Me siento ontológicamente dominico
Yves M. Congar

04/07/2009 .

I. Contemplamos la Palabra

Primera lectura: Génesis 27, 1-5. 15-29

“Isaac le dijo a Jacob: acércate y bésame hijo. Él se acercó y le besó, y al aspirar Isaac el aroma de sus ropas lo bendijo.”

Evangelio: San Mateo 9, 14-17

“¿ Es que pueden guardar luto los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?. No se echa vino nuevo en odres viejos.”

II. Compartimos la Palabra

Llama la atención que la Palabra de Dios comience hoy con un explícito engaño, a saber, siendo Esaú el depositario legítimo de la bendición de su padre Isaac, es el hijo menor quien la recibe. Jacob, inducido por su made Rebeca, y aprovechando la ceguera del padre, se hace pasar por su hermano mayor disfrazándose con piel de cabrito. Por si fuera poco el capítulo 25 nos narra la astucia de Jacob que, sacando partido del hambre de su hermano, consigue los derechos de primogenitura a cambio de un plato de lentejas. Lo curioso de todo esto es que en ningún momento el libro del Génesis condene estas dos burlas.

¿Puede la Palabra de Dios aprobar el engaño y la falta de honradez de un hermano frete a otro?; ¿no chirrían estas narraciones con un Dios celoso de la justicia y amante del corazón limpio del ser humano?

Quizá el centro de atención de estos textos patriarcales no sea tanto la trama, mejor o peor intencionada, de los personajes, cuanto el verdadero interés que mueve a Jacob por acoger y disfrutar la misericordia y la vida llena de bendiciones que Dios le brinda. Lo importante no es si Jacob cumple con el papel que le ha tocado jugar en la vida, sino el lugar que quiere ocupar frente a su Dios.

A Jesús y a sus discípulos les pasa algo parecido. Tampoco cumplen con lo reglado. Es por eso que son llamados al orden por los fariseos: ¿Por qué nosotros sí ayunamos y tus discípulos no lo hacen? Jesús no se entretiene en profundas razones y responde desde la más sencilla evidencia: no pueden guardar luto los invitados a la boda.

Vivir desde la presencia y la vida de Dios es toda una aventura, una experiencia a la que a veces no se accede desde el camino convencional ni desde las pautas ya marcadas. Dios es imprevisible, Dios ilusiona, Dios arrebata y cautiva el corazón del que sueña con algo diferente. Es esta, sin duda, la experiencia de los primeros seguidores de Jesús que, dejándolo todo, le siguieron. Es ésta la experiencia de todos aquellos, hoy santos, que se arriesgaron a volar porque se dejaron seducir por Dios.

Esaú cometió un profundo error, vender su primogenitura. Su falta de talento y de interés lo apartó hacia lo convencional, hacia lo esperado, hacia la falta de vida. Tras este episodio apenas sabemos nada más de él, el libro del Génesis lo condena al silencio.

Y nosotros nos preguntamos, cuánto de vida nos estaremos perdiendo muchos cristianos por conformarnos con un simplemente apetecible plato de lentejas.

Comunidad El Levantazo
CPJA - Valencia

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