Dom
5
Abr
2020

Homilía Domingo de Ramos

Año litúrgico 2019 - 2020 - (Ciclo A)

Hecho obediente hasta la muerte

Introducción

El Domingo de Ramos es el pórtico de la Semana Santa, pórtico bajo el que hay que pasar para seguir caminando hacia la Pascua. La misa solemne comienza con la lectura del Evangelio de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Todos los evangelistas nos narran este episodio, lo que indica su importancia para comprender el misterio de Cristo. Luego se bendicen los ramos y se inicia la procesión.

El origen de esta procesión se remonta por lo menos al año 383. Desde esta fecha la Iglesia de Jerusalén organizaba una procesión en la que se invitaba a todos los peregrinos que estaban en la ciudad a ir desde Betania a Jerusalén, llevando ramos en sus manos en recuerdo de la entrada triunfal de Jesús en la ciudad Santa. Esta costumbre se extendió por todo el Oriente. En el siglo VII se introdujo en España y probablemente también en Las Galias.

En Roma, en el siglo V en este domingo se proclamaba solemnemente el relato de la Pasión; y hasta el siglo XII no se menciona en los libros litúrgicos una procesión. Después del concilio de Trento en la Iglesia Latina se juntó lo que se hacía en Jerusalén (procesión de ramos) con lo que se hacía en Roma (celebración de la Pasión). Cada una de estas partes se celebraba con ornamentos de distinto color y con oraciones propias para cada parte.

La reforma litúrgica de la Semana Santa llevada a cabo por el papa Pío XII en 1956 estableció la celebración del Domingo de Pasión el domingo anterior al Domingo de Ramos, aunque en este último se seguía haciendo la lectura solemne de la Pasión.

La reforma litúrgica del papa Pablo VI suprimió el Domingo de Pasión, y dio a este domingo previo a la Pascua el nombre de «Domingo de Ramos en la Pasión del Señor».

Desde el año 1985, a iniciativa del papa Juan Pablo II, en todas las diócesis del mundo se celebra en este domingo la fiesta de los jóvenes; con ella el papa polaco quiso invitar a todos los jóvenes católicos a permitir que Cristo entrara en sus vidas y a proclamar, con su testimonio, la presencia y soberanía del Señor sobre el mundo.

Los ramos bendecidos al comienzo de la Eucaristía son el signo de la victoria de la vida sobre la muerte y el pecado.

El tono festivo con el que comienza la Eucaristía se transforma enseguida en un tono grave mediante las lecturas que se proclaman en este día, especialmente con la lectura solemne de la Pasión del Señor.