Santa Catalina
Valladolid
El monasterio de Santa Catalina de Siena en Valladolid fue fundado en el año 1488 por Dª María Manrique, noble dama castellana y fue aprobado por el papa Inocencio VIII. El convento, cercano al río Pisuerga, vio crecer junto a sus muros el antiguo barrio judío y la zona en que está enclavado guarda el sabor de la vieja ciudad.
Con una vida ininterrumpida de más de 500 años, la comunidad tiene actualmente 21 hermanas que vivimos la vida contemplativa en la tradición dominicana, siguiendo nuestras propias Constituciones y Directorio. Nuestra vida espiritual abierta a la gran riqueza de toda la iglesia es especialmente sensible al espíritu de Domingo de Guzmán, a la tradición mística dominicana y de modo particular al espíritu y enseñanza de Santa Catalina de Siena, doctora de la Iglesia.
Nuestra vida, nuestro trabajo, nuestro estilo dominicano.
Nuestra vida se configura esencialmente en torno a la oración comunitaria, pues somos una comunidad de vida contemplativa. Iniciamos la jornada a las 6,30 y nuestra primera tarea es cantar con todas la criaturas las alabanza del Señor: cantamos los laudes, tenemos oración de meditación y cantamos tercia, la primera de las horas menores del rezo de coro.
C omenzamos nuestra jornada de trabajo a la 9,15. Nuestra labor, que intentamos hacer con toda dedicación y esmero es la repostería artesana. Algunas hermanas tienen para la repostería verdaderos dones de la naturaleza y de gracia. Al menos eso dice la gente que prueba nuestras especialidades. Todas colaboramos con nuestro trabajo, incluso las más ancianas, intentado contribuir en la tarea del creador, repartiendo sus bendiciones y haciéndonos solidarias con todos los hombre y mujeres de buena voluntad.
A las 12,30 tenemos la oración de mediodía con el rezo de la hora sexta, lectura espiritual y celebración de la eucaristía. Dedicamos especial atención a la celebración eucarística. Intentamos que sea viva, muy participada, siempre con asistencia de fieles.
Después de la comida y un tiempo para la recreación en común y el descanso, iniciamos la tarde con el rezo de la hora de nona. A continuación ensayamos los cantos de coro y después dedicamos buena parte de la tarde al estudio.
A las 7 de la tarde cantamos vísperas, acompañadas por un grupo seglares y a continuación tenemos meditación. Tras la cena tenemos un rato de esparcimiento en la sala de recreación. Concluimos el día con el canto de Completas y la Salve, según la tradición dominicana.
En nuestro estilo de vida queremos dar especial importancia a la vida comunitaria, viviéndola con sencillez y una gran alegría de la que queremos hacer partícipes a la gente de nuestro entorno, la que disfruta de nuestros dulces y la que comparte nuestra vida litúrgica. Aunque no nos dedicamos expresamente a la vida intelectual, damos gran importancia al estudio y la formación. Siguiendo las normas de nuestras Constituciones y el estilo de nuestro padre Santo Domingo de Guzmán, que llevaba siempre consigo el Evangelio de San Mateo y las Epístolas de San Pablo, seguimos sus indicaciones a las primeras hermanas sobre el estudio: nutre la contemplación, favorece el cumplimiento de los consejos evangélicos y constituye una forma de ascesis.
Tenemos clases de formación teológica impartidas por nuestros hermanos dominicos centradas especialmente en temas bíblicos, litúrgicos y otros de actualidad religiosa. Disponemos de una biblioteca para atender a las necesidades de formación y vida espiritual de la comunidad.
Nuestra comunidad se siente especialmente unida a todos aquellos que trabajan por la paz y la justicia , en nuestra ciudad y en los lugares donde ofrecen su trabajo y su vida nuestros misioneros y misioneras. También nos sentimos especialmente unidas a toda la Familia Dominicana, especialmente a las religiosas de clausura, pues en nuestra comunidad reside la Madre que representa y coordina a la Federación de Santo Domingo de Hermanas dominicas de clausura.
Nuestro monasterio. Su riqueza artística
La vida de los conventos dominicanos gira en torno a un claustro. El de nuestro convento es el originario y tiene gran belleza y calidad artística. Está construido con columnas octogonales con capiteles de estilo gótico, pero los arcos y su decoración denotan ya un estilo plateresco. Llaman especialmente la atención por su gran trabajo y calidad los antepechos que cierran las arcadas. Se armonizan los dos estilos de la época. Los paneles del piso superior son góticos y algunos platerescos, de tracería calada y todos ellos diferentes. Los de la planta baja son de balaustrada renacentista.
La iglesia actual, que sustituye a la originaria del convento, fue erigida a principios del siglo XVII por el arquitecto clasicista Pedro de Mazuecos. Los fundadores de la misma, D. Antonio Cabeza de Vaca y su esposa Dª María de Castro, están representados en sendas estatuas orantes del escultor Pedro de la Cuadra quien sigue el estilo de Pompeo Leoni. El retablo, es estilo clasicista. Tiene grandes cuadros del pintor Diego Valentín Díaz, contemporáneo de Velázquez y tallas Pedro de la Cuadra. La iglesia contiene además dos hermosos sepulcros: Uno es el del Licenciado J. Acacio Soriano, hermosa obra en alabastro del escultor Matías Roldán. El otro es el sepulcro del escultor Juan de Juni, enterrado a los pies de un bellísimo Cristo crucificado, de tamaño natural, obra del propio artista. El coro, tan amplio como la propia Iglesia y destinado al rezo de la comunidad, conserva la arquitectura original. Bajo una gran bóveda gótica, la sillería es de nogal y estilo clasicista.
El interior del convento conserva la arquitectura y sobria decoración original. Destaca por su valor el refectorio, cuyas paredes conservan un hermoso friso de azulejos de Talavera. La sede prioral conserva como elemento decorativo un escudo de Felipe III trazado con exquisita belleza. En la comunidad se conserva un hermoso Cristo yacente de Gregorio Fernández y cuadros de Diego Valentín Díaz.

Monasterio de Santa Catalina
MM. Dominicas
C/ Sto. Domingo de Guzmán, 6
47003 VALLADOLID - ESPAÑA
TEL. 9.83 / 35.17.08
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