Santo Domingo
Caleruega
El Real Monasterio de Caleruega es un lugar privilegiado en Castilla, pues aquí nació la excepcional figura de Santo Domingo de Guzmán: maestro de vida espiritual, evangelizador de Europa, fundador de la Orden de Predica-dores en el año 1215-1216ysuscitador de comunidades contemplativas que sirvieran de apoyo a la acción evangelizadora.
En palabras de Alfonso X el Sabio, Dios hizo gran honor a Castilla enviándole a Santo Domingo en ese lugar, y reyes, nobles y vasallos deben reconocerlo honrando al santo en su tierra natal.
Tal es el título de nobleza agradecida que impulsó al Rey Sabio a firmar un Privilegio Rodado por el que concedía al Monasterio el Señorío de la Villa, en el año de gracia de 1266.Así como en 1270 dignarse introducir de su mano a la Priora Doña Toda Martínez, en la nueva Iglesia, estando todavía sin concluir las obras de recrear la que fue Casa-Fortaleza de los Señores de Aza/Guzmán en el Real Monasterio de Santo Domingo
La Comunidad dominicana de este Monasterio procedía de San Esteban de Gormaz, y vivían entrañablemente el espíritu y recuerdo de Santo Domingo, quien recibió e incorporó a su Orden de Predicadores en 1218-1219, a la que era hasta entonces Comunidad de Canónigas de San Agustín.
El Monasterio Dominicano de Caleruega, por su carácter de Señorío, es ciertamente peculiar en la Orden Dominicana. Surgió con su fisonomía, como una institución a cuya sombra protectora se acogían los antiguos vasallos del Señorío Solariego de los Guzmanes. Por esta condición, los derechos tributarios y los deberes de gobierno recaían directamente sobre el Convento.
Actualmente, en el Archivo del Monasterio se cuenta con varios Privilegios reales, donaciones a la fundación, ordenaciones de algunos Maestros de la Orden, Bulas Papales, …que datan desde el s.XIII y que están muy bien conservados.
Durante casi ochocientos años, las monjas han sido fieles guardianas, no sólo de estos documentos, sino que han cuidado de la casa de Domingo, de la espiritualidad dominicana y de la misión en el mundo de la Orden, para la cual, este Monasterio, es un faro de luz hacia donde todo dominico mira.
Actualmente la Comunidad de Caleruega vive con gran optimismo y apoyada en la esperanza de un nuevo resurgir vocacional.
Se trata de una comunidad laboriosa, amante de la liturgia y observancias, austera y acogedora; dispuesta a cuidar de su riqueza histórica y documental-archivística; abierta a l a colaboración con otras instituciones y centros dedicados a la historia; solícita por la vida parroquial y movimientos de espiritualidad; pronta a compartir sus bienes con quienes más lo necesitan.
Hoy los grandes espacios del monasterio están habitados por 17 monjas, llenas de vitalidad y empuje. Nuestra misión desde nuestro carisma de dominicas contemplativas es hacer fecunda la Iglesia, por nuestra manera de vivir, consagradas a Cristo, en la oración y el silencio alabando al Señor e intercediendo por nuestros hermanos los hombres.
En la vida comunitaria se comparte la alegría y la fraternidad, siendo amantes de la celebración litúrgica y asiduas en el estudio, escrutando con un corazón ardiente la palabra de Dios, “de tal manera que esta fecunde y pueda ser alimento para los demás”. Perseverantes en el silencio y en las demás observancias monásticas vividas día a día.
Es una comunidad acogedora, donde se abren las puertas a todos nuestros hermanos a compartir la oración litúrgica y la cercanía, que aquí se siente, de Domingo de Caleruega y su familia. Todo el que lo visita dice que se nota algo especial, sin duda el espíritu de este gran predicador.
Con el Ave María, a las 6 de la mañana se despiertan las monjas con agradecimiento al Señor del nuevo día. Después llevando en el corazón a todo el mundo bendicen y alaban a Dios con el canto de laudes, oración personal y Eucaristía. Después, desayuno, trabajo, creando un ambiente de silencio y contemplación que envuelve toda nuestra vida.
Al mediodía, salmodia, comida, recreación y descanso. Canto de Nona y actividades formativas, tiempo de estudio, Santo Rosario, Vísperas, oración personal, cena, recreación, finalizando la jornada con el canto de Completas y la Salve.
La formación permanente es obligada para todas las Monjas.
Para las Postulantes, Novicias y Profesas su formación dura cinco años. Terminado este tiempo, pasan a comunidad

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