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Encuentro de Convocatoria del MJD: “ENRÉDATE”
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Ocaña, del 5 al 7 de Noviembre 2004
Una vez más el Movimiento Juvenil Dominicano hizo un Encuentro para todos los integrantes de sus grupos en España y para aquellos que quieren entrar a formar parte del MJD.
El encuentro se centró básicamente en instruir a la juventud Dominicana sobre el Carisma de la orden, tanto para aquellos que ya sabían qué era esto del Carisma como para los integrantes de los grupos que no habían oído hablar de esto nunca.
Como ya imaginareis esto no es tarea fácil. Pero desde aquí he de fecilitar al grupo que preparó el Encuentro porque pese a lo complejo que pueda parecer ellos lo hicieron fácil, asequible y en ningún momento pesado.
Fue un Encuentro en el que estuvo presente, como ya he dicho anteriormente, gente de toda España, para tratar también un tema importante que no es otro que el futuro del MJD, ya que parece ser que los grupos que lo formaron en sus inicios están planteándose optar por otro camino.
Y nada mas no sé qué puedo contaros pues para mi fue muy positivo ya que amplie mis conocimientos sobre el tema y conocí a muchísima gente que hace lo mismo que yo, que tiene las mismas inquietudes y sueños y la verdad es que el saber que no estas solo motiva y mucho.
No quiero finalizar este breve apunte de lo que fue Ocaña, sin dar las gracias a toda la gente de allí, que siempre que vamos nos hace sentir como en nuestra propia casa. GRACIAS A TODOS.
| Autor: | Luis (Socarraets) |
Testimonio desde Salamanca: "Contacto con el MJD"
¡Hola enrollados!
Somos las liosas de Mónica y Lucía, aquéllas que venían de un grupo tristemente conocido como “grupo de Salamanca”, pero no os preocupéis, ahora somos mundialmente conocidos como “La Tropa Artística”. Ahora vamos a relatar un informe detallado de lo acontecido en un lugar llamado Ocaña allá a principios de Noviembre.
Todo empezó a finales de Octubre, dice Mónica, (esto es una entrevista en directo, no se lo pierdan!!) cuando nos hablaron de una reunión de un MJD, pero ¿qué es eso del MJD que suena a JB? Fue entonces cuando nos hablaron ligeramente del mismo y me llamo la atención e inmediatamente lo supe, no se bien porqué, pero debía conocerlo por mí misma, sentía cierta necesidad y porque no, curiosidad. Más tarde se decidió Lucía y como alguien tenía que hacer de manager también fue Miguel y claro, necesitaba un secretario y nos acompañó Ángel.
Cuando nos ofrecieron ir a un encuentro del MJD, dice Lucía, tan solo conocía el significado de las siglas, que por otra parte había descubierto hacía relativamente poco tiempo. Sentí un profundo agradecimiento puesto que nos estaban ofreciendo a nosotros, a mi grupo, a mí, conocer algo que según lo poco, pero sobretodo, el modo en que se dijo, debía de ser algo muy grande y bonito, y eso, lo querían compartir con nosotros. Pues yo, claro, sentí mucho agradecimiento, como siempre que me ofrecen algo que percibo que es bueno, impagable… y mi segunda reacción fue la de buscar excusas para poder rechazarlo: tengo que estudiar la leche porque luego voy a ir mal de tiempo, me voy a encontrar un montón de gente desconocida que vete tu a saber que gente será, dónde me voy a meter, si es que cuando mi padre dice que…
Pero finalmente acepté, porque no eran mas que viles excusas que ni tan siquiera me servían a mí, ya que ¿porqué rechazar una experiencia única que no se ofrece todos los días? Si resultara una experiencia horrenda, con unas pocas lágrimas, un pequeño enfado con la persona que se atrevió a ofrecerlo y un rápido lavado de memoria, se resolvería. Pero, ¿y si fuera una estupenda experiencia?
Pues claramente acepté y, bueno, supe que no lo podría olvidar jamás desde el momento en que emprendimos el viaje, lo cual se corroboró ya el primer día cuando se tuvo que diseñar un plan de emergencia para rescatar un coche un poco mucho accidentado sin ayuda de grúa alguna. Plan llevado a cabo por 10 pringados, mientras otros 40 hacíamos la importante labor de dar nuestro apoyo moral.
Pero aparte de esto y otras anécdotas hubo algo más y ese más es lo que me esta costando explicar y me lleva a enrollarme puesto que se me traban las palabras cuando hay que explicarlo.
Recuerdo que nos dijeron a Mónica y a mí que teníamos que contar al resto del grupo lo que habíamos vivido esos días, pues ya esta, se les enseña las fotos, dijimos, ya que una imagen vale más que mil palabras. Sin embargo no son suficientes, no son capaces de captar y dar a entender a los demás lo que llegamos a sentir y, como las palabras también nos quedan cortas, me veo en la obligación de decir que se nos ha dado una tarea un tanto difícil de cumplir.
En Ocaña nos encontramos rodeadas de gente muy diversa, gente de distinta procedencia, unos se conocían, otros no, unos eran jóvenes, otros no tan jóvenes (según fuentes oficiales se les cae una “J”), unos iban como nosotras por vez primera, otras ya lo conocían; es decir, había muchas personas diferentes, pero jamás me encontré con tanta unión; vi personas movidas por el mismo espíritu, sujetas por “algo” en común y que les empuja a actuar, a no ser simples admiradores, espectadores de ese “algo” que han descubierto todos, sino que quieren colaborar, participar, vivir de un modo particular que no es tan particular (ya me hago un lío). Vi a unas personas muy grandes, que desbordaban valor, vi a las personas más valientes y preciosas que haya podido imaginar; yo, claro, ante todo esto me iba sintiendo muy pequeña (pero profundamente enana) y, sin embargo, no me dejaban sentirme así. Me arroparon como nunca lo hicieran, me trataron como una igual y me intentaron enseñar ese más al que me refería antes y del que creo pude vislumbrar una sombra o una esquinita, sentir algo que me inundó de felicidad y que dejó una señal por ahí, supongo que en el corazón, para que no se olvidara.
Así que en el viaje de vuelta, en el rato de silencio que mantuvimos todos (antes de comenzar a hablar un buen rato y de pensar “vaya paciencia que tienen para aguantar todas las historias que cuento sin querer”) estuve pensando en todas esas personas con las que habíamos pasado el fin de semana y en lo que les movía; luego, inevitablemente, puesto que iba en el asiento de en medio, contemplé a quienes me rodeaban que sin duda están movidos por lo mismo que estuvo rondando por toda Ocaña, estaba rodeada de personas que me están mostrando una felicidad tan enorme que creo que no me cabe, una forma de vida por la que apostar bellísima y posible; si bien, en esos momentos estaba un poco agobiada ya que si alguien me hubiera preguntado algo en esas circunstancias no me hubiera salido voz alguna y habría pasado como una persona muy maleducada, me moría de ganas de darles las gracias.
Pues yo, Mónica, sentí algo parecido a lo que explica Lucía. De camino a Ocaña pensaba que me toparía con un grupo hecho y cerrado, lo cual me daba un poco de “miedo”, pero al llegar, descubrí que era gente muy abierta y sobretodo “enrollada”. Para mi propio alivio, después me di cuenta de que no solo yo iba con esa sensación. Es verdaderamente complicado explicar lo que fueron esos días en Ocaña, porque no fue ni una simple acampada, ni un viaje turístico, fue algo mucho más grande que un fin de semana “por ahí”. Entre la gente, el lugar, el ambiente, las charlas y dinámicas hicieron saltar muchos sentimientos y planteamientos que tenía en “línea de espera” y ¡¡fue genial!!
¡El lema del encuentro era “enrédate” y antes de que me diera tiempo a reaccionar me encontré con que ya estaba muy enredada. Todos se encargaron de enredarme con sus sonrisas, buen humor… la verdad es que hubo experiencias que de no haber sido aquí no hubieran tenido sentido. Me explico: el buscar a tu pareja en medio de una masa incomprensible de sonidos, gritando: gaaaaallo, fetulenciaaaa, algo así como ¿tienes fuego?, y otras cosas menos comprensibles; el diseñar un disfraz con nulo presupuesto en menos de 10 minutos y encima improvisar un sketch. También hay que decir que en algunos momentos me sentí rodeada de un “salvajismo” que compartía, en especial cuando el despertador de la primera mañana consistía en un tío por el pasillo tocando el “jimbe” a quien, por cierto, extrañamos la segunda mañana.
¡Pero que no cunda el pánico mamá! Toda esta gente me enseñó un montón de cosas: que el MJD no estaba necesariamente en relación con el JB, sino más bien con un estilo de vida iniciado por Domingo de Guzmán. Lo más importante del encuentro fue que “caí en la cuenta” de que compartir el carisma dominicano es también cosa de jóvenes como yo, y es perfectamente compatible con nuestras vidas, tan sólo hay que tomar la iniciativa de enredarse como muchos ya lo han hecho y hasta donde sé nadie se ha arrepentido.
¡Gracias Ocaña por enredarnos!
| Autoras: | Lucía y Mónica (La Tropa Artística – Salamanca) |
“Viaje a un convento de Ocaña
de cuyo nombre no quiero olvidarme”
Parecía que no iba a llegar nunca pero ahí se presentó el ansiado día 5 de Noviembre. Desde el Olivar cogimos nuestros trapillos y nos plantamos en Ocaña para algo así como “el encuentro del MJD” algo que sonaba muy bien pero a priori… ¿qué podíamos decir sobre ello?

Ahora con la perspectiva del tiempo pasado podemos afirmar que no íbamos al encuentro ‘in albis’ ni mucho menos, se podría decir que íbamos con la teoría sobre qué es el MJD estudiada,… pero el vivirlo y con comunidades hermanos de muchos rincones de España era una experiencia diferente para algunos de nosotros.
Pero el caso es que la definición no la teníamos muy clara, pero con el encuentro nos hemos vuelto a casa con unas ideas en las cuales podemos profundizar.
Para otros fue una nueva oportunidad para reencontrarnos con el resto de comunidades y cómo no, el tener la oportunidad de conocer a la gente que llega a éstas a “enredarse” en el carisma, algo que es muy positivo porque de algún modo se ve que todo lo bueno que estamos viviendo no se va a quedar en nosotros sino que estamos dentro de un ciclo que perdura y en el cuál tenemos mucho que hacer para que este proyecto siga adelante.
Algo que también es increíble es poder “alimentarte” de los otros grupos. Sin duda es mágico el tener tanto en común con un grupo que se está desarrollando en otra ciudad y que se encuentra con las mismas dificultades con las que nos podemos encontrar nosotros y ver cómo se puede ir creciendo de la mano por la ayuda y las ideas de unas comunidades para con las otras.
Pero sobre todo lo que más ha llamado la atención es el tener la certeza de que aunque aún no hayamos dado el paso de decir “somos MJD” por todo lo que hemos vivido allí nos sentimos muy vinculados y arraigados en el carisma y todo lo que ello representa.
Desde Madrid solo tenemos agradecimiento a Ocaña por su acogida y al resto de comunidades (Valencia, Salamanca, Vitoria, Pamplona y Ciudad Real) y decir que estamos en proceso de enredarnos definitivamente.
| Autor: | Andrés (El Olivar - Madrid) |