Pasaba los dias y las noches en la iglesia dedicado sin descanso a la oración
Testigos de canonización
Juan González Arintero - Introducción

 

Introducción 

Primeros años Magisterio Espiritual Amor misericordioso
Evolucionismo y mística  Evolución doctrinal   Crecimiento de la vida espiritual
Salamanca y Valladolid Cuestiones místicas Contemplación adquirida
Profesor del Angelicum Vida Sobrenatural Conclusión

                                                                        

 

Fray Juan González ArinteroFray Manuel Ángel Martínez de Juan, OP

            Como dijo ya en su día el P. Aldama, hay palabras que definen a una persona. En el caso del P. Arintero la palabra clave es evolución: “Un día vislumbró los secretos de la evolución natural, y se lanzó a estudiarlos. Otro día vislumbró los horizontes de la evolución espiritual, y se consagró por entero a exponerlos”[1]. Recogiendo esta idea, Álvaro Huerga dirá que en la palabra evolución está encerrado el secreto de su obra, de su ventura y desventura, de su misma vida[2]. Pero se trata siempre de una evolución dirigida por Dios. Arintero entendió que en su propia vida había también una evolución hacia Dios.

            Según nos dice otro buen conocedor de su trayectoria: “La «evolución», que él captó como palpitante en el fondo de todas las grandes cuestiones, no sólo fue la característica que interesó su pensamiento. Su propia vida fue una subida trabajosa hasta llegar a la cima de todas las evoluciones, la evolución mística. Con todo acierto se ha escrito que «el sabio de la evolución fue también, y sobre todo, el santo de la evolución»”[3].

            Su doctrina espiritual no es fruto únicamente de sus numerosas lecturas, sino también de sus propias vivencias y de sus encuentros con personas experimentadas en el terreno de la mística.


 

[1] “Semblanza interior del P. Arintero”, La Vida Sobrenatural 33 (1953) 82.

[2] “La «evolución»: clave y riesgo de la aventura intelectual arinteriana”, Studium 7 (1967) 130.

[3] V. T. GÓMEZ, “Relieves de la vida y de la obra de Juan G. Arintero, O.P. (1860-1928)”, Teología Espiritual 22 (1978) 181. La frase final entrecomillada procede de Marceliano LLamera, “La sobrevivencia del P. Arintero”, La Vida Sobrenatural 56 (1954) 11.

 



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