El Camino de Santiago
Con motivo del Año Santo Compostelano 2010, las peregrinaciones a Santiago se han multiplicado de una manera fascinante. El Camino de Santiago sigue siendo un foco de atracción como hace siete u ocho siglos, un camino de cultura, de encuentro, de belleza, y desde luego, de espiritualidad y devoción.
Quizás un poco oculto bajo la publicidad de turismo rural, deporte, atractivos gastronómicos y artísticos, está precisamente el objetivo último, Santiago el Mayor, el amigo y apóstol de Jesús, pero no se puede negar que todo peregrino que hace el Camino logra captar algo del sentido espiritual que éste tiene.
Ese sentido profundo que se mu estra en la doble dimensión más cristológica, la más humana de un peregrinar en fraternidad con otras personas con las que te vas cruzando y que significa apertura, ayuda, encuentro, comunicación y amor… y la profunda y mistérica de un encuentro trascendente con una realidad que está más allá de lo real, pero que por momentos se siente y se intuye como más real que lo real, la dimensión de un Dios que está presente en todo y en todos y con el que se puede entrar en contacto y comunión, en comunicación con Él…
Creo que más allá de saber si el Apóstol Santiago realmente está enterrado en Compostela o no, de si sus restos martirizados en Jerusalén fueron trasladados hasta el “Finis-Terrae”, de cómo se descubrió, o cómo motivó a los cristianos en la Reconquista la figura de Santiago, está esa dimensión profunda que el Camino logra y que es imagen del camino de la vida.
Primero, el proceso del hombre que consigo mismo se descubre, camina, se conoce y se construye sin necesidad de más cosas que lo esencial, sin tantas máscaras ni cacharros que proporcionan falsas construcciones y compensaciones del yo. Segundo la dimensión social del camino, lo fraterno que significa y que logra acercar a los hombres entre sí, hacerles más próximos, más solidarios, más serviciales, más desprendidos. Y desde luego, tercero, el sentido profundo de encuentro con Dios y en el que la figura de Santiago sigue siendo testigo del Maestro, la del encuentro con el Dios-Trinitario, con el testimonio del Dios de Jesús de Nazareth, un Dios cercano, cariñoso, creador, amigo del hombre y presente en todo lo creado.
El Con Acento es una colección de reflexiones que a modo de
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