DOCUMENTO DE BOLONIA SOBRE FAMILIA DOMINICANA - 1983

 

1. Prólogo

Dios llama continuamente a los hombres de las tinieblas a la luz de la Buena Nueva de Jesucristo. Él ha llamado siempre a hombres y mujeres para alabarlo predicar su nombre. Domingo sintió esta llamada en el grito de los hombres y mujeres de su tiempo y les llevó el mensaje de esperanza y liberación. Desde el mismo principio el pueblo siguió las huellas de Domingo. Hoy, hombres y mujeres dominicos, están atentos, como Domingo, a las necesidades de nuestro tiempo.

La Iglesia, el Pueblo de Dios, está abierta a los valores del Evangelio en cualquier lugar donde se halle y proclama estos valores hasta los confines del mundo. Los seguidores de Domingo, a causa de su diversidad, son un microcosmos dentro de la Iglesia, en la propagación de la Palabra de Dios. Fieles al ejemplo de Cristo y a la visión de Domingo, nosotros estamos abiertos al Espíritu que llama continuamente a la Iglesia para hacer presente al Resucitado en todas las épocas y culturas.

2. Carisma de Domingo

2.1. Domingo era un hombre del Evangelio en palabras y acción. Tenía una sola pasión: conocer y experimentar la Palabra de Dios en la verdad y desde esta experiencia, anunciar la compasión de Dios a los hombres y mujeres.

2.2. La Palabra de Dios, que se hizo hombre en el seno de María, ahora se encarna en nosotros como Palabra contemplada, celebrada con alegría, estudiada con atención, vivida u anunciada como Buena Nueva.

2.3. Domingo estaba en el corazón de la Iglesia al servicio del mundo. Era sensible a la Palabra hallada en el corazón de todo hombre y mujer, especialmente de aquellos que estaban esclavizados en la miseria y en la necesidad. Nosotros participamos de este carisma y de su visión profética, proclamando la Palabra que el Señor pone en nuestro corazón.

Nuestra vida apostólica se renueva continuamente en el diálogo con nuestros hermanos y hermanas y desafiada por los valores del Evangelio.

Domingo asoció mujeres a su misión afirmando con esto su puesto en la Iglesia y su misión. Como herederos de Domingo nosotros tenemos obligación de manifestar la igualdad y la complementariedad del hombre y la mujer.

Nosotros estamos abiertos al mundo, celebrando la bondad de la creación y animados a usar nuestra libertad y desarrollar los dones que Dios nos ha dado.

3. Los seguidores de Domingo

3.1. Desde el principio, el carisma de Domingo fue realizado por diferentes grupos. Nuevas formas están todavía surgiendo pero todas encuentran sus raíces en Domingo. El es el Padre Común.

El primer grupo llamado a la existencia por la predicación de Domingo fueron las monjas. En la primera época formaron parte de la Jesu Christi Praedicatio (Predicación de Jesucristo) de la que Domingo era el guía. Después que hubo establecido la Orden, estas monjas fueron incorporadas a esta Orden. Ellas estaban profundamente enraizadas en la labor de la predicación de Domingo por su forma de vida totalmente contemplativa. Las monjas conservan su relación original con la Orden a través de su profesión hecha al Maestro de la Orden, el sucesor de Domingo.

En 1215, Domingo fundó su Orden de Hermanos Predicadores cuya finalidad está resumida en estas palabras de Honorio III: “Dios te inspiró el piadoso propósito de abrazar la pobreza y profesar la vida regular para consagrarte a la predicación de la Palabra de Dios dando a conocer el nombre de nuestro Señor Jesucristo en todo el mundo”. Los frailes comprenden sacerdotes y hermanos, formando una rama de la Familia Dominicana bajo el Maestro.

Desde el principio grupos de laicos se asociaron a la Orden, algunos de los cuales se comprometieron a su vida y misión de una manera más integral, sea en fraternidades, sea como “Hermanos y Hermanas de la Penitencia de Santo Domingo”, son su regla propia. El laicado dominicano está directamente bajo la autoridad del Maestro.

De forma similar surgieron fraternidades de sacerdotes que deseaban ser integrados en la vida y el carisma de Domingo y su Orden.

Después de n un período, especialmente en el siglo XIX, se formaron diferentes congregaciones de hermanas, las cuales por razón de su misión, participaron directamente en el Carisma de la Predicación de la Orden. Cada Congregación es independiente y la profesión incorpora a las hermanas a su Congregación y a la Orden.

En el siglo XX surgieron los Institutos Seculares. Su vocación a la evangelización es por vía de una presencia en el mundo en que expresan el don total de sí mismos a Dios. Hacen profesión de los consejos evangélicos en el espíritu de Domingo.

Un fenómeno de nuestro tiempo es el nacimiento de grupos con estructuras más flexibles, que miran a Domingo y a la Orden para su inspiración. Estos nuevos grupos, junto con los familiares, amigos y colaboradores, pertenecen a la Familia Dominicana en un sentido amplio.

3.2. Participando del carisma de Domingo, estos diversos grupos participan de la única vocación dominicana. En complementariedad y colaboración mutua, estas ramas constituyen la Familia Dominicana y realizan su misión respetando la autonomía y la vocación de cada una.

El principio y el signo de la unidad de la Familia Dominicana es el Maestro de la Orden, el único que fuera del Capítulo General, garantiza y promueve la fidelidad al espíritu de Santo Domingo.

Sobre la base de su igualdad, las diferentes ramas descubren su mutua responsabilidad. Esta mutua preocupación esta expresada por las organizaciones regionales, nacionales e internacionales. Todo esto sirve para una cooperación fraterna a nivel local que es el área fundamental de misión y de unidad.

4. La evangelización como misión común por el Reino

4.1. Los miembros de la Familia Dominicana expresan su consagración bautismal en su especial carisma dominicano. La misión particular que nosotros recibimos, es la proclamación de la Palabra de Dios, sobre todo, compartiendo, como hizo Domingo, la misericordia de Dios como signo de liberación.

En el espíritu de Domingo esta Palabra está dirigida a todos, a “los pecadores, desamparados y afligidos” (Cf. B. Jordán de Sajonia, Lib. n. 12) y es esperada especialmente por los pobres, ciegos, cautivos marginados de la sociedad.

Predicar en varias formas, de acuerdo con la tradición dominicana, es la fuerza liberadora indispensable, es muy necesaria para el mundo contemporáneo y, sin esto, no se puede cumplir el mandato de extender el Reino.

Abiertos a las necesidades actuales de nuestro tiempo, buscamos una vía a los jóvenes y a su mundo.

La Familia Dominicana, especialmente el Laicado Dominicano, muestra a los contemporáneos, la riqueza de una espiritualidad laica, auténticamente apostólica.

4.2. El carisma dominicano de la contemplación, se nutre continuamente de la Palabra de Dios compartida en comunidad. Así, en la proclamación de la Palabra de Dios, la Familia Dominicana expresa una unidad concentrada en la Palabra de Dios y trata de dar testimonio de la Buena Nueva.

4.3. Para ser predicadores eficientes, considerarnos como una tarea central, la formación permanente. Nuestro estudio, sobre todo, es estudio de la Palabra de Dios, pero debernos tratar de comprender también el mundo en que esta Palabra debe ser proclamada. En un mundo que cambia rápidamente, los dominicos escuchan y acogen la Palabra de Dios ya presente en las culturas en las que vivimos. Nosotros debemos estar en la vanguardia proclamando la Buena Nueva liberadora en las diversas culturas.

5. Conclusión

La Familia Dominicana está presente, con fuerte vitalidad, en los cinco continentes. Estamos unidos por los lazos profundos del Amor de Dios. Afirmamos nuestra solidaridad con todos nuestros hermanos y hermanas que sufren, especialmente con aquellos que son perseguidos por proclamar sin miedo el Evangelio de la justicia y de la paz. Apoyados en la profunda paz de nuestra vocación común, caminamos, llenos de esperanza, hacia el futuro. Rogamos al Espíritu Santo para que renueve en nosotros el coraje de seguir en las huellas de Domingo: “HABLANDO SóLO CON DIOS O DE DIOS”.