El predicador es en primer lugar el hombre del encuentro y del diálogo.
Cap Bogotá n. 47
Homilías
Ciclo
C
XVIII Domingo del tiempo ordinario
01/08/2010
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"Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes"


El Diccionario de los diccionarios –si esto no es vanidad que venga Dios y lo vea–, define vanidad desde diferentes aspectos: cualidad de vano; arrogancia, presunción, envanecimiento; caducidad de las cosas de este mundo; o, entre otras, vana representación, ilusión o ficción de la fantasía. Lo vano es, asimismo, falto de realidad, sustancia o entidad, hueco, vacío y falto de solidez; inútil, infructuoso o sin efecto; insubsistente, poco durable o estable; que no tiene fundamento, razón o prueba; e incluso, arrogante, presuntuoso, envanecido.

Posiblemente, vanidad es una palabra que muchos de nosotros hemos dejado de usar, o que, al menos, no empleamos habitualmente. Y sin embargo, se nos muestra con fuerza en las lecturas que la Liturgia nos propone para este 18º Domingo del Tiempo Ordinario. Este concepto es el que modela completamente el texto del Eclesiastés y, como veremos a continuación, también se teje en el del Evangelio según san Lucas que escucharemos en la Eucaristía de este día.
 

Dña. Montserrat Escribano
CPJA-El Levantazo-Valencia
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