
En un momento histórico en el que la mujer lucha por sus derechos en el ámbito social, político y religioso, la liturgia nos presenta a la “bendita entre las mujeres” (Lc 1,42) Dios no hace distinción de género, por el contrario, resalta la condición femenina de María como mujer de fe y como madre, portadora de la alegría de la salvación, porque es amada y favorecida por Él.