2.- Jesús se acercó a ellos… y les acompañaba por el camino
Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó a ellos y caminó a su lado; pero sus ojos estaban como incapacitados para reconocerle. Él les dijo: «¿De qué discutís por el camino?» Ellos se pararon con aire entristecido.
El Capítulo de Ávila nos invitaba a ser compañeros de camino de los jóvenes. En este momento de nuestra sociedad y de la Iglesia, el acompañamiento personal es, a mi modo de ver una de las claves más importantes a la hora de la transmisión de la fe. Y sin embargo faltan acompañantes. Incluso cuando se trata de acompañar a los ya creyentes, o a los agentes de pastoral, o a nuestros propios hermanos y hermanas, es difícil encontrar personas dispuestas a dar su tiempo y su energía a este ministerio de.Este es, creo, uno de los espacios y ministerios que tenemos que recuperar, y hacerlo desde nuestras dimensiones dominicanas.
Sólo a modo de pequeñas claves, apuntaría algunos aspectos que hemos de tener en cuenta a la hora de ponernos en este camino del acompañamiento:
Escuchar es el primer gesto de amor que nos debemos unos a otros, afirma Dietrich Bonhoeffer. Nuestra vida fraterna en comunidad, debería ser una escuela de escucha, en primer lugar de escucha entre los hermanos y hermanas. Cuando una persona se siente escuchada, se siente querida y esa es la puerta de entrada a cualquier anuncio. También la sociedad, como las personas, estarán abiertas a recibir mensajes en la medida en que primero se hayan sentido escuchadas. ¿Cómo escuchamos? ¿tenemos prisa? ¿ya sólo escuchan los psicólogos?
Se trata de escuchar atentamente para poder aprender el lenguaje y descubrir las coordenadas vitales de quien nos habla. Cualquier cosa que posteriormente queramos comunicar a quien nos habla será recibida si y sólo si, utiliza un lenguaje que le sea comprensible. Con frecuencia el lenguaje de los predicadores es excesivamente intraeclesial, no conecta con el lenguaje de la calle.
Escuchar es ayudar a que emerjan las preguntas, frustraciones, anhelos, deseos…. Sólo quien expresa lo que siente puede asimilar las respuestas. Ayudar a la gente, escuchando, a verbalizar, a poner palabras, a lo que realmente les preocupa.
Pero no basta con escuchar atentamente. Nuestro interlocutor espera de nosotros, lo diga o no, una cierta empatía, Cuando ésta actitud falta en nosotros, podemos dar por seguro el fin del diálogo. Empatía significa dejarnos tocar por lo que afecta al otro, ponernos en su lugar. Llorar con los que lloran, alegrarnos con sus alegrías…cambia nuestro discurso. En nuestra tradición dominicana, esta empatía con forma de compasión ha sido, desde Domingo, una clave esencial desde la que nace la predicación.
Escuchar sin juzgar. La gente ya se siente demasiado juzgada por la Iglesia. Nuestros acentos, menos moralistas y más misericordiosos, son un bálsamo necesario para la gente de este momento. Somos predicadores de la gracia, no jueces. Se trata de acoger la realidad de cada persona y anunciar el don de Dios. El encuentro de Jesús con la samaritana es uno de los mejores ejemplos de cómo la acogida incondicional del otro, ayuda a hacer el proceso que lleva al anuncio de la salvación. Acoger así es ofrecer otro rostro de Iglesia.
Devolver “en espejo”. Es este un ejercicio interesante en la práctica terapéutica. Cuando devolvemos a la gente lo que nos están diciendo, pueden ver con más claridad la verdad o falsedad de sus argumentaciones, el cómo les están afectando sus creencias… Nuestra búsqueda de la Verdad, debería hacernos especialistas a la hora de ayudar a la gente a buscar la verdad, a juzgar la verdad o falsedad de sus propios argumentos… pero eso requiere la paciencia de escuchar y devolver, de reflejarle a la gente lo que ellos mismos están diciendo y ayudarles a reformular muchas cosas.
Ayudar a entrar en el conocimiento de sí mismo. Dejar que narren su historia, para descubrir al Dios que habita esa historia. En nuestra propia tradición dominicana encontramos referencias muy valiosas, quizás poco exploradas, que nos ayudan a descubrir el camino del encuentro con uno mismo, como camino de encuentro con Dios. Taulero, Santa Catalina, Eckart… nos dan claves importantes, quizás poco exploradas, sobre el camino del conocimiento de sí, como camino de encuentro con el Dios que nos habita. No podemos descubrir a Dios fuera de nosotros mismos. Ayudar a “entrar” en uno mismo es, a demás de un camino terapéutico, el camino de encuentro con el Dios que nos salva. La luz habita a la persona y la sociedad que tengo frente a mí…. Aún cuando no sepan reconocerlo.