Él les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso para entrar así en su gloria?» Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras.
Ante estas preguntas, y muchas otras que se hace la gente, nos toca buscar las respuestas que iluminen, que pongan algo de VERDAD, que desenmascaren las mentiras de nuestro mundo, que anuncien liberación: Jesús ha venido para que tengamos vida y vida en abundancia. Nos toca anunciar otra manera de ser felices, de ser plenamente humanos. Nos toca “explicar las Escrituras”, pero tendremos que hacerlo de forma que verdaderamente llegue a la gente. Por ahí va la labor de la teología y de los predicadores.
Hace unas semanas asistí a una en una mesa redonda donde la pregunta que se ponía sobre la mesa era “¿Qué piden los jóvenes a la teología?”. Uno de los miembros de la mesa, una joven de veintitantos años, respondía muy espontáneamente a la pregunta: “NADA”, dijo. Ciertamente a lo largo del debate la respuesta se fue matizando, y quedó claro que la teología sí le había dicho algo, pero a través de la reflexión en su comunidad de jóvenes, en la formación de catequistas, etc. La chica, que ciertamente había hecho una reflexión antes de responder a la pregunta, explicaba que sentía el lenguaje de la teología lejano, difícil, poco conectado con la vida… que había intentado acercarse a los libros teológicos… y se le caían de las manos.
Al cierre del debate el coordinador de la mesa redonda explicaba el esfuerzo que estaban haciendo para acercar la teología a los jóvenes: “prueba de ello es que este ciclo de charlas teológicas se desarrolla en este Colegio Mayor”, dijo. A mi modo de ver se le despistaba un detalle importante: los jóvenes no estaban allí, estaban en el bar, en los pasillos del colegio, en la biblioteca…¡ y la mayoría de los asistentes a la mesa redonda ya habían entrado en la edad de jubilación!
Algo está pasando. Nuestra reflexión teológica, no llega a los jóvenes, ni a la gente de a pié ¿no les interesa? Los lugares donde se hace y se debate la teología son fundamentalmente las aulas y similares… y sin embargo las preguntas están ahí. ¿No será que tenemos que llevar la teología a otros lugares y otros espacios?
Hay un pequeño cuento que me gustaría traer a colación en relación con este tema. Dice así:
Había regresado junto a los suyos que estaban ya ansiosos por saber cómo le había ido en el Amazonas, qué había descubierto...
Pero ¿cómo podía él expresar con palabras las sensaciones que habían inundado su corazón al contemplar aquellas flores de sobrecogedora belleza y al escuchar en la noche los sonidos de la selva? ¿Cómo comunicar lo que sintió su corazón cuando se dio cuenta del peligro de las fieras o cuando conducía su canoa por las aguas inciertas y turbulentas del río...?
Y les dijo: -"Id y descubridlo, experimentadlo vosotros mismos. Nada puede sustituir al riesgo y a la experiencia personales".
Mas para orientarles les hizo un mapa del Amazonas. Ellos tomaron el mapa e hicieron copias de él. Y todo el que tenía una copia se consideraba experto en el Amazonas, pues ¿no conocía cada uno los recodos del río, cuán ancho, profundo y peligroso era, dónde había remansos y donde cascada
... El explorador se lamentó toda su vida de haber hecho el mapa.
Hubiera sido preferible no haberlo hecho, porque aquellos hombres dejaron de buscar...
Quizás durante mucho tiempo le hemos dado a la gente el mapa… y ya no les dice nada. Quizás ha llegado el momento de invitarles a explorar, y explorar con ellos.
En algunos países se está haciendo ya experiencias de lo que en USA llaman “Theology on tap”. En otros lugares se están creando seminarios en las universidades con créditos académicos y formatos muy participativos, donde los estudiantes, jóvenes, ahora sí, pueden plantear sus preguntas, más que seguir un programa previamente estructurado… Algo se va haciendo ya a través de blogs y foros de debate en Internet…
Estos días hemos visto en televisión un programa curioso: “Cien preguntas para…” Los invitados a responder a tanta pregunta, al menos de momento son políticos. El formato de programa tiene su interés: hoy nadie o casi nadie lee un programa de partido antes de las elecciones. Desde luego los jóvenes no lo hacen. Quizás esta es una manera de hacer llegar a la gente un mensaje en forma de preguntas y respuestas, concreto. La gente pregunta buscando respuestas a sus cuestiones concretas, a las que de verdad le afectan. Es un espacio en que ha quedado en evidencia en unos casos la desconexión de la realidad de los políticos, en otros la vaguedad de sus respuestas y en muchas ocasiones la distancia entre lo que dicen y lo que hacen. Bueno, ahí queda la pregunta: ¿Estaríamos dispuestos a responder a cien preguntas?¿sabríamos conectar con las preocupaciones reales de la gente? ¿trasluciríamos cierta coherencia entre lo que decimos creer y lo que hacemos? Quizás valdría la pena intentarlo. ¿Qué habría pasado si hubieran invitado a los jóvenes a la mesa redonda para plantear cien preguntas a los teólogos… quizás algunos hubieran entrado… o quizás habrían debido salir los teólogos al bar para tener su debate con una caña en la mano. Parece que ya en nuestros orígenes algunos de los debates más recordados de Domingo y los cátaros tuvieron lugar en alguna posada… todos conocemos la historia.
La gente sigue teniendo sus preguntas, pero nuestros esquemas formativos no llegan. Me he encontrado con frecuencia en los grupos del Movimiento Juvenil Dominicano con una dificultad de los jóvenes para dar a la formación la atención debida. Sinceramente creo que el problema estaba, en la mayoría de los casos, en que se estaba tratando de hacerles pasar, demasiado pronto, por un esquema de formación que responde a nuestros programas más que a sus preguntas.
Evidentemente no quito el valor a los foros habituales de estudio y reflexión teológica. Están bien, pero hay que encontrar vehículos de divulgación, formas nuevas de acercarnos a las búsquedas de la gente. Lo hacen todas las ciencias: revistas de divulgación científica, artículos en los medios….Son formas de acercar a la gente lo básico del conocimiento y, al mismo tiempo invitaciones a entrar más a fondo en las cuestiones.
Entre aquellos que están de vuelta algunos se interesarán por un estudio teológico más sistemático, bueno, necesario, urgente… si logramos hacerles llegar de alguna forma la experiencia de que quizás “por ahí” pueden encontrar respuestas que les ayuden a dar razón de su fe. Y la gente de nuestro tiempo medianamente formada necesita poder dar cuerpo a su fe, hacer la reflexión necesaria para poder creer sin tener que anular su mente. Creer en Jesucristo hoy lleva a un momento en que necesitas dar razones más allá de la fe ciega e incondicional de antaño. No le podemos pedir a la gente que asuma cualquier doctrina sin más. Ahí hay un conflicto claro con la Iglesia. La urgencia del diálogo entre fe y cultura es evidente.
Como Felipe, nos vamos a encontrar eunucos por el camino, que tratan de leer la Palabra sin comprenderla… y nos toca subirnos a su carro y ayudarles con algunas explicaciones. Pero, también en este caso, el foro no es muy convencional. El eunuco, ante su propia incapacidad para entender, seguía su camino. No decidió pararse y regresar al Templo a ver si allí encontraba sus respuestas. Quizás en el Templo ni siquiera se sentía muy bienvenido.
