La ascensión supone el fin de las manifestaciones de Jesús tras la resurrección. Es su última manifestación a los apóstoles, y lo hace subiendo al cielo, para estar “sentado a la derecha de Dios Padre” como decimos en el Credo y predicaron los apóstoles. Es, pues, la manifestación visible del triunfo del crucificado: aquel, a quien todos pudieron verle crucificado, ahora, coronado de gloría, está en el cielo, como juez y señor de todo lo creado.
Las lecturas siguen el Calendario Litúrgico del Vaticano con algunas variaciones en días puntuales debido a las fiestas propias de la Conferencia Episcopal Española y del Calendario propio de la Orden de Predicadores en España