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Un año de gracia y fuego
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Los discípulos al reconocer a Jesús en la cena, camino de Emaús, se dijeron: “No nos ardía el corazón al oírle hablar por el camino”. Si tuviera que resumir la vida de nuestro grupo durante este año elegiría “FUEGO”, porque verdaderamente el Señor vino a bautizar con Espíritu y fuego. Ese es el sentimiento cierto que nos ha acompañado en las frías tierras de Albarracín y Jaén durante la Pascua; en la casa de Siena, Granada, durante los quince días de verano que dejamos todo y nos fuimos a darnos a los demás para también recibir de ellos, para SER nosotros mismos junto al pobre, al anciano, al enfermo y en las dificultades de integración social.

Durante este año también hemos conocido muchas más cosas del Maestro gracias a uno de sus discípulos, Domingo, una de ellas ha sido que el movimiento se demuestra andando y nos tiramos a la carretera para, como Domingo, recorrer los caminos de España, en este caso no para combatir la herejía si no para compartir nuestra fe con una familia que cada vez se hace mayor, así fuimos a Valencia en varias ocasiones, a Sevilla, Granada, Jaén y Albarracín (hemos descubierto que el quinto pilar: es la itinerancia, ja ja).

Pero no todo han sido kilómetros de asfalto, pues para dar primero hay que recibir y por eso en nuestras reuniones de los sábados hemos puesto nuestras dudas de fe, sociales y personales al descubierto para no dar nada por supuesto y así construir sobre piedra gracias a la Palabra de Dios y a la ayuda del padre Llanos. También los que hemos tenido la gran suerte de poder desplazarnos a otros lugares y vivir otras experiencias nos hemos visto en la obligación, sin duda gratificante, de compartir lo vivido con el resto del grupo. Por eso creo que este año hemos sido más sinceros con nosotros mismos y no nos hemos puesto objetivos a cumplir si no que nos arriesgamos a confiar en Dios e ir actuando según se iban planteando las circunstancias. El resultado: crecer en conocimiento del Señor y de los hermanos, viviendo nuestra fe desde la realidad de cada uno, aplicando lo que compartimos en la fe a nuestra vida diaria, buscando la coherencia a tiempo y a destiempo.

También ha sido muy gratificante y sentido el que se haya celebrado un encuentro del MJD en nuestro convento de Ocaña pues nos ayuda con facilidad a recordar que no estamos solos, que Dios no entiende de tiempo o espacio si no de Amor. En esta línea hemos intentando también que los grupos de Ocaña y Madrid estuvieran más unidos y hemos tenido visitas recíprocas que esperamos y sabemos se van a seguir repitiendo.

Por último, nos liamos la manta a la cabeza y partimos a las tierras del Norte en las que descubrimos que, a pesar de su altitud, puede llegar a hacer calor gracias a la gente que allí encontramos. Lerruz (Pamplona) ha sido la mejor muestra de que hay diversidad de carismas pero una misma Fe que lo puede todo en todos, ya que no somos de Pablo, de Pedro o Apolo, si no de Cristo que al igual que Domingo, vino a prender fuego al Mundo.

En fin, nos hemos metido en un lío del que difícilmente vamos a saber salir. Sólo me queda pedirle al Señor que el frío de la noche no apague el fuego vivo que nos dejó su paso en la mañana. Un abrazo y besos.

 
 Autor:  MJD - Ocaña