Semana Cuarta
Día Tercero |
|
Romanos 8,12-17
 |
-Lee
|
 |
-Reflexiona
|
 |
-Escribe
|
No somos
deudores de la carne. Si vivís según la carne, moriréis; pero si, por el
Espíritu, hacéis morir los desórdenes del hombre pecador, viviréis.
Pablo nos ha presentado la salvación en Jesucristo
como una liberación de la muerte, del pecado y de la Ley. Pero es una
liberación que hay que ir completando sin cesar. Encontramos aquí la
comparación habitual en san Pablo, entre la carne y el espíritu.
La carne, para san Pablo, no es principalmente el
cuerpo humano, es el hombre entero cuando se ha apartado de la mirada de
Dios
Resumiendo y en líneas generales, cada vez que en
los textos de san Pablo encontramos la palabra carne, podríamos
remplazarla por el hombre sin Dios.
El espíritu es precisamente lo contrario, no es el
alma solamente, es el hombre entero en cuanto que animado por Dios.
Todos aquellos
que se dejan conducir por el Espíritu de Dios, éstos son Hijos de
Dios
Dejarse conducir
Dejarse conducir
¡por Dios! He ahí lo que reemplaza totalmente a la Ley. He ahí lo que mata
toda actitud demasiado moralizante, incluso la del hombre sin Dios para
quien el único ideal, y es normal, consiste en evitar el mal y hacer el bien.
Para el cristiano ya no hay Ley, basta dejarse conducir por el Espíritu de
Dios. ¡Es una inmensa simplificación de la moral! Pero esto no es nada fácil,
en absoluto. Pues no se acaba
nunca. Se pasa de una regla, con la cual se puede estar en regla
cuando se ha cumplido y ¡ya está!-
a un amor de Alguien, con el cual
siempre se puede avanzar más.
El Espíritu
que habéis recibido no hace de vosotros unos esclavos llenos de
miedo
Es un Espíritu que os hace hijos
Pasar a unos sentimientos filiales con Dios. ¡Desterrar
el miedo! No con un espíritu de esclavitud, sino con un espíritu de filiación,
de adopción. La palabra adopción puede ayudarnos a reflexionar. En el
caso de una adopción de un niño, la tradición judía hablaba de hijo de
su bondad, la palabra subraya el aspecto de cosa escogida, de elección de
amor, del que adopta un niño. Señor así es como Tú nos amas, como una
madre ama a su hijo.
Señor, es así como Tú esperas de nosotros el
afecto y no el miedo. Ayúdanos a no considerar jamás nuestra vida cristiana
y las renuncias que ésta comporta, como las cadenas que arrastra un esclavo.
Tú esperas de nosotros la alegre decisión de un
hombre libre, de un niño que obedece contento a sus padres muy amados. Un
hombre que te obedeciera solamente por miedo, no te interesa, Señor.
Empujados por
este Espíritu, clamamos al Padre llamándole: Abba, Padre.
Ese término hebreo usado por san Pablo
voluntariamente es la palabra familiar de los niños pequeños judíos de la
época: papá. Ese término no fue nunca usado en al Biblia, ni en el
vocabulario religioso del judaísmo, ¡es una invención de Jesús! Fue el
primero que se atrevió a emplear
ese término familiar y cariñoso para hablar de Dios. Es la palabra usada al
comienzo del Padrenuestro. Tenemos que detenernos sobre esta palabra.
Repetirla sin cesar. Sólo este nombre puede alimentar toda una oración.
Es lo que hacía santa Teresa de Jesús.
El Espíritu
Santo mismo se une a nuestro espíritu para decirnos que somos sus
hijos, sus herederos.
Experiencia de la presencia mística del Espíritu en
nuestro espíritu.
Reza
tus oraciones finales.

|