Decálogo del estudiante dominico

 

 

El autor del decálogo

El autor de este decálogo es el P. Paul Denis OP. Fue publicado en varias revistas de estudiantados dominicanos; está tomado de MENSAJE, nº 34, 1963 (Revista de los estudiantes de filosofía de la Provincia de España de Las Caldas de Besaya, Cantabria).El P. Paul Denis (Bélgica, 1912 - Lieja, Bélgica, 1962). Fue profesor en La Sarte (Bélgica), Congo, Fátima,  Sao Paulo. Fueron sus características: un ardiente empeño porque la Iglesia estuviese siempre presente los grandes movimientos de la historia y un deseo profundo de que los dominicos realizasen dentro de ella su vocación profética. En sus sermones, en sus conferencias, en sus clases había preocupación constante por un diálogo vivo con el mundo contemporáneo. No comprendía una clase en la que los alumnos se contentasen con escuchar.

Otra meta de la vida del P. Denis fue la lucha por la emancipación de los pobres, la libertad de los oprimidos y de los humillados, el trabajo por elevar las clases necesitadas. En medio de las incomprensiones y de las oposiciones, su espíritu nunca se amargó.

El decálogo

Primero

Ten fe en la Iglesia. No te permitas el juego pueril de oponerte a los superiores. A través de ellos, incluso a través de sus miserias, la Iglesia realiza su obra, que es obra de Cristo. No te irrite la presencia de movimientos o actitudes excesivamente conservadores. También ellos tienen papel en la Iglesia.

Segundo

Ama a tu Orden con la misma fuerza con que amas a tu Iglesia. Date cuenta claramente de lo que Nuestro Padre buscó al fundarla. Pregúntate, sobre todo, qué haría él hoy día, ante el mundo moderno. La Orden envejecerá si no evoluciona continuamente. Si su porvenir obsesiona a los jóvenes, la Orden renovará la fragancia de su edad de oro.

Tercero

Sé abierto a tu tiempo. Intenta adquirir el don de la simpatía universal. Que un excesivo temor a equivocarte no paralice nunca tus iniciativas. Por tu parte no contradigas las iniciativas de los otros. Sé audaz como lo fue Santo Domingo, Santo Tomás, Lacordaire...; y no cobarde y retardatario como tantos de sus sucesores.

Cuarto

Aprende a trabajar. El tiempo trabaja para vosotros los jóvenes, irresistiblemente. Y trabaja de prisa. Saber esperar. Una flor se abre mejor bajo el calor del sol que no tirando de sus pétalos. Esperad durante una mañana. No envejezcáis jamás, conserva este vigor de alma que es la esencia de la verdadera juventud. Hasta la muerte, conserva una fe intacta en tu ministerio apostólico, en tus hermanos los hombres, en la gracia que anima a todos los hijos de Dios.

Quinto

Estad unidos. Trabajad continuamente. Nuestro carisma de dominicos es un carisma equipo. Hemos nacido en la Edad Media. En los tiempos de las Cruzadas y de las Corporaciones.

Sexto

Hemos nacido también bajo el signo de la verdadera libertad. Bajo el signo de la verdadera alegría. Por lo mismo la Orden os da desde el principio su confianza. Os considera adultos. El revés de la medalla es una vida desordenada y estéril. Nuestra historia prueba que este peligro no es puramente imaginario.

Séptimo

Esfuérzate con interés en crecer con sabiduría y ciencia. Haec est potentia nostra. La pereza intelectual os acecha en cada instante del día. O, al menos, la tentación de un trabajo más fácil. Trabaja profundamente, lee mucho, despliega tus facultades según todas sus posibilidades y dimensiones.

Octavo

Ten piedad de tus profesores. Resígnate a la inevitable monotonía del curso. Más allá de la enseñanza, buena o mediocre, acostúmbrate a percibir al único Maestro: Cristo. Esfuérzate en clase. Esfuérzate fuera de las clases, pregunta, discute, defiéndete sin temor. No tiembles ante las reacciones de la masa. Un auditorio silencioso es un suplicio para el profesor.

Noveno

No rehúses las inteligencias diversas y aún opuestas. Cada una de ellas desempeñará un papel en vuestra formación. Sus múltiples influencias forjarán tu personalidad. Respeta igualmente, sin envidia ni vanidad, las diferencias intelectuales y las divergencias de opiniones que se manifiesten entre vosotros. Divisiones gratiarum sunt. La uniformidad en un colegio o en un estudiantado sería un signo de cretinismo.

Décimo

Ten en cuenta que en tu vida habrá dificultades y quizá tengas que volver a empezar, como el día en que, novicio, tomaste el hábito. No temas; otros te han precedido en estas pruebas y han encontrado una nueva juventud. Es preciso dar pruebas al Señor de tu amor por el sufrimiento, antes de poseerle por la visión en la bienaventuranza.