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Ya tenemos la Congregación formada, pero
no fue un ambiente tranquilo el que se encontró en sus primeros pasos como
Congregación independiente, pues como bellamente escribe el P. Fidel
Villarroel:
“Fueron años de duras pruebas y de riguroso
noviciado, propicios solamente para ahondar sus raíces en la inclemencia del
invierno, el invierno de las guerras y la persecución, en espera de florecer
en una futura primera”
Desde luego a nuestra historia le va “la marcha”,
primero las movidas y ahora los zarandeos de las guerras, que como dice el
Papa son el gran fracaso de la humanidad. Primero nos topamos con la
Guerra Civil Española (1936-1939), en la
cual las hermanas salieron ilesas pero arruinadas en los bienes temporales
pues el ejercito rojo ocupó la Comunidad de Don Ramón de la Cruz y no
precisamente para embellecer el edificio.
Una vez superada esta nos encontramos en el frente del
Pacífico en la Segunda Guerra Mundial
(1939-1945), lo cual volvió a separar a las hermanas de Oriente y España con
lo que de dificultad supone para el gobierno, hubo una sensible destrucción
de nuestras casas y algunas vivieron la horrible experiencia de la bomba
atómica en la isla de Shikoku a sólo 60 km de Hiroshima. Es digno de
compartir con vosotros lo que nos contaron las hermanas que lo vivieron:
“Casi toda la noche fuimos caminando a la luz de una hermosa luna hasta
llegar a una aldea donde una de nuestras hermanas japonesas tenía casa y
familia. Éramos seis extranjeros…. Pero la policía nos mandó marchar a
Imabari…. El día 5 bombardearon Imabari, desapareciendo entre las llamas la
iglesia y el convento de los Padres. Nosotros salimos a escondernos a un
riachuelo entre las sementeras. Pasaban los aviones junto a nuestras cabezas
lanzando bombas incendiarias. Nos preparamos a bien morir y recibimos la
absolución, metidas hasta la cintura en el regato. A las ocho de la maña del
día 6 emprendimos vuelta a la ciudad. Parecíamos una caravana de gitanos,
todo mojados, con las mantas al hombro, mojadas también; lo hicimos pasando
entre fuego y cadáveres.
Ya en el recinto
de la Iglesia hecha escombros, nos disponíamos a tender nuestra ropa, cuando
de repente se nubló el sol brillante de agosto y vino un viento huracanado.
Daba pánico, y creíamos que de un momento a otro volaríamos con la escuelita
que nos había cobijado. ¿Qué quería el Señor de nosotros? Cuando pasó
aquella ansiedad y de nuevo brilló el sol, salió una Hermana japonesa a la
ciudad y ella nos trajo la noticia de que en aquella misma hora habían
tirado los americanos la primera bomba atómica en Hiroshima y de los
horribles estragos que había hecho. Al visitar meses más tarde dicha ciudad
pudimos comprobarlo.
Se corrió el
rumor de que a fines de agosto nos matarían a todos los extranjeros, pero la
guerra terminó antes y quedamos con vida. La huella que todo aquello produjo
fue imborrable. De todo aquello sacamos una gran capacidad para sufrir, amar
y perdonar.”
Sin comentario… Pero como no hay dos sin tres
también nos pilló la revolución
comunista en China (1947-1954), la cual, a
parte de traer juicios y expulsiones de nuestras hermanas de China, dio al
traste con una de nuestras misiones más queridas: Las Santas Infancias,
cerrándose para los misioneros las puertas de China Continental hasta el día
de hoy.
Superado todo esto, que todo en la vida pasa,
la Congregación ha experimentado un crecimiento constante en número de
hermanas y extensión.
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Actualmente estamos presentes
en 11 países: España, Portugal, Italia, Estados
Unidos, Chile, Korea, Japón, Taiwan, Filipinas, Islas Marianas y Tailandia.
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Somos alrededor de
636 hermanas.
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Contamos con
66 comunidades.
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Ejercemos nuestra actividad en
138 obras de
apostolado.
Como puedes comprobar, Dios escribe recto con renglones torcidos y nunca
abandona la obra salida de sus manos. Confiamos que nuestro camino en el
futuro siga siendo fiel al deseo del Señor como lo ha sido en el pasado y
muchas gracias por dedicar parte de tu tiempo a compartir con nosotras
algunas págias de nuestra historia.
LAUDARE
BENEDICERE
PRÆDICARE
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