Temas de estudio y reflexión

 

 

 

 

Comentario a la obra Jesús de Nazaret de Josef Ratzinger/Benedicto XVI

1.- Finalidad y contexto de la obra

La obra constituye una reflexión cristológica en la que desde las primeras páginas se advierten los rasgos que caracterizan el estilo teológico de Josef Ratzinger. Una reflexión profunda, expresada en un lenguaje sencillo y comprensible por todos. Un estilo literario construido con fuerza, que en ocasiones llega a afectar y apelar directamente al lector. La reflexión se desarrolla en diálogo crítico con las corrientes teológicas y filosóficas contemporáneas, y con el ambiente cultural de nuestro tiempo. Todo ello contribuye a lograr la síntesis entre pensamiento y vida; entre reflexión y vivencia de fe, que siempre caracteriza a la buena teología.

El objetivo y finalidad de la obra es ofrecer una interpretación de la figura de Jesús a partir de la confianza en los relatos del evangelio. Teniendo en cuenta los datos de la exégesis moderna “quería hacer el intento de presentar al Jesús de los evangelios como el Jesús real, como el “Jesús histórico” en sentido propio. Estoy convencido, y espero que también pueda verlo el lector, que esa figura es mucho más lógica, y desde el punto de vista histórico más comprensible, que las reconstrucciones con las que hemos sido confrontados en las últimas décadas” 1

Desde el inicio el autor deja claro el marco que configura su reflexión. Se trata de salir al paso de la cesura operada entre lo que se viene denominando el Jesús histórico y el Cristo de la fe. Ratzinger indica que hasta los años 50 los libros sobre Jesús no disociaban su condición de Hijo de Dios de su dimensión humana. Ambas correspondían a la misma persona y se presentaban unidas. Pero a partir de los años 50, y como consecuencia del avance de las investigaciones histórico-criticas, se comienzan a disociar ambas dimensiones. Las consecuencias de esta cesura son negativas para la fe. En primer, lugar se tiene la impresión que es poco lo que podemos conocer de Jesús. La fe en Jesús se ve envuelta en un ambiente de incertidumbre. Además se piensa que lo que nos presentan los evangelios está falseado y no se corresponde con la historia “real de Jesús”. Sobre el texto del evangelio se levanta una atmósfera de sospecha y desconfianza. El resultado es que la fe ve amenazado su contenido y su fundamento. Si Jesús, contenido de la fe, pierde sus contornos precisos, la fe misma se desdibuja. Si la vida de Jesús se presenta como algo incierto e impreciso, es difícil que esa vida pueda seguir motivando a la relación viva con él.

El autor de la obra expresa su diagnóstico de modo sumario en el siguiente texto: “Como resultado común a todos estos intentos permanece la impresión que, en todo caso, sabemos poco con seguridad de Jesús, y que la fe en su divinidad ha configurado posteriormente su imagen. Entre tanto esta impresión ha penetrado en la conciencia general de la cristiandad. Tal situación es dramática para la fe porque su centro auténtico se vuelve incierto: La amistad íntima con Jesús, de la que depende todo, amenaza con caer en el vacío”. 2

Ratzinger remite al conocido biblista alemán Schnackenburg para afirmar que un acercamiento a Jesús desde la perspectiva puramente histórica es insuficiente. Sin su anclaje en Dios, eje de su persona y de su vida y su obra, no se puede aclarar del todo la persona de Jesús. Por eso la perspectiva desde la que está escrita la obra es ver “a Jesús a partir de su comunidad con el Padre, que es el auténtico centro de su personalidad, sin el cual no se puede entender nada y a partir del cual Él también se nos hace presente hoy3.

3. Límites del método histórico-crítico

Lo dicho anteriormente puede levantar la impresión que Ratzinger no reconoce el valor del método histórico-crítico y la importancia de sus aportaciones en el conocimiento de Jesús. Pero este no es el caso. Parafraseando al autor, el método histórico-crítico constituye una dimensión irrenunciable del trabajo teológico, pues la fe de la Biblia se asienta en la historia. Pero reconociendo su valor irrenunciable, también se indican sus límites.

En primer lugar, y de modo general, Ratzinger señala que al método histórico crítico le corresponde una parte de la interpretación del texto bíblico pero no agota todo el sentido de la interpretación, al menos para quienes reconocen a la Biblia como un libro inspirado. Concretando los límites de este método, el autor del libro indica tres: 1) En primer lugar deja la palabra del evangelio en el pasado. No es que la reconozca como pronunciada en el pasado, es que la deja en ese pasado, al interesar solamente la relación de esa palabra con su contexto histórico. De este modo no son capaces de ”actualizarla”, de hacerla resonar hoy. 2) En segundo lugar, su objeto de estudio es solamente la palabra humana y no el “plus” que contiene. La teología reconoce hoy que la palabra de Dios es pronunciada en palabra humana. Acceder a la palabra de Dios significa acoger la palabra humana en la que se expresa, pero también ir más allá de ella. 3) Por último, el método histórico-crítico se centra en un texto concreto, pero no lo ven en relación con todos los otros textos de la Escritura, con los que forma una unidad.

A causa de estas limitaciones, el método histórico-crítico se tiene que completar con otros métodos. Ratzinger apunta a la llamada “exégesis canónica”, desarrollada en Estados Unidos hace 30 años, y que tiene como objetivo la lectura de textos particulares de la Biblia desde la perspectiva de la totalidad de la Escritura. En esa totalidad los libros de la Biblia no se encuentran sólo en relación con su contexto histórico, sino también con otros textos, a los que completan, amplían, y glosan. De este modo se percibe que la Palabra permanece abierta en un proceso de desarrollo en el que unos textos remiten a otros.

La relación de unos textos con otros, muestra que el autor del libro no es un sujeto aislado sino un sujeto colectivo, miembro de una tradición. “El autor no habla como un sujeto privado y cerrado sobre sí mismo. Habla en una comunidad viva que él no ha hecho que no es hecha por el colectivo sino que actúa una fuerza directora4.

Desde esta perspectiva se puede decir que el autor de la Escritura es un triple autor: el autor material del texto, el pueblo de Dios al que pertenece ese autor, Dios que conduce a ese pueblo.


Ibidem., p. 20.

Ibidem., p. 11

Ibidem., p. 13

Ibidem. p. 19.