Me siento ontológicamente dominico
Yves M. Congar

01/07/2009 .

I. Contemplamos la Palabra

Primera lectura: Génesis 21,5.8-20

“Abrahán tenía cien años cuando le nació su hijo Isaac. El chico creció y lo destetaron, y Abrahán dio un gran banquete... Un día Sara, su mujer, dijo a Abrahán: expulsa a la criada Agar y a su hijo, porque el hijo de esa criada no va a compartir la herencia con mi hijo Isaac. Abrahán se llevó un disgusto, pues ése era también hijo suyo. Pero Dios dijo a Abrahán: no te aflijas por el muchacho y la criada...; también a él lo convertiré en un gran pueblo. Abrahán madrugó, tomó pan y un odre de agua, se lo cargó en los hombros a Hagar y la despidió con el muchacho...”

Evangelio: San Mateo 8,28-34

“En aquel tiempo, llegó Jesús a la otra orilla, a la región de los gerasenos… dos endemoniados salieron a su encuentro... Y le dijeron a gritos: ¿has venido a atormentarnos antes de tiempo?… si nos echas, mándanos a la piara. Jesús les dijo: Id. Salieron y se metieron en los cerdos. Y la piara entera se abalanzó acantilado abajo y se ahogó en el agua”.

II. Compartimos la Palabra

  • Dios y la fidelidad 

Nuestro Dios es un Dios fiel. La persona humana debería corresponder con la misma  moneda y ser fiel. Pero, aunque no lo sea, y no lo es con frecuencia, Dios sigue siendo fiel. “El Señor se fijó en vosotros no porque fuerais más numerosos que los demás pueblos (pues sois el más pequeño de todos) sino por el amor que os tiene y para cumplir la promesa hecha a vuestros padres… Reconoce, pues, que el Señor tu Dios es un Dios fiel” (Dt 7,7-9).

Hoy vemos la fidelidad de Dios con Abrahán, cuando humanamente hablando parecía que fuera ya imposible. Y nace Isaac, el hijo de la promesa, que dará origen a una gran descendencia. Y llena de alegría el corazón el Abrahán.

Pero Dios es fiel también con el hijo de la esclava, a pesar de que, por los celos de Sara, Abrahán se vea obligado a despedirle junto con su madre. Y, por la fidelidad de Dios, Ismael se convertirá en el padre de los ismaelitas y de los árabes.

  • Jesús, el liberador

Los endemoniados del Evangelio eran más que enfermos. Al sentirse poseídos por algún ser maligno, se consideraban sometidos a su poder extraordinario e inhumano. Generalmente no podían hacer nada para liberarse de aquellas ataduras.

El milagro de Jesús hoy sobre los endemoniados de Gerasa tiene rasgos que se nos escapan, y que posiblemente tengan un valor más simbólico que real. Pero, la finalidad es la misma de otras liberaciones y curaciones. Jesús se muestra superior al mal, al “malo”, y hace lo que sea por humanizar y liberar a todo aquel que pueda encontrarse esclavo del pecado, de la enfermedad o de una posesión diabólica.

Tres posturas diferentes: la de los gerasenos que lo que quieren es “sus cerdos” e invitan a Jesús a que se aleje de ellos, aunque, sin Jesús, lo que les quede sea “cementerios, endemoniados y caminos intransitables: la de aquellos que buscan “su” liberación, sin preocuparse de la de los demás, y, finalmente, la de quienes anhelan y buscan ser y sentirse libres para poder liberar más fácilmente a todo el que, de una forma u otra, pueda estar encadenado. La apuesta de Jesús está por estos últimos.

Fray Hermelindo Fernández Rodríguez
La Virgen del Camino

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