... Que si
no luego dicen que las misiones no son lo que eran.
Hace un par de semanas, sábado noche, funeral.
Mientras el cura -"uséase", yo- dice misa, una "vispa" me ronda...
Se pasan apuros, se intenta espantar de todas las formas posibles, pero sigue aterrizando en mi cara, manos, etc...
Uno intentando no perder la concentración y seguir leyendo tos los caracteres como Dios manda, y la vispa, venga rondar y rondar. Momento central de la eucaristia, "Y dijo Jesús, tomad todos y comed, que esto es mi cuerpo…", y la vispa en mi mano.
Osea, con una mano levantando el pan, y con la otra dándole "pan duro" a la vispa...
Media congregación muerta de risa, y la otra media, llorando por el difunto.
Cuando levanto la copa, alcanzo una victoria pírrica, pues consigo aparcar a la vispa bajo el cáliz. Ahí no da guerra. Poco dura la alegría, pues en el "por Cristo, con él y en él", al levantar el cáliz, recuerdo a la infeliz, que tras ese descanso vuelve a la carga.
Al rezar el Padrenuestro, dicto sentencia de muerte a la vispa y la ejecuto. Debió ser en el "así como nosotros perdonamos a nuestros enemigos"... (Jesús no dijo nada de no matar vispas...)
Con ello, creo que ya la misa puede seguir sin más mundanas distracciones, y enterrar al muerto sin más follones...
Tras la comunión, y puesto que el cáliz del tanatorio, tenía más mierda que´l palo ´un gallinero, yo me propuse dejar en ridículo al mayordomo ese del "Tenn con bio-alcohol". Le iba a hacer la prueba del algodón. Lo iba a dejar como los chorros del oro.
Así, que, una vez bebido el agua del cáliz (poca, porque no me gusta beber el agua ´los cacharros), me dispongo a hacer la limpieza en seco de mi vida.
Agarro el cáliz con dos manos, giro el paño…, y el misterio de la Trinidad se reencarnó. Un solo cáliz verdadero y tres piezas.
En la teología
ortodoxa, el Hijo y el Espíritu son los brazos de Dios. Pues aplicando esa teología
al contexto asiático, el Padre salió volando, mientras que el Hijo y el Espíritu
quedaron uno en mi mano derecha y otro en mi mano izquierda.
Y no veas tú el ruido que mete el Padre cuando se estrella contra el suelo. Casi que me despierta el muerto.
¿Que se hace en estos casos?
Ante todo no perder la compostura y morderse la lengua para no reírse.
Básico es no mirar a los cristianos que se están meando de risa en el primer banco, por aquello de que la risa es contagiosa.
¡¡Qué vergüenza!!!
Si pasa en una misa normal pase, pero en un funeral...
Moraleja: cuando friegues los cacharros, no lo hagas en seco, ni apliques demasiada fuerza. "Mierda que no mata, engorda".
| Autor: | Javier Suárez (Macao) |