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El relato programático de las tentaciones de Jesús en el desierto, envuelto en el molde cultural de su tiempo, nos introduce en el nuevo escenario litúrgico de la Cuaresma. Tentaciones que le acompañarán a lo largo de su vida: “tentado en todo como nosotros, excepto en el pecado” (Heb 4,15) para concluir con la prueba definitiva en lo alto de la cruz: “¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?” (Mc 15,34). Como ocurrió con su pueblo, Jesús “fue llevado al desierto para ser tentado y conocer lo que había en su corazón” (Dt 8,2). ¿Estaba dispuesto a secundar la misión inherente a su condición bautismal de “Hijo amado de Dios”?
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