Nuestras palabras deben edificar la comunidad de la Iglesia a la que amamos, atreviéndonos a hablar con verdad
Fr. Timothy Radcliffe

Homilías

Ciclo
C
XV Domingo del tiempo ordinario
11/07/2010

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Introducción Lecturas Comentario bíblico Pautas Infantil

"¿A quién debemos amar?"


Está viendo el comentario bíblico de: Fr. Gerardo Sánchez Mielgo
También puede ver el de: Fray Miguel de Burgos Núñez

 

Primera lectura: (Deuteronomio 30, 10-14)

Marco: El contexto es tercer discurso de Moisés* que contiene amonestaciones y exhortaciones, orientadas a recuperar y fomentar la fidelidad al Señor. Reflejan la experiencia de tres siglos de predicación profética exhortando al pueblo a la fidelidad para con Dios. La lectura de hoy insiste en la conversión y cumplimiento de la ley. Inspirados en Jr 31, recalcan que la ley de Dios está escrita en la intimidad del hombre y, por tanto, puede cumplirla siempre y en todo lugar.

Reflexiones

1ª) ¡Dios busca la obediencia del corazón que conduce a la libertad!

Los mandamientos son la expresión de la voluntad de Dios que conduce a la vida, sintetizado en este axioma: obedece y vivirás. Realizar los mandamientos (es la frase habitual del Dt) es entrar y vivir en comunión con la voluntad de Dios que es liberadora; más aún, es la fuente misma de la libertad. Practicar los mandamientos no conduce a la pérdida de la propia dignidad humana, predican los deuteronomistas. Todo lo contrario, es una fuente de realización humana. Es necesario, por tanto, hacer un cambio profundo en el corazón* para encontrarse con la voluntad de Dios. Es otra de las características de esta teología: hay que alcanzar al corazón, es decir, hay que llegar a la intimidad del hombre, donde se fraguan sus proyectos y decisiones. Este es uno de los esfuerzos más insistentes en la predicación profética de la que los deuteronomistas son herederos. Allí deben llegar los mandamientos como expresión de la voluntad de Dios que son. Además hay que prolongar esta realización de los mandamientos durante toda la vida (nefesh* en hebreo significa la vida total), sin fisuras, sin recortes, sin reservas. Es necesario poner toda la vida a contribución de este programa establecido por Dios. Hoy como ayer estas palabras siguen teniendo vigor y siguen ofreciendo al hombre una oportunidad de realización humana, ya que le invitan a tomar sus decisiones en su conciencia, sin dejarse arrastrar por otras motivaciones. Lo que procede de dentro e impulsa al compromiso diario es lo que hace libre al hombre y da sentido a su vida. En la lectura evangélica de hoy el propio Jesús remite a esta teología deuteronomista para indicar, al letrado que le interroga, por dónde se debe caminar para conseguir la vida eterna. El mandamiento está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca. Cúmplelo. Estas palabras son un eco fiel del gran mensaje de Jeremías. Ya hemos recordado que los deuteronomistas recogen el mejor fruto y resultado de la predicación profética. Pero entre ellos, el profeta Jeremías ocupa un lugar preferencial. Jeremías es el profeta más preocupado porque el pueblo ha de volver a la intimidad del corazón (Jr 31,31-34; 32,40).

Segunda lectura: (Colosenses 1,15-20)

Marco: Proclamamos el himno de la carta a los Colosenses. Un himno compuesto para afirmar la supremacía de Cristo en todos los órdenes: el de la creación y el de la salvación. Cristo Jesús ni tiene ni admite rivales que le opongan una competencia en su misión y tarea.

Reflexiones

1ª) ¡Dios contempla complacido a su Hijo para realizar la obra creadora!

Cristo Jesús es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura... todo fue creado por él y para él. Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él. La Escritura insiste una y otra vez en que la Sabiduría estaba presente cuando Dios creaba el mundo (Sir 24,3ss; 1,4ss). El autor de la carta a los Colosenses hace suya esta preparación veterotestamentaria y la asigna a Cristo Jesús, imagen del Creador. Es a la vez origen y meta, puesto que todo fue creado por Él y para Él. Ya existía antes del tiempo. Por eso, nada puede rivalizar con Cristo Jesús. Estas afirmaciones del autor de la carta no son especulaciones teóricas, sino todo lo contrario: son la respuesta a problemas reales que se suscitaron en sus comunidades por influencias extrañas al Evangelio. Estas influencias comprometían la singularidad y primacía de Jesús como centro de la creación y de la salvación. Hoy sigue teniendo vigencia este mensaje porque de nuevo surgen muchas preguntas sobre la legitimidad de las afirmaciones sobre Jesús único y universal. El apóstol nos enseña que en Él se centra la creación entera. De múltiples formas se realiza su presencia entre los hombres. Donde exista una centella o chispa de verdad allí está la presencia de Cristo Jesús en quien reside la plenitud de la divinidad, porque reside en Él la Palabra de Dios en Persona.

Evangelio: (Lucas 10,25-37)

Marco: Proseguimos el viaje hacia Jerusalén. Hoy reflexionamos sobre la hermosa parábola del buen samaritano. ¿Una parábola de Jesús o un relato ejemplar?. Introduciendo un samaritano se abre el horizonte de la salvación.

Reflexiones

1ª) ¡Heredar la vida eterna, definitiva esperanza del hombre!

En tiempos de Jesús se discutía en las escuelas rabínicas sobre el orden a establecer en los mandamientos. Bien es verdad que en las versiones del decálogo aparecen en un orden fijo. Pero no obstante, los rabinos* discutían sobre la jerarquía de los mandamientos. Acaso también se le interrogara para comprometer el magisterio de Jesús. Jesús invita al interlocutor letrado a dirigir la mirada al Deuteronomio (a la primera lectura que hoy hemos proclamado y al capítulo 6, 3ss). Jesús remite a las fuentes y las sanciona definitivamente. Hay un mandamiento que se desdobla en dos y que resume toda la ley y la predicación profética. Dios ha de estar en el centro de los anhelos de los hombres: corazón, vida y las demás posibilidades que engloban la realidad humana en todas sus manifestaciones. Porque esto es lo que engrandece a los hombres y les conduce a la vida sin fin. Jesús sabe muy bien dónde se encuentra el sentido de la verdadera realización humana. Pero sólo es auténtica esta primacía de Dios, si inmediatamente después aparece el hombre como objeto del amor y de la solicitud hacia los demás. Jesús ha introducido la novedad de que los dos aspectos del mandamiento son ya para siempre inseparables: no es posible amar a Dios, al que no se ve, si no se ama al hombre al que se ve. El auténtico amor de Dios empuja al amor de su imagen viva que es el hombre; y el amor del hombre, hasta dar la vida por él, si fuera necesario, es la señal más auténtica, fiable y creíble del amor de Dios en el corazón del hombre. Solo así es un testimonio convincente.

2ª) ¡Toda persona humana es un prójimo!

¿Y quién es mi prójimo?... En el plano narrativo, la imagen elegida por Jesús es muy sugerente. Sabedores de las relaciones entre los judíos y los samaritanos*, por una parte, y la comprensión de pureza ritual que tiene el mundo sacerdotal y levítico, por otra, podemos percatarnos de la valentía de Jesús al proclamar esta parábola o relato ejemplar para identificar al prójimo. Ante la pregunta, entre inquisitiva y maliciosa, del letrado acerca de dónde encontrar al prójimo, Jesús respondió con este relato. Las parábolas* son la expresión del alma de un verdadero poeta e indiscutible comunicador de la Buena Nueva. Este relato intenta poner ante el letrado una situación límite. Los piadosos de Israel, los escrupulosos con la Ley, pasan de largo ante la necesidad evidente del hombre malherido. Precisamente el samaritano, el odiado por Israel, inmediatamente se acerca al que lo necesita porque no tiene los escrúpulos que retraen al sacerdote y el levita. Es el encuentro de un hombre frente al hombre necesitado y actúa sin mayores problemas ni planteamientos. El prójimo es cualquier persona necesitada de ayuda o simplemente de compañía, solidaridad o comprensión. Jesús entiende por prójimo cualquier persona, cualquier ciudadano del mundo, imagen y semejanza de Dios. En nuestro mundo necesitamos volver a esta presentación y comprensión de Jesús.

3ª) ¡Anda y haz tú lo mismo!

En la teoría era fácil la respuesta. Otra cuestión para el letrado era la práctica: ¿un samaritano ayudando a un judío? ¿Un samaritano es el elogiado por Jesús? ¿Un samaritano puede ser modelo ejemplar para un judío? ¿No sería al revés? He ahí las paradojas que aparecen en la predicación y praxis de Jesús. Ciertamente el letrado respondió atinadamente. Pues solo resta una solución y una salida: que el judío haga lo mismo que el samaritano y así agradará al Dios invisible que reconoce y adora como único Dios y Señor que se le hace presente incluso en un extranjero y odiado samaritano. La misericordia está por encima del culto. Esta fue la actitud mantenida fielmente por Jesús. Porque Él sabía muy bien que esto es lo que agradaba a su Padre celestial “que hace llover sobre justos y pecadores y envía su sol sobre judíos y paganos”. En Jesús se ha producido una ruptura radical. ¿Es un apóstata de la Ley de Israel? ¿Es un intérprete, el único válido intérprete, de la misma? Esta parábola orienta en dos direcciones: al letrado y a sus correligionarios les hará reflexionar; al resto de oyentes les aliviará. No es Jesús un traidor a la Ley, sino que la lleva a su plenitud. Y esta parábola revela uno de los rasgos más importantes de lo que hay que entender por llevarla a su plenitud y cumplimiento. Hoy como ayer, es necesario volver la mirada al comportamiento de Jesús. Sólo de esta manera el Evangelio seguirá teniendo fuerza y vigor en medio de nuestro mundo.

Fr. Gerardo Sánchez Mielgo
Convento de Santo Domingo. Torrent (Valencia)
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San Esteban Editorial Este comentario está incluido en el libro: La Palabra fuente de vida. Ciclo A. Editorial San Esteban, Salamanca 2004.



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