Vie
6
Ene
2012

Homilía Epifanía del Señor

Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría

Introducción

La imaginación popular ha puesto tantos detalles en esta festividad que, para no desviarnos del profundo misterio, es preciso tomarlos como una simple decoración. Este episodio de los magos no es sólo un relato lleno de encanto, sino que expresa la manifestación gratuita de Dios y la búsqueda esforzada de los hombres hasta caer de rodillas ante el Niño en actitud de adoración. Convertir en reyes a magos de Oriente, dando su número y su nombre e incluso su procedencia no ha sido más que una consecuencia de la importancia que se ha atribuido a esta visita, en calidad del Salvador, al niño recién nacido. Todo esto no hay que rechazarlo, pero hay que poner el acento en lo que realmente representa esta fiesta para nosotros. Desde siempre es la fiesta complementaria de la Navidad, porque la encarnación de la Palabra de Dios debía revelarse a todos los hombres. La tradición ha dado a esta fiesta el nombre de Epifanía, que significa manifestación. Para nosotros es el colofón de la Navidad. De hecho la Iglesia oriental celebra hoy el día de la Navidad y en la tradición era un día bautismal como la noche de Pascua. En realidad el bautismo se llamaba iluminación y los bautizados iluminados, porque se convierten en “hijos de la luz” (Ef 5, 8). Es necesario advertirlo para descubrir que el sentido de la fiesta está en el simbolismo de la luz.