HOMILIA DIA DE SANTO DOMINGO
Fr. Juan J. de León Lastra
Encuentro Internacional del Movimiento Juvenil Dominicano
La Virgen del Camino, 8 de Agosto de 1996

No es la primera vez que presido la celebración de Santo Domingo en este Santuario de la Virgen del Camino. Este año la celebración tiene una peculiaridad, estáis presentes centenares de jóvenes de todo el mundo que os sentís, al menos, interpelados por el carisma de Santo Domingo de Guzmán. Es ese carisma lo que os ha convocado en estas jornadas de reflexión, estudio y vida comunitaria.

Si ya es motivo de fiesta que se encuentren jóvenes de todos los continentes, lo es más cuando el motivo del encuentro es beber en el pozo del carisma dominicano, y la fiesta llega a su cumbre cuando celebráis el día de quien entregó ese carisma a la Iglesia. Supongo que hoy trabajaréis menos y celebraréis más.

Los habitantes de Caleruega dicen - los más viejos- que no recuerdan un año sin cosecha en su pueblo. Eso, precisan, se lo deben a su paisano Domingo de Guzmán. Esa protección sobre Caleruega se extenderá sin duda a la Virgen del Camino, y a este encuentro, de modo que va a ser sobrada la cosecha que recogeréis en estos días de encuentro.

Permitidme que en el día de hoy me haga eco de todo lo que dice el lugar en el que estamos celebrando la fiesta, la Virgen del Camino.

María del Camino, hace referencia, como bien sabéis a las peregrinaciones de la edad media, el tiempo de Domingo de Guzmánn a Santiago de Compostela. Los peregrinos llegaban aquí de todas las partes de Europa, por procedimientos más duros que los que habéis empleado vosotros. Aquí recuperaban fuerza física y psíquica para continuar su peregrinación. Las recibían de la María dolorosa, pero fuerte, que recoge en su regazo al hijo muerto.

Domingo fue también un gran peregrino, muchos caminos recorrió, con el polvo de muchas tierras se manchó, con muy diversas gentes se encontró. Una vez que sale del cabildo de Osma, su vida fue peregrinar, para asuntos políticos, en un principio, para proclamar la fe luego para conseguir la fundación y consolidación de la orden y para hacerse presente entre los hermanos y hermanas. Su vida fue andar (el P. Félix Martínez del Cura, nacido en Caleruega, que superó una edad a la que llegó nuestro Padre, demostraba en este verano, andando el camino, cómo en un día un andarín como Sto. Domingo podía cubrir la distancia entre Caleruega y Osma, concluyendo que en Osma nuestro padre no se pudo olvidar de Caleruega y la visitaría con frecuencia).

Vuestra edad joven es una invitación a peregrinar, a no instalarse en los ámbitos, seguros y cómodos, del bienestar, y avanzar por los caminos del bien ser (¿se puede diferenciar esto en inglés?). Constituís un movimiento, y ya sabéis el dicho, creo internacional, " el movimiento se demuestra andando".

Predicar es peregrinar, salir de nuestras seguridades, - incluso dignas, como las del cabildo de Osma- y hacerse presente en lugares distintos, para encontrarse, como hermano, con otros hermanos, compartiendo nuestro tesoro interior, nuestra fe, nuestros deseos profundos, y generando así comunidad.

Si os habéis encontrado aquí en la Virgen del Camino es para vivir un Tabor que tiene continuidad allí donde se desarrolla vuestra vida. Domingo vivió muy dignamente el Tabor de Osma, pero desmontó la tienda bajo la que vivía, dejó el espacio catedralicio y se lanzó a la predicación, donde ésta era mas necesaria, fuera de catedrales y cabildos, en contacto con el pueblo, sufriente del integrismo cátaro y de la ignorancia religiosa.

Quiso institucionalizar esa predicación, y se rodeó de hermanas y hermanos, monjas, frailes y laicos, jóvenes como vosotros y que le ayudaran y continuaran su labor. Siempre predicar, anunciar con la vida y la palabra la liberación, la salvación. Desde la solidaridad afectiva, la compasión o sintonía con el pobre y marginado, en real y profundo encuentro con la gente. No desde la distancia de la ciencia vacua, el poder o la riqueza, sino desde la proximidad de quien ha contemplado -orado y estudiado- la Palabra de Dios, que tiene su lugar entre los hombres, ("Habitó entre nosotros"), de quien es pobre entre los pobres ("Los pobres son evangelizados" es un signo del Reino), y de quien sabe de fraternidad y de comunicación sencilla y cordial en la vida de comunidad.

Domingo supo entusiasmar con su programa de vida y de misión, a muchos jóvenes que se unieron a su proyecto, en la vida religiosa, puede y debe realizarse por laicos. Es cuestión de generosidad y entusiasmo.

Y una vez que se es captado por carisma, es cuestión de beber en el propio pozo; pero a la vez saber pasar de una historia gloriosa, que nos exige, a una historia que construir. Más allá de cualquier intelectualismo abstracto o narcisismo histórico estéril, -que sería un modo del catarismo que combatió Domingo- ; en diálogo abierto y valiente con todos.

María estuvo siempre en la vida de Santo Domingo, como nos recogen crónicas y leyendas de su tiempo. María, la madre de los predicadores; María ella misma predicadora itinerante, peregrina a Ain Karen a visitar a Isabel, portando a Cristo -objeto de toda predicación- para que santificara el fruto de las entrañas de su pariente. María, que, como dice la crónica de Rodrigo de Cerrato en la "Vida de Santo Domingo", fue el único apoyo que el Señor dejó a sus discípulos, sería también el apoyo que habían detener sus frailes, por lo que Santo Domingo le encomendó el cuidado especial de su Orden.

Ella en este Santuario, el día de quien entregó al mundo la devoción mariana más extendida, la del rosario, bendice vuestros trabajos y se une a vuestra fiesta, que es también suya.


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