Dom
6
Feb
2011

Homilía V Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2010 - 2011 - (Ciclo A)

Vosotros sois la luz del mundo

Introducción

El Evangelio de este domingo nos sitúa en el contexto del sermón de la montaña. Estamos al inicio de la aventura de Jesús. Ha comenzado en Galilea reclutando discípulos. Ahora los instruye. Su doctrina es provocadora por inaudita. Los pobres, los que lloran, los pacíficos, los que responden al mal con el bien son los dichosos y felices.

Con las bienaventuranzas ha marcado el perfil de sus seguidores. El hombre, la humanidad que Jesús propone y exige a los suyos es la auténtica, aquella que salió de las manos del Creador, la modelada a su imagen y semejanza, la que Jesús mismo representa.

Ahora culmina la catequesis con unas afirmaciones ricas en simbolismo, sus seguidores, los que escuchan su palabra y la siguen, son sal y son luz y lo son no sólo para sí mismos sino para el mundo, por su medio la luz de Cristo alumbrará a todos y darán sabor y sentido a todo vivir.

Isaías adelanta lo que será la predicación de Jesús, el mensaje de las bienaventuranzas: ”Parte tu pan con el hambriento, hospeda al sin techo, viste al desnudo y no te cierres a tu propia carne.” La bondad, la misericordia, la compasión serán la luz que destruirá toda tiniebla y serán el reclamo que nos hará presente al Señor: “Aquí estoy”, su presencia se manifiesta en aquellos que hoy la crisis económica nos ha vuelto a traer cerca. (Cfr.Isaías 58, 7-10).

Por su parte el salmista nos habla de una luz, la luz aportada por el Mesías. Será vana la predicación que no vaya avalada por gestos de compasión y liberación.

San Pablo advertirá al predicador, al testigo que no es con elocuencia y sabiduría humana con la que llegará al corazón del hombre. No es la valía del predicador, no es su fuerza persuasiva, es el poder del Espíritu y lo avala con su conmovedora experiencia: “me presenté a vosotros débil y temblando de miedo”.

La liturgia de este domingo condensa todo el hacer y todo el ser cristiano. Los textos propuestos están coordinados por una idea, la que define el programa cristiano, es decir, la idea de hacer el bien.