clausura más significativa es la conventual. Es muy conocida la ingeniosa imagen que empleó fr. Timothy Radcliffe –siendo Maestro de la Orden– cuando, hablando de la clausura, la comparó con un ecosistema, es decir, con un ambiente especial en el que podemos ser nosotros mismos, relacionarnos fraternalmente y compartir nuestra experiencia de Dios. Por eso es tan importante salvaguardar y respetar la clausura conventual5.

Por otra parte, la clausura de la celda la viven, sobre todo, las dominicas y los dominicos dedicados al estudio. En ella pasan la mayor parte del día y en ella se relacionan con Dios no sólo estudiando, también orando, hablando por teléfono o viendo las noticias en Internet. Y, en cierta medida, eso mismo lo vivimos todos los miembros de la Familia Dominicana. Por eso, podemos decir que la celda es, para nosotros, un oratorio.

Pues bien, las monjas contemplativas, tan centradas en Dios, desarrollan otro tipo de clausura. Claro está que viven intensamente la clausura conventual junto a sus hermanas, así como la clausura de su humilde celda, a la que se retiran para orar, estudiar o dormir. Pero ellas tienen un lugar predilecto para encontrarse con su Amado, una estancia íntima donde pueden darle todo su amor. Ese lugar es su corazón.

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