Dios omnipotente,
Tú eres un Dios de la Verdad.
Tú conoces nuestros pensamientos y deseos.
Tú sabes cuándo y porqué nos reunimos.

Reconocemos que toda sabiduría y prudencia
proceden de Ti como de su fuente,
y deben conducir a Ti como a su fin.

En tu Providencia tan divina como insondable,
te has manifestado a través de Jesús,
maestro y modelo de todos.

Infúndenos tu Espíritu con sus múltiples dones,
un Espíritu de sabiduría y prudencia,
de escucha y servicio,
de discernimiento y consejo,
de humildad y de fortaleza.

Haznos a modo de Domingo de Guzmán,
y de tantos como nos han precedido en este camino,
dóciles y abiertos en la escucha y el diálogo,
esperanzados y optimistas al emprender y programar,
justos y audaces en cumplir y animar.

Ilumina nuestra visión sobre el mundo de hoy,
que sepamos asumir sus retos
conforme a nuestras prioridades y fronteras,
compartir con solidaridad lo que hemos recibido,
y ser testigos ante el mundo de nuestra vocación.

Y tú, Virgen María,
ayúdanos en nuestras decisiones,
para el bien de todos los hombres
y para gloria de tu Hijo Jesús. Amén.