Mensaje del M. O. - Navidad 2002

 

 

Fr. Carlos A. Azpiroz Costa, O.P.
Maestro de la Orden

 

Mensaje de Navidad

 

Queridos hermanos y hermanas:

¿Quién sabe dónde estaré cuando lean este saludo? En algunas horas parto nuevamente, esta vez hacia México, Venezuela y Colombia. Hemos apenas iniciado el tiempo de Adviento y la liturgia nos va introduciendo una vez más en el misterio de la Palabra hecha carne.

Es inevitable una mirada hacia atrás. Como referencia traigo nuevamente al corazón mi saludo navideño del año pasado. Desde entonces ha pasado mucha agua bajo el puente… (a veces poca por la sequía; mucha y turbulenta por las copiosas lluvias; trasparente o turbia… según las circunstancias). Pienso en tantas comunidades de contemplativas, de frailes y hermanas; pienso en los hermanos y hermanas de nuestras fraternidades seglares, grupos asociados, miembros del Movimiento Juvenil Dominicano, voluntarios con quienes he compartido durante este tiempo los gozos y esperanzas, tristezas y angustias de nuestra vocación común en Santo Domingo: “la gracia de la predicación”.

A través de las páginas del IDI muchos han podido leer las crónicas de estos viajes. Quisiera enviarles algunas pinceladas que puedan manifestar, como una bonita tarjeta de Navidad, como aquellos dones de los pastores al Niño Jesús, la “policromía sinfónica” de la Orden. Estas “instantáneas” serán también como adornos del árbol navideño familiar. Hoy como ayer, estas cosas alegrarán una vez más nuestros corazones, porque seremos como niños al menos un poco.

En mi primer viaje a Latinoamérica con fray João Xerri (Venezuela, Brasil y Argentina) fui testigo de las explosiones populares en Caracas y Buenos Aires. En países ricos y con futuro, son síntomas de “algo que no va”, de un sistema que no da respuestas, que es viejo, que puede cambiar de máscara, pero no de contenido. No soy un técnico, pero el panorama de pobreza y hambre está a ojos vista. En medio de estas convulsiones, dolores de parto, la presencia de tantos hermanos y hermanas entre los más pobres ha dilatado mi alma y corazón. El servicio que los hermanos me han encomendado también es instrumento para la propia conversión.

En febrero inicié con fray Quirico Pedregosa mi primer viaje a varios países de Asia (Pakistán, Singapur, Hong - Kong, Taiwan, Filipinas e India). En Asia –salvo en Filipinas- los cristianos son minoría y por ello su sencillez sin pretensiones, su especial ritmo contemplativo y riqueza espiritual es evidente. Sin embargo, algunos signos de un fundamentalismo agresivo, azuzado por las intervenciones militares de Occidente, dan miedo. He podido visitar nuestra parroquia de Santo Domingo en Bahawalpur donde el 28 de octubre de 2001 han sido masacradas 16 personas, hombres y mujeres, niños… 15 de ellas cristianas de la Iglesia Nacional Pakistaní reunidas como siempre en nuestro templo para su culto dominical. La eucaristía y el encuentro personal con cada uno de los familiares de las víctimas, incluyendo la viuda del pastor fue conmovente. No había signos de revancha u odio, sólo lágrimas y las marcas de las balas en los muros. Jesús, Resurrección y Vida los anima a seguir caminando.

A mediados de marzo viajé con fray Wojciech Giertych a Europa del Este (Polonia, Rusia, Lituania, Ucrania, República Checa). ¡Cuántas cosas para contar! La vida cristiana, intenta caminar hacia el futuro sanando viejas heridas. Es verdad, cierto sentido trágico de la historia ha herido muchas comunidades, cristianas o no. Esto viene de lejos y, una vez más, son las huellas que ha dejado el imperio. Esta mirada que provoca tanta desconfianza y tristeza en el alma, comienza a dar a luz un futuro preñado de esperanza. La liturgia manifiesta el misterio de Dios aún donde hubo signos de muerte. No puedo olvidar el calor, color, y belleza del Triduo Santo en Cracovia ¡la Vigilia Pascual!. Jóvenes y ancianos, hombres y mujeres, frailes de todas las edades, religiosas, laicos con un arco iris de posturas  diferencias, ideas, ideologías para celebrar la Cena del Señor; la Pasión, Muerte y Resurrección: “¡Primicia de los muertos, sabemos por tu gracia, que estás resucitado, la muerte en tí no manda!”

La plenaria del Consejo General del mes de Mayo, como cada año culminó con la Fiesta de la Traslación de Nuestro Padre en Santa Sabina. ¡Qué alegría reunirnos alrededor del altar para celebrar el don de ser Familia!.

A los pocos días, iniciamos con fray Roger Houngbedji mi primer viaje al África (Kenya, Zimbabwe, Sudáfrica, Angola, República Democrática del Congo, Camerún, Nigeria, Benin, Costa de Marfil y Senegal). ¡Imposible describir cada encuentro!. Prometí tan sólo algunas pinceladas. Conflictos civiles, raciales y étnicos han herido de muerte estas naciones, algunas de estas guerras no han terminado. En Angola asoma la paz y la familia dominicana trabaja intentando restañar heridas. Me ha marcado profundamente la riqueza de nuestras hermanas dominicas a lo largo y ancho de África. Una comunidad de hermanas dominicas ancianas ya “retiradas” después de tantos años de apostolado fecundo vive en adoración perpetua en la “¡Adoration House!” de Harare. En medio de la pobreza y las consecuencias de la guerra ¡qué riqueza la presencia sencilla y pobre de nuestras hermanas dominicas en Kinshasa!

El 8 de agosto, Fiesta de Nuestro Padre, pude “concelebrarlo” con numerosas hermanas dominicas en Pamplona (España). Cargadas de vida y experiencias, la inmensa mayoría han gastado sus años en las misiones: Extremo Oriente, América Latina, África ¡manos y corazones llenos de la riqueza de una siembra generosa!.

A fines de Agosto viajé a Canadá con fray Dominique Renouard; a partir del 1º de setiembre comenzamos con fray Jerry Stookey un periplo muy intenso por los Estados Unidos. Lo reconozco: ¡Sentimientos encontrados! El entusiasmo de tantos hermanos y hermanas en formación; la calidad de la actividad parroquial en las diversas entidades; el nivel del compromiso en los diversos centros, colegios y universidades dominicos donde hermanos y hermanas comparten la misión; el compromiso por la predicación en medios y mundos tan diversos; la seriedad de los proyectos… Por otra parte, no puedo ocultar mi perplejidad. En medio del dolor del recuerdo por las tragedias del 11 de setiembre, me ha sorprendido la manipulación de los mensajes a través de los medios de comunicación conduciendo con insistencia a la opinión pública a una opción a favor de la guerra contra Irak. Parecía no haber espacio para voces disidentes. El ayuno nuestros hermanos y hermanas en Union Square (New York) resultó un signo sencillo, casi oculto pero que propone “otro camino”. El mismo culminó con la celebración de la palabra en los jardines de la O.N.U. al lado de la imagen de Francisco de Vitoria. Nuestra presencia y testimonio como Familia, en ese sitio, rezando por la paz, me pareció como un icono bíblico… semejante al del Apóstol Pablo en el ágora de Atenas.

Los monasterios que he podido visitar en cada continente (¡tantos!) son como la “Cruz del Sur” o la “Estrella polar” (en cada hemisferio) que desde el cielo nos indican las raíces contemplativas de nuestra predicación.

El 9 de octubre, nuevamente con Fray Dominique, partimos hacia Medio Oriente (Jordania, Irak y Egipto). Desde el Monte Nebo divisábamos el valle del Jordán. Allí, contemplando la tierra donde nació Jesús, junto con una hermana dominica, se elevó nuestra oración por la paz. Tierra de Salvación, ensangrentada por la ceguera homicida, venganzas y revanchas que aumentan en progresión geométrica. De allí pasamos a Irak. Hemos visto los restos de Nínive; las ruinas de Babilonia; ¡la tumba de tantos profetas del Antiguo Testamento! ¡Hemos tocado con nuestras manos la riqueza fecunda de una vida cristiana de casi 2000 años! ¡La Familia Dominicana, cuando el presente parece hacerse añicos, apuesta con esperanza al futuro! ¡Mis hermanos y hermanas, tenemos familia en Irak! El viaje terminó en El Cairo, la inauguración del edificio de la nueva biblioteca también aparece como un signo que ilumina sin encandilar como la Estrella de Belén en la noche oscura de la historia… ¡el diálogo desarma y es promesa de paz!

En la plenaria del Consejo Generalicio del mes de Noviembre hemos podido contemplar y guardar en nuestros corazones todas estas imágenes preñadas de esperanza. Ahora viajo a México, Venezuela (Caracas) y Colombia. Espero celebrar la Navidad en Bogotá. A nadie se le ocultan los sufrimientos que la violencia y muerte provocan en esta nación hermana. Allí una Familia Dominicana entusiasta predica la Paz. Esa noche, Dios mediante, los encomendaré en la Eucaristía, a todos y a todas.

 Estos son nuestros adornos para el pesebre y el árbol de Navidad ¿Qué puedo yo agregar? ¡Venite adoremus!

Feliz Navidad

Roma, 3 de diciembre, 2002
San Francisco Javier
patrono de las misiones
 

Fray Carlos A. Azpiroz Costa OP
  Maestro de la Orden