Temas de estudio y reflexión

 

 

 

 

 

Predicar a los que están de vuelta

6.- Algunas conclusiones

En este momento de nuestra historia y de la vida de la Iglesia, son muchos los retos para nuestra Familia de Predicadores. Ciertamente no es fácil acercar a la gente al proyecto de vida de Jesús, a la experiencia personal del encuentro con el Dios que nos salva. Sin embargo no es menos cierto que la gente sigue haciéndose preguntas que esperan ser escuchadas y acompañas. Nos toca salir a los caminos, a las encrucijadas de la vida, allí donde la vida misma enfrenta a las personas con las preguntas fundamentales.
Escuchar será nuestro primer y fundamental servicio a nuestros hermanos y hermanas, porque solamente quienes se sientan escuchados podrán abrirse al mensaje evangélico. Desde una profunda y respetuosa escucha, que nos acerca al misterio de la vida de Dios en cada uno de sus hijos, podremos pronunciar palabras elocuentes y verdaderamente salvíficas, en un lenguaje inteligible para los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Palabras ungidas que nazcan del silencio y la experiencia de haber sido “tocados” por la Palabra. Palabras que nacen del corazón y se dirigen al corazón de nuestros hermanos y hermanas. Palabras pronunciadas con una nueva voz, polifónica, la de una Familia de Predicadores que sepa acoger en sus comunidades a quienes buscan poner un poco de verdad en su vida y compartir con ellos las propias búsquedas.

No es ésta la hora de callar, tampoco la hora de esperar a que la gente se acerque al Templo a buscar respuestas. Es la hora de salir, juntos, a los caminos, como lo hiciera Domingo de Guzmán, como lo hizo Jesús de Nazaret. Es la hora de atrevernos a hacer el camino con la gente, a buscar con ellos, a abandonar nuestras certezas, a hacernos con ellos las preguntas que de verdad importan.