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Los Dominicos y la Verdad

8 de abril de 2016

Timoty Radcliffe, ex-maestro de los dominicos, inicia el congreso Alma Mater analizando la función social de la Universidad, relacionándola con el concepto de verdad, en su doble faceta teórica y práctica, propia del carisma de la Orden de Predicadores

La verdad es un acto de amor que debe llegar a los que son diferentes. Ha comenzado esta mañana, en el edificio histórico de la Universidad de Salamanca el Congreso “Alma Mater, la Universidad ayer y hoy. 800 años de los Dominicos y las universidades”. En el acto inaugural estuvo presidido por el Rector de la Universidad de Salamanca D. Daniel Hernández Rupérez, que recordó la vinculación de la Universidad con la Orden de Predicadores y el Prior Provincial de la Provincia de Hispania Fr. Jesús Díaz Sariego. Fue el propio Prior quien realizó la presentación del primer conferenciante, Fr. Timothy Radcliffe, Director del instituto de Casas de Blackfriars, Oxford, ex-maestro de la orden de predicadores.

Fr. Timothy tituló su exposición La Universidad y su función social en sus inicios y hoy. Partiendo de su experiencia personal situó el lema de la Orden “Veritas” en el eje de su exposición, alternando e interactuando de forma conjunta, la verdad como experiencia profética y como tarea de la razón y conocimiento desde el estudio y la docencia. Para ello fue alternando algunos de los personajes más importantes de la Orden que han dado lugar a lo más genuino de la misma y al nacimiento de su carisma. En esa pregunta por la verdad, comenzó con Domingo de Guzmán y Tomás de Aquino. Domingo buscador de la verdad en los caminos y Tomás en la Universidad con una gran obra teológica. La Orden ha buscado la verdad interactuando en esas dos realidades, pero que han servido de apoyo una de otra. La espiritualidad dominicana, ha sido (F. Martínez) una espiritualidad de ojos abiertos, no pasar nada por alto, no perder detalle y estar con los que más sufren para que los ojos se vuelvan sabios.

Domingo bajó del caballo, se metió en el mundo, comió con los albigenses e intentó comprender su mundo y sus necesidades. Comprendió que para ser predicador de la misericordia se necesitaba formación y envió a sus frailes a las principales universidades de Europa. Para ver bien, exige pensar claramente. Tomás de Aquino, nació poco después de la muerte de Domingo, su pensamiento y teología supuso un gran apoyo a la misión que había iniciado Domingo. La Gracia no destruye la naturaleza, entendiendo al hombre como una unidad, de cuerpo y alma. Siguiendo el pensamiento de Aristóteles, vivirá como él el mundo con una fuerte intensidad, entendiendo que no hay nada en la mente, si antes no está en los sentidos, siendo el tacto el más profundo de los sentidos. En la Encarnación, la humanidad siente el tacto de Dios, Jesús toca a los más hundidos, leprosos, enfermos, mendigos y además no teme ser tocado. El tacto está muy relacionado con la vista, ya que el que no toca no ve. Nuestro conocimiento de todo, no es abstracto y distante, nos metemos en las cosas. Aquí confluyen Domingo y Tomás, la teología llama a la experiencia de tocar el mundo. La vista clara y los ojos abiertos necesitan del tacto, del compromiso. Unos son más como Domingo, otros como Tomás, pero en la búsqueda de la verdad hay una comunidad que se apoya en esas dos realidades que interactúan una en la otra.

En la isla de la Española, Bartolomé de las Casas en Domingo y Francisco de Vitoria es Tomás. Antón de Montesino, en nombre de la comunidad denuncia la situación de los indios, con su famoso sermón: ¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin darles de comer ni curarlos en sus enfermedades?... ¿Éstos, no son hombres? Bartolomé de las Casas, recogió con todo detalle las injusticias cometidas a los indígenas, fue testigo de lo que estaba sucediendo, viendo a Jesucristo maltratado mil veces, y como San Juan, lo que hemos visto, lo que hemos tocado, lo anunciamos. Así Bartolomé de las Casas envió una carta al rey de España. Años después Gustavo Gutiérrez comentaba que la experiencia es la clave, es maestra de todas las cosas, ve el sufrimiento de los indios a través de sus ojos. Pero para ver claramente, la experiencia desnuda no es suficiente, hay que estudiar y profundizar para ser buen testigo. Bartolomé de las Casas llevaba con él a todos los lados sus libros, su biblioteca viajera, que se usaba para defender los derechos de los hombres, que pertenecen a todos los seres humanos por el hecho de ser humanos como defendió Francisco de Vitoria. Desde este derecho, Vitoria niega el derecho al rey y al Papa de dominio sobre los indios. Se complementan la teología de Vitoria, con la acción profética de Bartolomé de las Casas

El mundo del trabajo de mitad del siglo XX, fue tan extraño como el mundo de Colón y los conquistadores. En ese momento la Iglesia había abandonado a los trabajadores y estaba ausente de su vecindad, con lo que los dominicos Chenu y Congar quisieron entran las fábricas y conocer su mundo. Había que conocer su vida, las personas, su forma de vivir, de trabajar y la Iglesia tenía que hacerse presente en medio de la vida de esas personas. Muchos sacerdotes se quitaron sus sotanas y se hacen curas obreros, pero esa presencia en medio del mundo, necesitaba una reflexión teológica. Así Chenu y Congar, como Domingo y Tomás, Bartolomé o Francisco de Vitoria buscaron desde la razón, desde el pensamiento. El Aquinate era el maestro, no porque tuviera todas las respuestas, sino porque su teología se encarnaba en el mundo, en la América del siglo XVI o en la Francia de la mitad del siglo XX.

Nuestras Universidades, ¿tienen relación sobre el terreno, en la sociedad, contra los fundamentalismos religiosos, apoyando a los refugiados o con otros retos del mundo o vive en su torre de marfil? El ser humano tiene una inclinación natural a buscar la verdad, sin la verdad los seres humanos se marchitan, no sólo está en los grandes manuales, también en la poesía, en las películas, en los blogs. La Universidad existe no sólo para educar el intelecto sino para combatir a una economía de mercado que sólo busca la producción. El ser humano no puede sobrevivir sin trabajo, sin poder llevar un regalo a sus hijos, sin poder comer cada día. Buscar la verdad es un acto espiritual, un acto de amor para llegar aquellos que son diferentes y distintos a nosotros, pero no somos el centro del mundo. Nuestra sociedad teme lo que es diferente, la Universidad deberá enseñarnos a involúcranos con los que no son como nosotros, con aquellos que son diferentes.

Por la tarde continuó el Congreso con D. Manuel José López Pérez, excmo. Sr. rector de la Univ. de Zaragoza, ex-presidente de la Confederación de rectores de las universidades españolas. Catedrático de Bioquímica y Biología molecular, con la conferencia “Vocación intelectual de la universidad española y su función educativa y social”. Finalizando el día con D. Antonio Basanta, Director general de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez. Director del grupo editorial Anaya, centrándose su exposición con “Responsabilidad de la universidad y creación de ciudadanía”, defendiendo la importancia de la lectura que nos permite salir del laberinto, navegar, comprender, transformar la realidad, sentirnos en comunidad. La pasión de la lectura debería ser el patrón del aprendizaje, donde no sólo el saber sino los parámetros éticos nos lleven a un aprendizaje de la acogida, de la responsabilidad y del sentido de la profesión.

Juan Antonio Mateos Pérez