Es a las culturas nacidas lejos del evangelio, a los lugares en que el nombre de Dios no suena, donde somos enviados de manera especial
Fr. Vincent de Couesnongle

Evangelio del día y comentarios a la Palabra diaria

Año
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Viernes 12 de junio de 2009
Décima Semana del Tiempo Ordinario

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Lecturas y comentario

I. Contemplamos la Palabra

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 4, 7-15

Hermanos:
El tesoro del ministerio lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros.
Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; estamos apurados, pero no desesperados; acosados, pero no abandonados; nos derriban, pero no nos rematan; en toda ocasión y por todas partes, llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.
Mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte, por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. Así, la muerte está actuando en nosotros, y la vida en vosotros.
Teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé», también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también con Jesús nos resucitará y nos hará estar con vosotros.
Todo es para vuestro bien. Cuantos más reciban la gracia, mayor será el agradecimiento, para gloria de Dios.

Sal 115,10-11.15-16.17-18 R/. Te ofreceré, Señor, un sacrificio de alabanza

Tenla fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.» R/.

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo, siervo tuyo,
hijo de tu esclava: rompiste mis cadenas. R/.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo. R/.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 27-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído el mandamiento "no cometerás adulterio". Pues yo os digo: El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior. Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el infierno. Si tu mano derecha te hace caer, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al infierno. Está mandado: "El que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio." Pues yo os digo: El que se divorcie de su mujer, excepto en caso de impureza, la induce al adulterio, y el que se case con la divorciada comete adulterio.»

II. Compartimos la Palabra

  • Nuestra realidad: la fuerza, la debilidad y… la fuerza especial

No todas las experiencias de los cristianos son comunes. Los cristianos del siglo I están rodeados de unas circunstancias personales y ambientales, que hace que su seguimiento de Jesús sea distinto, en algunos puntos, al de los cristianos del siglo XXI. Sin embargo, todos los cristianos, de cualquier tiempo, tenemos experiencias comunes. Todos los cristianos estamos revestidos de fuerza y de debilidad humanas, al mismo tiempo que de fuerza divina. Y con estos tres elementos afrontamos vivir y difundir el tesoro que llevamos en nuestras manos humanas y… divinas, con las consecuencias que esto lleva consigo. “Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no provine de nosotros”. Esto es lo que hace que nunca nos sintamos “aplastados, desesperados, abandonados, rematados”… aunque, en ocasiones, sí “apretados, apurados, acosados, derribados”. Sabemos que el Señor Jesús habita en nuestros corazones, y nos regala su amor, su fuerza. Sabemos bien que la victoria final será nuestra, porque el Señor nos va a regalar la resurrección a una vida plena, donde su fuerza va a curar para siempre nuestro barro, nuestra debilidad y sus consecuencias.

  • “Si tu ojo… sácatelo y tíralo”

Sospecho que cualquiera de nosotros, cuando oímos por primera vez, con uso de razón cristiana, estas palabras de Jesús pidiéndonos que nos arrancásemos el ojo, la mano, el pie si nos hacían “caer”, quedamos un tanto desconcertados y nos parecieron abusivas. Jesús nos pedía demasiado. Pero poco a poco, cuando nos hemos ido adentrando en la intimidad de Jesús, las hemos ido comprendiendo. Si hemos elegido, siempre con su ayuda, seguirle a Él porque era lo que nos daba sentido y nos hacía disfrutar de la vida, es lógico que nos pida que si algo, el ojo, la mano, el pie, no nos deja disfrutar de ese tesoro, lo echemos fuera de nosotros y sigamos disfrutando del tesoro encontrado. Que nunca aceptemos lo que nos hace caer, lo que nos impide gozar y vivir con sentido y alegría.

Fray Manuel Santos Sánchez
Real Convento de Predicadores (Valencia)
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